Cuentos de la Dictadura en Chile 1973
DEDICO EN ESTAS FIESTAS PATRIAS LOS CUENTOS DE LA DICTADURA
DE CHILE 1973 A MI HONORABLE ESPOSO (Q.E.P.D.) EX DIPUTADO DE ESTA REPÚBLICA
MANUEL VALDES SOLAR 1919-2007
EN ESTA FIESTAS PATRIAS 2017
SIETE CUENTOS
Y UN RELATO
DERECHO
DE AUTOR
147003
NOTA PRELIMINAR
Siete
cuentos y un relato, efectivamente son
siete cuentos todos diferentes uno del otro pero relacionados entre sí,
cuyo broche final es el relato, algo así
como un rompe cabeza, en que no se dice el fondo del contexto pero si se
da a entender, como ocurre en el primer
cuento EL TERCER NOMBRE, cuando la
abuela busca algo en la pieza de su nieto, y se encuentra con cajas de fierro,
tan frías como la muerte, dando a
entender claramente lo que realmente había en las cajas, como al mismo tiempo dejando al descubierto
actividad del nieto.
Los personajes todos se relacionan de una u otra
forma, a través de la lectura el autor se sitúa en la época
en que nuestro País pasa por una
gran recesión, como es también la
represión militar, con el toque de queda y enfrentamiento con grupos armados en
la cordillera. De paso se menciona el terremoto del treinta y nueve y la
reforma agraria, efectuada por el
Presidente de la República Don Eduardo Frey.
La angustia
de unos niños que lloran al tener que abandonar su Patria dejando a sus
seres queridos y mascotas
regalonas, la desesperación de una madre
tratando de salir adelante con todo su
esfuerzo.
La
abuela una anciana que se esmeró y
dedicó su vida al único familiar que le dejó
el terremoto del treinta y nueve, Ismael
Contreras que recibió todo lo que su abuela le pudo dar, pero eso no fue suficiente, su hija Carmen, joven
con talento llena de sueños y que en su propio País, no la supieron valorizar sino en el extranjero,
Marcia, Eduardo, y Carolina tres niños
hijos de Ismael que vivían como todos
los niños protegidos y amados por su madre,
Virginia una gran mujer, abrumada por las circunstancias pero que
luchó hasta el final.
La Maestra de Mahuida, es también parte del sistema que vivimos los Chilenos durante
la Dictadura, basada en la realidad, todos fueron hechos
que sucedieron.
La
estructura literaria en estos trabajos son diferentes a lo que generalmente nos
entregan la mayoría de los escritores, no es una narrativa lineal, común y
corriente el lector debe concentrarse para entenderla.
EL TERCER
NOMBRE
La anciana
tomó el vaso del velador
chorreando de agua la blanca colcha.
Angustiada absorbió el líquido, devolviendo el vaso dificultosamente
a su lugar.
Si hoy me
dieran de alta.... Pensó apesadumbrada.
¿Y
se podrá ir sola? Le preguntó el médico.
-¡Sí,
seguro que sí! Exclamó la mujer,
estoy acostumbrada a viajar sola, regresaré a mi pueblo donde me espera Ismael
mi nieto.
¿Tiene
un nieto?
-Sí
tengo un nieto y Es mi único familiar.
________
La
anciana traspasó la entrada del Hospital
a tentones con su bastón. Un hombre de
blanco la ayudó a descender los últimos
escalones, caminando lentamente, se
perdió en las calles adyacentes.
No
había transcurrido mucho tiempo desde que se alejara del
hospital, cuando una voz infantil le
dijo:
-¿La
ayudo señora?
¡Bueno!
Respondió la mujer, sintiendo un aire fresco como si viniera de esa voz, al igual que hilillos de metal al viento,
le pareció muy familiar.
Atravesaron
de una berma a otra, como volando por el
aire. Sus piernas las sintió muy livianas. Llenas de energía.
¿Ya
estamos en la estación? Preguntó extrañada.
-Sí
respondió la niña. -¿Y como te llamas?
-Yo
me llamo Petronila.
-¿Petronila?
Exclamó la anciana, estupefacta,
pero figúrate mi abuela se
llamaba así, le dijo.
Sentía
tener que separarse de la niña con quien, en tan poco tiempo, ya se había
familiarizado. Le pareció que su vida hubiera cambiado desde hacía un momento, permanecieron allí sentadas por un largo
rato, a la espera del tren que las llevaría a su pueblo.
¿De
dónde será? Se decía. No se atrevió a preguntar, seguramente le iba a hablar de
su madre, de su padre, su familia. Se
iría y ella quedaría allí, esperando el
tren, tan sola como antes. Tenía un nieto, y de qué le valía. Casi nunca estaba con ella. Movió
la cabeza, sintió un tumulto y el característico ruido de tren. No pudo decir
nada.
Se
levanto apoyada en el bastón, empezó a
caminar hasta el andén, subió a uno de los coches en compañía de la chica.
Habían pasado algunos minutos, el pito
de partida la inquietó, sintiendo la
humedad de sus ojos. No pudo hablar, su corazón parecía írsele cayendo a pedazos, y cuando el tren ya partía. “Lo que es la vejez” exclamó en sus pensamientos, nos encariñamos con gente que no conocemos.
El carro se movía como un balancín, tirado por
la máquina. La niña seguía a su lado. Se sonrió en silencio y su corazón
pareció integrarse nuevamente a su forma.
_________
-La
anciana preguntó. ¿Qué es esto?
-¡Son
flores del jardín doña Delfina! Respondió la niña.
-Pero
como si ya no hay jardín.
-¿Y
estas dos plantas de camelias? ¿Qué son? Manifestó la pequeña.
-Sí, no me dirás
que una es roja y otra es blanca.
-¡Justamente!
Usted lo ha dicho, eso es lo que hay.
La
anciana se rió, exclamando: ¡Estás loca, chiquilla! Esas camelias ya no
existen, yo misma las corté cuando se
secaron. ¿No me vas a decir que también hay dos naranjos, una pileta,
enredaderas y unas baldosas españolas?
-Sí
ahí están. Le respondió la niña.
No
me hagas enojar, que de eso, ya no queda nada. Hace mucho tiempo que se acabó.
Exclamó con tristeza la anciana, luego
continuó. Teníamos una casa grande, que ocupaba todo el frente de gruesas
murallas de adobe, con un amplio
corredor y unas enormes tinajas.
-¡Pero
si todo está igual! Interrumpió la
muchacha.
-¡Que
porfiada eres! Respondió iracunda, continuando su relato. Fue el año treinta y nueve, para ser más exacta.
Cuando las enormes paredes se abrieron y
el tejado se vino abajo. Tomé al niño de
sólo días, alcanzando a salir, mi hija,
aún parturienta, se quedó allí junto a su esposo.
La
anciana movía la cabeza, secando sus ojos con su pañuelo. Y ahora no sé dónde
anda, suspiró profundo, tanto que me costó criarlo, ¡Si era tan chiquito! Ya
hacen veinte días que regresé del hospital y él no está aquí, ¿qué le habrá
pasado? Bueno no extraña siempre se ha ausentado por largo tiempo, pero
ahora sí que estoy preocupada. Vamos hija, llamó a la niña.
Busquemos
en su pieza que encontramos. La nostálgica
abuela tocó una caja de madera, sellada, que pesaba demasiado. -¿Que
será? Se preguntó.
Siguió buscando y sólo encontró cajas, igual de pesadas. Con el martillo abrieron
una, buscó en su interior, sacando la mano súbitamente, palideció de espanto, como si hubiera tocado la muerte.
¡Qué raro! Exclamó. No sabía que mi
nieto coleccionara fieros. ¿Qué vez tú?
Petronila, preguntó.
Cajas,
señora, sólo cajas pesadas y muy cerradas.
Espero
que no seas una mentirosa, ya no creo lo que me dices, ese cuento de la casa
grande que aún estaba ahí es una mentira enorme, si ésta la construí yo
misma, con madera que compré en la barraca del pueblo.
-Mañana
es primero de noviembre, hay que ir a
ver a los muertos, lo haremos muy temprano, dijo optimista, aún queda una mata de jazmín para llevarla.
Con alegría
pensó en el día siguiente. Iría a ver a sus familiares que yacían en sus
tumbas y que. Antaño habían corrido y respirado
ese mismo aire que a veces a ella le pareció
agrio. Solo el recuerdo la abrigó de alegría.
_________
-Léeme las tumbas, le dijo a
Petronila. Ella empezó a deletrear,
María y Ricardo.
¡Sí!
Esa es mi hija y su esposo, Ricardo Contreras, exclamó la anciana
precipitándose con las flores. Es la tumba más nueva, aunque ya pasa de los
cuarenta años. Sigue niña, sigue, léeme
las otras tumbas. Entonces
nuevamente la niña leyó. Eulalia.
-¡Esa
es mi madre! Balbuceó con tristeza la
abuela, quedándose pensativa largo rato, ¡mi madre! Volvió a decir, levantó la
cabeza. Sigue niña, sigue exclamó en un suspiro. Ya tenemos dos con flores, falta la tercera búscamela.
Y
mientras la chica leía el tercer nombre, la anciana sintió un zumbido en sus
oídos y una voz muy lejana, perdiéndose en el tiempo que decía “P E T R O N I L
A” “P E T R O N I L A”
_________
Su nieto
Ismael le pasó la mano, como si
flotara en tinieblas que, poco a poco se iban esparciendo y aclarando más un rostro ya olvidado.
¿Adonde
me llevas? Preguntaba la anciana,
extrañada, mientras su liviano cuerpo ascendía lentamente.
¡Vamos
abuela! ¡Vamos! Insistió el nieto, tomándola de una mano.
_________
El panteonero se acercó a la anciana.
¡Pobre
mujer! Exclamó. Estaba tan loca que vivía hablando sola.
Un
grupo de personas corrió a mirar, el despojo piltrafiento, de una vida que
había dejado la vida.
La
ciega, la loca acaba de morir.
Se
escuchaban voces por entre las tumbas, en tanto la gente seguía corriendo en
dirección al cuerpo inerte de la anciana. ¡La
ciega, la loca, acaba de morir!
Fin
EL
NIETO (1980)
Sentada sobre
un tronco en el patio, hilaba con el huso la lana de la última esquila, mientras su nieto correteaba alguna ave de
corral.
La
agilidad de sus manos era asombrosa,
llevándose los dedos a la boca desdentada y al mismo tiempo, al instrumento,
haciéndolo bailar en el aire, golpeteándolo en la endurecida tierra.
Sus
rasgos autóctonos nos hacían creer en la teoría Darwiniana, dudando si siempre permaneció allí en el patio o si, en una noche misteriosa,
bajó del mismo árbol que la cobijaba con su sombra.
Desde
el arbusto de campanitas, la lagartija verde grisáceo aferrada al tallo, contemplaba, a la anciana en su tarea
incansable. Mente, espíritu y energía
dedicados a su labor, el reptil
miraba el firmamento como si con ello tratara de obtener una respuesta a las
escrituras bíblicas: “Y Dios creo al
hombre a su imagen varón y varona
los creo” para luego mirar a la anciana como dudando de tan
Sagradas Escrituras, para posar su
mirada en el frondoso árbol, pensando en Darwin, trasladándose por el borde de la cerca hacia
este último, pero no había avanzado mucho arrastrándose silenciosa, cuando la vista felina del nieto la descubrió.
Corrió
junto al reptil cazándolo con una paja enroscada, Dándole vueltas al aire, para luego cortarle la cola con una concha de
molusco, se entretuvo largo rato, apoyado al suelo, observando cada movimiento
del pedazo del vertebrado que había perdido su cuerpo.
Estaba
tan absorto en su diabólica observación,
tendido con los pies hacia la cerca, en
constantes movimientos fue corriendo poco a poco un ladrillo del cual
salió de su morada un alacrán, enfurecido por tal atropello, quién ciegamente clavó el espolón en el
tobillo del travieso niño.
El
grito de dolor rasgó el patio, soltó la
lagartija que aún sostenía amarrada con la paja, dejando también el palpitante
pedazo de cola abandonado.
La
anciana se levantó del tronco
precipitadamente, tirando sus
herramientas a la deriva, para socorrer a su nieto que lloraba
atormentado.
Buscó
yerbas apropiadas para curar al niño de
la fiebre que lo devoraba por más de una semana, debiendo permanecer a su lado día y noche,
controlando su delirio, cuando ya no
tenía ninguna esperanza recurrió a una última hierba, se la dio
casi desvanecido, su frente irradiaba fuego.
La
desesperada mujer lo acuñó en su cama,
dejándolo allí invadido por el sueño. Al venir la tarde, la
angustiada anciana, que ya había perdido
toda esperanza, sintió desde el lecho del niño su voz que decía.
¡Abuela!
¿Estas ahí abuela? Arrastrando sus
pies corrió al lecho del pequeño.
Días
después, débil y pálido. Sentado en un piso, observaba el árbol, el cerco, el
arbusto de campanitas y allí apareció la lagartija, ahora sin cola, pero que
pronto le crecería, mirando al niño, al cielo, al árbol.
Fin
EL PROYECTO
(1981)
Había pasado más de un mes sin ser llamada de la
oficina de empleos.
-Tengo que inventar algo, se dijo, no podré seguir así.
Entró a la cocina, abrió el refrigerador para
cerrarlo nuevamente, fue al living,
sobándose las manos, se agachó a recoger un diario de algunos días que yacía en
la alfombra, el titular resaltaba a simple vista. “Se estudian nuevos
proyectos en transformación de la
ciudad.” Lo tomó para leerlo
detenidamente, como si una luz se hubiera posado en el interior de su
mente. Subió al segundo piso a una pequeña sala de
estudios donde los materiales de arquitectura dormían su sueño eterno. “Arquitectura” carrera que debió abandonar porque sólo
salía un arquitecto cada tres o cuatro
años, si alguno tenía suerte.
Embargada por un gran optimismo, se instaló a trabajar en una mesita de
estudios, después de soplar el polvo y pasar
un paño salpicado de pintura seca. Concentrada
en su labor hasta las cinco de la madrugada,
revisó los planos, sintiéndose satisfecha de sí misma, se fue a la pieza contigua para dormir el resto de la mañana.
Obsesionada
por la idea fija en su proyecto, tomó un
desayuno ligero y siguió trazando líneas.
Esa
mañana era tibia, optimista se dirigió a
la oficina principal de la autoridad.
Sumergida
en alfombras llevando abrazados, sus dibujos y enrollados cartones, con
admiración contempló la exquisita plástica de las paredes, explicó
a la espléndida secretaria que su visita se debía a querer presentar unos proyectos para la transformación de la ciudad de que hablaban los diarios.
Promovida por este gran interés del progreso, había querido colaborar tomándose la libertad de
crear unos planos con nuevas ideas las que con toda seguridad, iban a impactar a los señores encargados de
tal propósito.
-¿Me
da su nombre? Inquirió la secretaria
después de escucharla pacientemente.
-Juana
Contreras respondió ésta con un gesto optimista que transformó su cara.
Voy
a consultar con el jefe, pero estamos esperando una COMISIÓN EXTRANJERA, que se hará cargo de estos proyectos, dijo la
joven secretaria.
Juana
Contreras movió los hombros, tomó asiento en un cómodo sillón de cuero negro, se cruzó de piernas y se
dispuso a contemplar una pintura al
óleo que le recortó a Pacheco
Altamirano, pero no se dio el trabajo de leer la firma.
¡Pase!
Escuchó la voz que salía de la oficina
interior. Con aire distinguido el ingeniero la hizo tomar asiento, luego de
presentarse, expresando su inquietud,
razón por la que estaba allí. Mostró al
profesional los proyectos, iba descifrando un plano tras otro, con tal rapidez que su interlocutor no se
percataba claramente en qué
consistían todos esos papeles
dibujados. Luego de mirarla con cierta
incógnita, ajeno total al canon de sus
escritos. ¿Eso es todo? Preguntó.
-
¡No, sólo es el principio, aún hay más!
Y diligente, sacó el montón de rollos de cartulina que habían sido
envueltas uno más chico de material más
fino. Lo extendió sobre el escritorio
fijando uno de sus extremos con un pesado
cenicero de bronce que formaba el busto de un araucano que podría haber sido
Caupolicán o Colo Colo.
Extendió
con una regla el otro extremo y empezó a explicar entusiasmada. Esta es
toda la estructura de los robots que
formarán parte de uno de los excepcionales Hoteles que le acabo de mostrar.
El
ingeniero se tomó la barbilla, pensativo y moviendo la cabeza balbuceó.
-Sí, Sí
mientras ella seguía mostrando
las perfectas máquinas casi humanas.
-¡Ah! Continuó
diciendo olvidaba lo más importante,
cómo se activan estos robots. Es de una manera muy, pero muy especial.
El respiró profundo, levantó la cabeza, miró la lámpara suspendida del techo,
entrecerró los ojos, luego, observando el enorme conjunto de rayas. Sí. sí respondió.
¿Sabe?
Dijo Juanita Contreras con mucho
énfasis, sacando de sus pupilas una brillantez de rayo, mirando fijamente al Ingeniero,
como levantándose aún sobre sus tacones,
sosteniendo aún el material con una mano, lanzó la bomba. ¡Estos robots! Repitió, apretó los labios interrumpiendo la frase en un leve
silencio, esbozando una sonrisa a continuación. . . ¡Se activan con. . .adivine usted! . .
Este
le seguía mirando con expresión facial como si estuviera urgente de ir al
baño.
¿No
adivina? Continuó diciendo frente a su
interlocutor. . . ¡Por energía visual!
-Sí.
. .sí. . . Respondió nuevamente el Ingeniero, ayudándole a enrollar su último proyecto.
Tomó una tarjeta. Yo creo, le dijo: Que usted debe hablar con esta persona.
Anotó un nombre al reverso y se la
extendió juntamente con el saludo.
________
Al
día siguiente tomó la tarjeta y se dirigió al edificio en busca de la oficina
que le recomendaron tan gentilmente. Nuevamente
el ascensor, una secretaria y una
espera. . . después de haber pasado allí
más de media mañana, la simpática recepcionista le comunicó.
-Debe
volver la próxima semana. Comprendió perfectamente que los señores designados en tan altos
cargos tenían siempre exceso de
compromisos.
La
semana entrante, con más exactitud el día
lunes, a las nueve diez horas, Juana Contreras esperaba en la antesala
con sus proyectos bajo el brazo, esta vez
no tuvo una larga espera, pero su
entrevista no fue nunca antes de las diez.
¡Ah,
sí . . . Mi colega ingeniero ya me habló de usted.
Manifestó martín Gálvez, después del cordial saludo.
¡Qué bueno!
Respondió Juana Contreras, con una amplia sonrisa, y empezó a desenrollar sus carátulas, artísticamente dibujadas, mientras iba
explicando lo maravilloso que era su proyecto.
No se preocupe, dijo el arquitecto jefe. Y cuente con todo nuestro apoyo.
Ella sonrió en forma agradecida, en ese instante
entró la secretaria “El señor
Torres quiere hablar con usted.”
Manifestó, la secretaria, agregando. El citófono está malo, pero ya informé a la planta,
terminó diciendo.
El
arquitecto jefe, Sr. Gálvez un hombre de
aspecto bonachón, grueso bigote y una mirada de buen amigo. Al verlo daba la impresión de estar con un jefe de
hogar. Cuatro hijos, una esposa gordita, experta en la buena cocina y labores de casa, tranquilo sobrio en
su vestir, se veía descansado,
escuchando pacientemente a Juana Contreras.
Eufórica,
abandonó la oficina portando todos sus rollos bajo el brazo. Al atravesar la plaza
respiró profundo, el aire que,
semanas antes le pareció agrio, hoy día
percibió el aromático perfume de los almendros, Pasó al frente para
reemplazar su almuerzo por un cafecito. Un extranjero le hizo lugar mientras
cinco señores más lo esperaban a cierta
distancia. Estos extranjeros andan con guarda espaldas y no son capaces
de ofrecer un cafecito. Se dijo.
Pero estaba tan concentrada en sus proyectos
y la nueva entrevista para el día
siguiente que no se detuvo a pensar en el señor que le cedió el espacio
para tomar su café.
Captó la frase completa dicha en perfecto inglés. “A las doce treinta horas
con el arquitecto Martín Gálvez” les dijo a sus cinco acompañantes que no
tomaron café. Pagó la cuenta, tomó su saxsoline
y se encaminaron los seis hombres por la plaza para perderse entre los
tilos y el ir y venir de los transeúntes.
_____________
El
lugar donde debía ir con la recomendación del arquitecto Gálvez era una construcción de
madera, escasamente pintada y su aspecto
arquitectónico no tenía nada que envidiarle a las media agua construidas
por un maestro chasquilla.
Se
detuvo un instante, contempló la fachada,
ahora más optimista pensó le encargarían hacer un nuevo proyecto para
levantar sobre aquella porción de madera
un soberbio edificio, incluyendo los últimos
adelantos tecnológicos.
Tomó la rectangular tarjeta que le entregara el
día anterior Martín Gálvez. Preguntó
a un hombre de blanco por el médico
Jefe Doctor Gómez. El hombre se perdió en un oscuro pasillo, regresando después de un rato.
-Debe esperar, señorita. Le dijo a Juana Contreras,
están en una conferencia.
Ese día el Licenciado estaba ya en su oficina
preparando las fichas de los pacientes a su cargo, cuando Juana Contreras se presentó.
¡Ah.
. . Sí, mi amigo Martín Gálvez me habló
de usted, le dijo el médico.
Ella
dio un suspiro de alivio y satisfacción, todos sus proyectos y sueños iban muy
bien encaminados.
Nuevamente
mostró todos los planos detenidamente, se
refirió a uno especial, correspondiente
al esquema de los robots. El médico
observaba cada gesto y reacción de la exponente. Como ésta era su obra titánica, se detuvo concienzudamente en tan complicado
trabajo, luego continuó diciendo.
Su
característica especial es que
actúan por energía visual.
-¿Energía
visual ?. . Repitió el profesional, en
tono de pregunta.
-Sí,
respondió ella. Usted los mira y todo su aparato electrónico empieza a
funcionar y como cuentan con una
programación múltiple, pasaran prácticamente desapercibidos en el resto del
personal. Reciben orden directa y son
capaces de captar cualquier mensaje.
-Sí.
. .Ya entiendo, manifestó el médico. En realidad es un caso extraordinario,
pero es mejor que vuelva mañana. Y cuente con todo mi apoyo.
La
felicidad de Juana Contreras era cada vez más grande. El día siguiente sería el
definitivo.
No
pudo conciliar el sueño, su inquietud la atormentó de impaciencia, quería ver pronto realizados sus proyectos.
Ella sería la promotora de los
cambios arquitectónicos de la ciudad.
__________
El hombre de blanco ó sea el portero, la
acompañó por el pasillo hasta la oficina del doctor Gómez, el licenciado estaba
con cinco colegas Juana Contreras
tomó asiento frente al grupo de
profesionales, invitada gentilmente por
el médico jefe. Una vez más expuso
la estructura de su colosal trabajo. A medida que avanzaba, uno de los
docentes exclamó.
¡Es realmente un caso extraordinario!
Luego intercambiaron algunas palabras en términos
científicos, los que ella no percató claramente. Movían la cabeza y se miraban
interesados. Juana Contreras seguía exponiendo su colosal proyecto.
Bien
. . . Bien. . . Dijo el médico jefe
sosteniendo la pipa a la altura de su mentón, levantó
el citófono, marcó un número. ¿Cómo está la quince? Preguntó. . . Sí, muchas gracias, terminó
diciendo y cortó la comunicación.
-Sería
en la quince, dirigiéndose a sus colegas, estos asintieron con un gesto,
confirmando la respuesta de uno de ellos.
-Sí sería la quince. . .
Juana
Contreras se pasó el pañuelo por la
frente para enjugar el sudor, enrolló los planos uno a uno, miró al médico en espera de la respuesta
definitiva. . . Éste la tomó por el
hombro y se encaminó junto a ella al exterior del pasillo. El resto de los
científicos siguieron discutiendo temas
patológicos, que a Juana no interesaron.
-
Mañana te quiero ver aquí hija,
puedes contar con todo mi apoyo. Le manifestó el médico afectuosamente.
A las ocho treinta, pero sin los planos,
concluyó diciendo.
La
joven abandonó el recinto, miró el sol de mediodía, no supo si la atmósfera
era azul, amarilla o roja y si el suelo
que pisaba era tierra o cemento. . . O
estaba en alto o en bajo, Un dolor de estómago se le confundió con un fuerte
apretón al pecho.
Llevó su pulsera de dieciocho quilates a la casa de
empeño para comprar un boleto en el tren
de lujo a la capital.
Sin
olvidar su esmerado trabajo,
cuidadosamente lo llevó junto a
su maleta de viaje.
En
el andén esperaban grupos de
estudiantes, turistas, un matrimonio con
dos guaguas y un grupo de seis extranjeros.
Entregó sus pertenencias al asistente del tren, tomó
asiento en el salón numerado, se apoyó en la ventana con la mirada perdida en la
distancia que, en el suave deslizamiento
se iba quedando más atrás. Por el
reflejo del vidrio vio que el señor del frente iba estático, se sonrió para si misma. Su sueño de los robots aún hacía
huella en su cerebro. Cerró los ojos queriendo olvidar, luego chocó
nuevamente con la estática figura,
Se dio vuelta y le miró, sintió
el fresco contacto de una mirada naciente, se remeció en su propio cuerpo como si su
estructura renaciera en un despertar lógico. Descubrió los cinco acompañantes del señor extranjero,
el mismo que había visto semanas antes en el café. ¡La comisión extranjera! Se
dijo con desgano. Un rollo de los planos cayó
desde el portamaletas, uno de los
extranjeros se precipitó a recogerlo.
¡Planos.
. . ! Exclamó.
Sí,
son planos, respondió ella. ¿Los puedo ver? -Véalos manifestó desganada, cerrando los ojos apoyada en la ventanilla.
Los
seis personajes continuaron el viaje
estudiando detenidamente los dibujos, de Juana que contenían los planos,
¡Son perfectos! Dijo el hombre que había visto
tomando café días antes frente a la plaza, y que tan
gentilmente le había cedido su asiento. ¡Son
perfectos! Con énfasis
repitió una y otra vez ¡son
perfectos!
EN OROMPELLO
(1976)
Salían las dos mujeres del prostíbulo. -.
-Apurémonos
- dijo pepa a media lengua, que faltan
diez minutos para el toque de queda.
La
calle Orompello yacía desolada. Gertrudis interpeló a su
compañera, quien caminaba en la intemperancia.
¿Por
qué te has metido al vicio?
La
mujer, llorosa, con una voz queda y amarga, empezó a relatar su vida a
Gertrudis, mientras caminaban a sus piezas donde arrendaban.
¡Si
tú supieras lo feliz que yo era! Pero,
de pronto murió mi viejo, quedé sola con mi hijo. . .¡Como me quería mi
niño! La mujer, mientras recordaba su pasado,
rompía en ahogados sollozos.
Cuando se graduó continuó diciendo. Yo le entregué el diploma. Fue una ceremonia hermosa, a la
que concurrió mucha gente. Y allí estaba él, mi hijo amado, erguido y distinguido. Sus ojos
verdes, llenos de pureza, todo en él era muy especial para mí, el amor que
le profesaba era tan grande que a veces llegué
a sentir miedo. Ese día cuando le
entregué el pergamino me abrazó muy fuerte, estábamos felices. Aún conservo la foto, pero luego lo enviaron a
provincia, me quedé sola, muy sola, sin mi hijo amado y sin mi viejo, que el destino me había
arrebatado.
Pepa
era un tormento de lágrimas recordando
su pasado, pero siguió relatándole su
vida a Gertrudis.
Pronto conocí
a ese hombre. Prosiguió, con
quien me fui a Valparaiso. ¡Como me juzgó
mi hijo! Nunca más quiso verme, volcando
todo su gran amor en odio, mi nueva vida junto a mi amante me duró muy
poco, él se fue con una jovencita a
quien seguramente quería más que a mí. Por segunda vez quedé sola y abandonada,
qué camino seguir. Ya había
empezado uno que yo misma había construido.
¿Y
por qué ahora estas aquí? Preguntó Gertrudis.
La
mujer interpelada lloraba como si el alma se le desgarrara. Mi hijo está en
esta ciudad y yo siempre lo miro desde lejos. El qué sabe de mí, qué sabe de
cuánto lo amo. Sabrá él que sólo el amor de la madre es el que perdura. Mi amor por él será eterno.
Si
tú lo vieras, cuando anda trabajando, su cara angelical, siempre pensativo. Tiene una mirada vaga y una sonrisa triste.
Yo lo sigo a cierta distancia y qué
feliz soy viéndolo, él ya ni me conoce, yo no me arriesgo, sólo lo miro desde lejos, como sufro sin poder abrazarlo, sin sentir esa voz tierna que siempre tuvo, sin
poder darle una caricia, aunque ya
sea un hombre.
Pero,
¿qué hace? Preguntó Gertrudis.
¡Ah!
. . Dijo Pepa, si tú supieras,
ocupa uno de los mejores puestos de este
momento.¡Como se ve de distinguido e importante cuando anda cumpliendo con su
trabajo.
Las mujeres no se dieron cuenta de la hora, Gertrudis aterrada exclamó.
¡Chucha.!
. . ¡El furgón!
¡Noooo.
. .! Gritó Pepa, quedándose como petrificada en la vereda. ¡Toma
mis papeles. . .! Dijo a Gertrudis.
El
oficial bajó del vehículo para
interrogarlas por transitar después de
las cero horas. En ese momento Pepa emprendió la fuga.
¡Alto
o disparo! Se oyó la voz, fuerte y
firme, del teniente. ¡Alto o disparo!
Pepa
seguía corriendo. Gertrudis tapándose el rostro, llorando, gritaba: Pepaaaa,
Pepaaa, ¡vuelve Pepaaa. . .!
¡Alto
o disparo!
Un
estampido, un grito de dolor y el pesado golpe de la caída de un cuerpo.
¡Llame
a la ambulancia! -Ordenó el teniente al sargento. Y tú. Dijo a la
prostituta. -Sube al furgón.
En
forma humilde y llorosa, la mujer entregó los papeles de Pepa al policía, él los tomó, caminando hasta el cadáver, leyó
el nombre: “María de las mercedes
Gómez viuda de Suárez” quedose frente a la difunta paralizado, fija su
mirada en el cuerpo inerte, sin vida, leyó
una y otra vez los papeles. “María de las Mercedes Gómez viuda de Suárez” Levantó su pistola a la altura de la sien.
El
sargento, consternado gritó. ¡Teniente
Suárez . . . ¿qué pasa? Mi teniente. Gritó
más fuerte aún, corriendo hacia él. ¡Teniente Suárez! Quedando este
último grito del sargento, perdido en el estampido.
EL NEGRO
(1980)
¡Lo
mataron! Me dijo mi madre. Lanzándome la
frase a la cara, despectivamente, con
rabia y dolor que trató de ocultar.
No dije nada, tiré los libros y me fui donde mi
amigo Jorge, que vivía a la vuelta de la
cuadra. No quería ni pensar, ni hablar
del asunto. En cierta forma yo era el culpable de su muerte. Me mordí los labios, manos en bolsillos
pateé una tapa de coca cola que rodó por
la escala, miré en el Kiosko de diarios
los titulares, uno resaltaba en grandes letras, produciéndome tal escalofrío que sentí olor a pólvora.
El
Negro y yo nos hicimos amigos una mañana, cuando me iba al colegio. Estaba
gritando como loco, le sonreí y lo
llamé para compartir mi pan que guardaba
en el bolso.
Así fueron las mañanas siguientes, pero jamás me
pasó por la mente que un día lo matarían.
El
piso donde cayó quedó manchado, con un
olor desagradable. Felizmente yo no vi
nada, sólo la mancha cuando volví del
colegio y la dura frase que me lanzó mi madre a la cara.
¡Cuánto
iba a durar la pesadilla en nuestro hogar por la muerte del Negro! Pero mi
madre me advirtió cuando llegué a casa con el Rucio.
Se van a matar entre ellos, me dijo: Una tarde
se pelearon, pero luego se hicieron amigos. A veces hasta dormían la siesta en el sofá grande de la galería, igual el Negro no dejó jamás sus andanzas.
Mi
hermana Carolina jugaba tardes enteras con el Rucio. Mamá me retó cuando llegué
con él.
No
te basta con el Negro que me traes más problemas, me dijo:
Pero mamá le respondí, que querías que hiciera, lo encontré entumido, y es tan chico, no seas
dura de corazón, mamá.
¡No lo quiero ver aquí! Me respondió, basta uno, comida no falta,
pero yo no te acepto esto. ¡No te das cuenta que me ofendes! ¿Por qué te empeñas en traerlos a casa? ¡Me rebajas!
Mi
madre pensé siempre tan orgullosa. Mi
hermana Carolina lloró toda la tarde el día que se fue el Rucio. Marcia
mi otra hermana, se encargó de llevarlo
a una casa, no sé donde, no quise
preguntarle, pero creo que fueron duras con su resolución.
Sentí deseos de saber más de la muerte del negro.
¿Con cuchillos? Me pregunté,
estremeciéndome, sentí como si
todos mis vasos sanguíneos me hubieran explotado dentro del cuerpo, mejor era
no preguntar.
A la hora
de almuerzo nadie consumió los alimentos, los platos regresaron como
habían llegado a la mesa.
Pese
a la negativa de mi madre un día consternada por el aspecto del rucio, le dio
un baño caliente, lo secó con una
toalla limpia, lo cubrió de talco y lo abrigó junto a la estufa para que no se enfriara, cepilló su pelo rubio
con un cepillo viejo de Carolina.
“Si
se repone, hasta su pelo amarillo será más bonito” - Me contó Carolina que había dicho la
mamá.
Yo me había acostumbrad a que el Negro me
esperara cada vez que llegaba del colegio.
Una
vez no llegó durante una semana. ¿Qué le
hiciste al Negro me preguntó mamá.
Yo
me reía, ya volverá le respondí. Pero ella
se preocupó. ¿Le habrá pasado algo?
Manifestó con nostalgia.
A
los diez días me estaba lustrando los
zapatos con el primer sol de la mañana, sentí
al negro que venía llegando.
Ya
me iba a clases cuando llamaron a la
puerta, un Teniente de Carabineros. No
supe qué decir pero, instintivamente, lo
relacioné con el Negro. Mi mamá
bajaba en bata del dormitorio, se
quedó frente al oficial, mirándolo a los
ojos. El uniformado guardó silencio,
correspondió la mirada. Parecía
recién salido de los pañales.
Bajé
para investigar ¡Que horror!
Frente a nuestra reja había todo
un basural. La mujer del kiosco de diarios dijo: fueron dos mendigos, allá van.
La
gente que pasaba a su trabajo miraba
horrorizada las bolsas de basura esparcidas en la vereda.
Corrí en busca de una escoba, el policía ya se despedía de mamá con una sonrisa.
No
amarraste las bolsas de la basura, Eduardo, me dijo mamá ofuscada.
-Sí,
estoy seguro que las amarré, le respondí.
Nuevamente
el Negro se ausentó por tres días, no porque mamá lo metió
en su cama terminó con sus andanzas.
Cuando
llegó traía una oreja herida, yo lo curé, pero
el aspecto que tenía era
deplorable.
Lo
voy a castrar, oí decir a mamá. ¡Chitas!
No se cuanto abrí los ojos, juntamente con una fuerte contracción de mis
órganos inferiores, aferrándoseme
más a mi continente.
Pero,
la creí capaz de eso y mucho más. Desde
que durmió con ella había cambiado notablemente, pero no le gustó el aspecto que tenía esa mañana.
Sea como sea, yo jamás
pensé que lo matarían. Mamá y mi
hermana lo delataron. Fue un crimen lo que hicieron. Del rucio se deshicieron gentilmente,
pero el Negro corrió la peor suerte.
Como
venía. Me contó después Carolina.
Él no se esperaba que ese día fuera su
fin, entraron casi juntos con el hombre, no tenían derecho a privarlo de su vida. Vivía
libremente iba y venía de un lado
a otro y cuando quería.
De
algún modo me recordaba a mi padre, él
también era así. A veces se ausentaba por largo tiempo, en lo poco que
podía recordar. A mamá no le gustaba tocar el tema de papá.
Bueno su muerte fue rápida. Dijo Carolina. Mamá nunca habló del hecho.
El
hombre sacó de su maletín un líquido lechoso continuó Carolina, luego tomándolo fuerte, con la ayuda de mamá, lo pinchó con un gruesa jeringa.
Se paró como si nada. Dio dos pasos y ¡puf! Se fue al suelo. Allí quedó tendido dejando la mancha que yo viera
después, cuando volví del colegio.
Lo
cubrieron con un plástico negro, lo llevaron al final del sitio.
No es el primer caso dijo el hombre, ha habido
muchos iguales.
Fue ese gato rucio que trajo mi hijo, le comentó mamá, venía enfermo, contagiando
al pobre gato negro con tiña. Eso me
conversó Carolina, mucho después
Fin
EL PASEO
(1982)
Esa
mañana los jóvenes portando sus
mochilas, fueron llegando uno a uno al punto de reunión, donde pasaría el bus
para llevarlos al paseo de fin de año.
Eduardo
se sentó en la tercera fila con
Lola, una rubia esbelta y
sensual. Ella sacó de su bolso un
paquete de dulces que ofreció a Eduardo,
dándose luego vuelta para ofrecerle a Gonzalo y Sergio, que ocupaban el asiento posterior, pero el resto de los viajantes se aglomeraron
para sacar cada uno un dulce, de la
bolsa ya vacía.
Angélica que iba más
atrás llamó a Lola, para
compartir el viaje con ella y conversar de sus conquistas y los exámenes del
último curso. Sergio no perdió el tiempo y se pasó al lado de Eduardo, entablando conversación al instante.
¿Sabes
Eduardo? Empezó diciendo, ayer les pregunté a mis padres cómo era el amor.
Eduardo interesado lo miró optimista,
preguntándole: ¿Y qué te respondieron?
Bueno,
cada uno me dio su propia versión, siguió
diciendo Sergio, primero fui donde papá y le dije así: papá ¿sabes tú
algo del amor? Y él en un tono de sabiduría, con una expresión grave, me respondió “El amor” dijo en un suspiro. Mira hijo, el amor es como el vino, mientras más
lo tomas, más te gusta, te
olvidas de las cosas difíciles, te embriaga, te adormece, te mata, y te hace vivir,
mueres, generalmente, es la mujer que te
sabe atrapar.
-¿Eso
es lo que te dijo tu padre? - sí.
-
Y qué versión te dio tu madre?
-Algo
totalmente diferente. Eduardo sonrió interesado en el tema, dejando pasar el paisaje desapercibido, en
tanto el bus avanzaba a su destino.
Ellos platicaban el tema del amor. Sergio continuó su relato diciendo.
-Cuando
le pregunté a mamá qué era el amor, su
respuesta fue más completa y precisa,
¿Sabes lo que hizo? Fue en busca de un
libro grande, buscó en sus páginas. Aquí
está, manifestó, después de hojearlo unos segundos, empezó a leer (“13;4-8) “El amor es sufrido,
es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se
envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor, no se goza en la injusticia, más se goza de la verdad”. Yo me quedé pensando un tanto confuso, pero
luego ella continuó. ¡Pero es algo maravilloso!
Interrumpió Eduardo.
-Seguramente
pero siguió. Para mí dijo mi madre. “El
amor es como el agua, es lo que limpia,
quita la sed, levanta los corazones, purifica,
lava nuestro espíritu, es lo que
da vida. Lo que nos hace renacer, es
voluntad.”
Estaba tan inspirada en eso del amor que la
interrumpí para decirle. Ya
entiendo las mujeres siempre tan
románticas. Comparando con la opinión de
papá, yo lo prefiero a él, me quedo con
el vino, repitió entusiasmado.
Yo estoy de acuerdo con tu mamá, respondió Eduardo muy serio y pensativo.
El
bus se detuvo y todos se apresuraron en busca de la salida, para disfrutar del paseo de fin de año. Antes de bajar, Sergio le preguntó a Eduardo.
-Dime, sinceramente ¿Te gusta Lola? No, respondió
este nervioso, al mismo tiempo que enrojecía.
Siguieron
al grupo sin dejar de observar de soslayo a Lola y Angélica, que los
adelantaron.
Sergio
continuó hablando de amor, de mujeres,
luego manifestó. -Te veo tan serio, siempre estas preocupado de tus libros, ¿No
te gusta ninguna chica?
-Sí, me gusta una, pero eso lo sé yo solamente.
Debe ser una niña tan seria como tú. ¿No será
Lola? ¿La vez? Parece una mujer así
tremenda, mueve sus caderas al caminar, y los ojos, le brillan cuando mira.
Eduardo se sonrió sin contestar.
-Seguramente
te gusta Angélica, así tierna, más fina,
inocente.
Pero Eduardo seguía en silencio,
-¿Por
qué no me hablas? ¡Dime algo! Cuéntame, qué sé yo cualquier cosa.
Eduardo
lo miró en forma interrogativa, luego movió la cabeza sin decir palabra.
_________
La
comida había sido abundante, acompañada de buen vino y los cigarrillos que iban
y venían. ¿No fumas Eduardo? - Preguntó su compañero.
No,
yo no fumo.
¡Que
tonto, no fumas ni tomas, ¿Por qué?
-Es
muy simple, respondió. Daña mi
organismo, así de simple, repitió,
moviendo los brazos en ademán de desprecio.
Con
el cigarro encendido, el otro joven se rió en forma displicente.
____________
-¿No quieres otro pito Lola? -No, Sergio, no
gracias. Ya no más, me siento muy mal. Respondió Lola.
-Duerme en la sombra de estos arbustos, ya se te
pasará. No hagas caso, pero, no creí que
la hierba te hiciera tal efecto.
-¿No
crees que es hora de despertar Lola?
Vamos, ya se van todos, el bus
partirá luego, pero Lola, ¿Por qué me
miras así? -Tienes los ojos opacos y
fijos, ya ¡levántate, que es hora de irnos! ¡Estás helada! La tarde te ha
dejado fría Lola, vamos, levántate no hagas bromas, te haces pesada, me voy
solo, eres realmente pesada, Lola me voy solo.
__________
¿Y
dónde quedó Lola? -Preguntó Eduardo interesado cuando el bus estaba a punto de
partir.
-Allá
en esos arbustos, indicó Sergio,
interrumpido por el hipo. -Se hizo la pesada. Terminó diciendo, tratando
de subir al bus.
Estaban
todos esperando a Eduardo que regresara con Lola, para emprender el
regreso, cuando, de pronto escucharon un
grito de dolor y espanto.
¡Lola! ¡Mi Lola!..
Y
Eduardo corría como un hombre sin destino, gritando atormentado.
¡Lola! ¡Lolaaa!
Fin
ANDA
Y DILES
(1981 -
1982)
Dió
unos pasos con sus manos fuertemente aferradas a su abdomen. Quebrado en dos se
detuvo exánime para caer abatido sobre la hierba mojada, envuelto en un zumbido intangible.
Sintió unos pasos lejanos que poco a
poco se iban acercando y desde un lugar indefinido se escucharon unos
estampidos.
¡Ismael!
Le pareció oír, nuevamente ¡Ismael! Oyó
una voz junto a él que lo llamaba.
-soy yo tu amigo Lorenzo que he venido a buscarte. Insistió la voz.
El
hombre, débil, abrió los ojos en un esmerado esfuerzo. Sí eres tú
manifestó con voz quebrantada, pero
qué extraño, ¿Por qué has venido?
Un poco repuesto de su desvaído se enderezó sin sacar las manos de su
abdomen.
-Quiero
ayudarte, Ismael le dijo el recién
llegado.
-Gracias
amigo, creía que ya no me quedaba nadie, pero cuéntame ¿Por qué viniste? - Preguntó Ismael.
Lorenzo,
con sumo cuidado le dio de beber de su
cantimplora y sentándose a su lado, le dijo:
Tú sabes que tenía mi negocio y vivía con mi hermana, pero, el
comercio estaba malo, y mi hermana enfermó repentinamente a tal gravedad, que ahora está en el hospital departamento de psiquiatría, sin vuelta.
Pero,
¿por qué? Interrumpió el herido.
-Eso
es lo que yo tampoco pude saber. Respondió
Lorenzo, Estaba de novia con un teniente, siguió diciendo. Y una noche que estaba de servicio, en una redada él se disparó en la sien. Nunca
supimos el por qué. Que fuerza tan
poderosa lo pudo llevar a tan infausta resolución. Mi hermana, que lo amaba tanto, se volvió loca de la
impresión. ¡Ah! Dijo Ismael el amor nos enloquece y el desamor nos
mata, quedándose pensativo.
Los
estampidos se sintieron cada vez más cerca.
¡Vamos!
Dijo Ismael, con la voz entrecortada,
subamos aunque sólo sea la tierra, para luego caer en ella. Pero, yo no
me explico insistió Ismael. ¿Por qué
viniste?
-Sin
mi hermana. Repuso el visitante, y al
escuchar las noticias, yo supuse, que
tú estarías aquí en la cordillera.
Sí,
pero yo soy el único que va quedando.
Taparon
la fogata que momentos antes habían
hecho, para combatir el frío, entre la
nieve, y siguieron ascendiendo, el ruido
de un helicóptero los obligó a detenerse
ocultándose bajo unos matorrales. Apoyado
sobre Lorenzo. Ismael, pálido y
con los labios amoratados, ya no
tenía fuerzas para dar un paso más, miró
sus manos sucias y coloradas como un copihue,
nuevamente se apretó el abdomen.
¡Me
desangro por dentro, amigo! Murmuró. Iré por mi abuela, manifestó. Esa
dulce viejita que me quiso dar todo y de todo no pudo darme nada, la que
se desveló junto a mí, siendo pequeño,
cuando me abrazó la fiebre por la picadura de un escorpión. Iré por ella. . . Se dijo
nuevamente. ¡Lorenzo! Repitió
¡Lorenzo! Lo llamó para pedirle.
Busca a mi hija Carmen, que de todo no
le di nada. Y busca a Virginia, esa gran mujer que me amó siempre, pese al mundo inseguro que le ofrecí, y yo. ¿Qué
hice por ella? ¡Dile, Lorenzo!
Dile a Virginia, a mis hijos, que los amé, y a los otros
también, Ve anda y diles que me
perdonen para que ellos sean perdonados. Ve y diles que quebranten su látigo,
porque el mío se ha quebrantado. Yo
quise salvar la Nación sin
salvarme a mí mismo. Yo quise salvar a
los demás sin salvar a los míos primero. Ve, anda y Construye un reino donde tú seas tu propio Rey. Ve, anda y siembra en ti
mismo, para que así puedas cosechar en los demás, corre el velo
de tus ojos, abre tu corazón, y desecha
las tinieblas para que puedas ver la luz del sol, de la justicia, de la verdad y la esperanza. Corre, corre Lorenzo y ama a los tuyos,
a los amigos y aún más a tus enemigos.
Dale al hambriento, al misericordioso. Y apiádate de los ricos y poderosos, pobres de
corazón. Ve, anda y diles que yo he encontrado la paz bajo un copihue
rojo como mi sangre, que manchó mis manos. Y también las de ellos ve, anda
Lorenzo, ¡Anda y diles!
VIRGINIA Y
SU DESTINO
(1982)
El
pánico inconsciente le produjo un estremecimiento, como si su corazón le hubiera dado un vuelco
dentro de sí misma. Abrió el telegrama
temblorosa, leyendo el texto.”Don
Jenaro falleció” Decía el telegrama, firmado Manuel. Virginia apretó el pedazo de papel entre sus dedos
convirtiéndolo en un bolo sin valor,
depositándolo en el cesto de los papeles.
Su
hermano mayor llegó esa misma noche del extranjero en un vuelo especial para
asistir al velatorio y funeral de su padre.
Manuel,
el inquilino, tomó una de las coronas que doña Virginia con la ayuda de Tomás, bajaba del auto.
-Lamentable
suceso. Manifestó el hombre, caminando junto a los hijos de su patrón que, seguidos por los niños, entraron al salón. Son más de ochenta años. Siguió
diciendo Manuel, guardando el
ajado pañuelo en uno de sus bolsillos.
Marcia,
la hija mayor de Virginia contempló la
patética escena ajena al dolor que afligía a su madre, resaltándole el esmalte de sus uñas con el
negro de su blusa. Eduardo, pensativo
miraba las flores como si las contara en silencio, y la inquieta Carolina iba y venía de un lado a
otro, sin importarle el momento que los
demás estaban viviendo.
Virginia, en silencio, sintió con nostalgia el paso de
su juventud por los caminos del fundo,
como si gran parte de su vida se le fuera dentro de esa caja de madera.
Miró a su hermano Tomás sumido también en su dolor, sin poderle
sonreír como en otros tiempos. Siguió sumida en sus pensamientos vagando en
un pasado que muere día a día a través
del tiempo.
Caminaron
al auto para abandonar el reducto de las ochenta Cuadras, que les había quedado después de la Reforma Agraria.
-Ahora tendremos que vender la propiedad del papá.
Dijo Tomás con el auto ya en marcha.
El
sepelio había sido tan igual como todos los entierros. Los concurrentes caminaron cabizbajos, pensando en lo bueno que había sido el amigo,
vecino o pariente, quedando atrás sólo una mezquina polvareda de esos caminos de tierra que a veces se
cruzan a la distancia.
-Habrá que vender el predio. Repitió nuevamente Tomás, fijando la vista en el
camino sin poder mirar a Virginia- confirmando en voz baja, ella respondió. -Yo
creo lo mismo.
-La
verdad es que no me intereso. Continuó
diciendo El
. Puedes
disponer de todo Virginia, recalcó.
La
mujer, pálida, miró a su hermano
tomándole una mano que llevara junto al
volante, para decirle.
¡Gracias!
Tomás, te agradezco mucho -¿Por
qué no veníamos nunca al campo? Interrumpió Carolina, desde el asiento de
atrás.
-
¿No te ha contado Virginia por qué? Le
preguntó Tomás a la pequeña Carolina
como si la hubiera sacado de un mundo negro para mirar el camino de
curvas y reflejos. ¡Que te cuente! Insistió.
-¿Por
qué? Dijo la chica. La madre sonrió
diciendo. ¡Es una historia muy larga!
-Pero,
cuéntanos insistió Marcia junto con
Eduardo.
Tomás pendiente del volante, repetía sarcástico. ¡Que te cuente! ¡Dile que te cuente!
-Hace ya mucho tiempo y no tiene importancia,
respondió la madre.
Pero,
mamá cuéntanos, insistían los niños. ¿Qué pasó?
Yo
no conocía al abuelo, dijo Carolina.
Yo
tampoco. Manifestaron Eduardo y Marcia.
Fue
por Ismael. Contestó la mujer, contrariada. El papá no quería
que me casara con él. Terminó diciendo.
Los
niños no insistieron en conocer la
historia, contemplaron el paisaje sin volver a hacer preguntas. Tomás, pendiente de las curvas, también calló y Virginia se sumergió en sus pensamientos, removiendo
veinte años atrás, ignorando el constante latir de la carretera.
________
Ella
vio a Ismael por primera vez en el
fundo, tosco y aparentemente insensato, con un atractivo difícil de
expresar, ofreciendo pólizas de seguros,
mostrándole cualquier cantidad e papeles a Don Genaro, su padre.
Le habló del cultivo de la
remolacha, agradar al cliente, aunque no entendía mucho en agricultura.
Virginia se sintió
atraída al instante por ese gran
poder de convicción, observando
sus movimientos, cerrando y abriendo su
portafolios, pendiente de la corbata que
llevaba puesta, un color negro con rayas
rojas, y en el terno de color plomo que
vestía sus gestos y todos su movimientos fueron un atractivo especial para ella.
Recordaba
aún a su padre apoyado en la mesa
firmando una gran cantidad de papeles,
también había sacado de la caja
de fondos cierta cantidad de dinero para
cancelar el nuevo contrato que firmara frente al desconocido vendedor
que. Despidiéndose tan gentilmente, se llevó
una documentación firmada, pasando tanto tiempo sin recibir la
confirmación de tan prestigiosa firma de
Seguros.
Virginia
sonrió bajando la cabeza para ocultar sus recuerdos que le parecieron jocosos, se acomodó en el auto pensando que nunca imaginó en aquel
entonces que aquel día volvería.
Cuando
una mañana se detuvo un vehículo frente a la casa del fundo, uno de los mozos
corrió a abrir las trancas e igual que la primera vez, frenó apagando el motor, descendió ese joven
impecablemente vestido, con Nugget a sus pies, y el infaltable portafolios.
Sonriente
y muy diplomático, saludó a don Genaro
Lara, que lo recibió en el salón principal. El visitante en forma
explícita, dio a conocer a don Genaro
los conflictos que habían tenido la
firma de Seguros con el personal por la notable baja en el ingreso de sus
valores, lo que llevó a la firma a una
disolución. Siendo el portador de la
devolución de su primera cuota antes ya cancelada a la firma por su intermedio, así
como también le hacía devolución
de toda la documentación firmada,
considerándosela automáticamente nula.
Don
Genaro, impresionado por tan noble gesto,
invitó en esa oportunidad a su recién
conocido amigo para que pasara algunos días en el fundo.
______________
El auto se deslizaba por la
carretera, los niños comenzaban el último juego de moda, el hula-hula y Tomás
firme al volante seguía manejando,
en tanto Virginia, aún sumida en sus
recuerdos, le pareció sentir cuando Ismael la tomó por la cintura besándola por primera
vez.
Al saber su padre del matrimonio y prematura
viudez de Ismael, unido a un trabajo poco seguro y estable, tomó como una burla el romance que mantenía con su hija,
no era su deseo dejar a Virginia bajo la tutela de un irresponsable,
pero ella lo amó desde el primer
instante, siguiéndolo al mundo incierto que le ofrecía. No quería zafarse de sus recuerdos,
sentía abrazarlo una vez más en el sueño de su juventud, veía sus ojos y su especial
irresponsabilidad, pero se amaban. Se
amaron siempre.
El
auto seguía rodando por la ruta, mientras
ella había escapado viajando a otros tiempos para encontrarse con su amor en plena juventud. ¡Cuantos días
corrieron por los potreros tomados de la
mano! Perseguidos por un sol radiante,
contemplando un pájaro sobre una rama o la zarza que aprisiona la cerca.
¡Mira!
Le dijo un día Ismael desde el césped donde estaban tendidos, ¡Ves ese
tordo? Allá en la punta del álamo. Yo soy así, como ellos, libre, vivo en un árbol y en muchos más.
Lejos un día cerca el otro. Virginia rió
mirando el tordo que en ese momento emprendió el vuelo.
-Yo
soy como la Zarza - le respondió me aferro a la tierra en donde nazco, y voy
creciendo para cobijar al tordo y ofrecer la mora al peregrino.
¡Oh!
Que romántico manifestó Ismael tomándola de una mano, para dejar el pasto húmedo con ese olor
especial a hierba que crece en los campos, y
seguir corriendo. Sólo le pareció un sueño fugaz, tan fugaz como encontró
el viaje de regreso a su casa, ya
que todo el tiempo no pensó en la
muerte de su padre sino en los días felices
que había pasado en el fundo
junto a Ismael.
__________
El
avión se deslizó por la loza del
aeropuerto, sus motores se apagaron y
desde la puerta bajaron los primeros pasajeros que llegaban al país. Tomás
Lara, con su abrigo al brazo,
esperaba orden de abordarlo, junto a Virginia,
su hermana, y los niños que impacientes lo rodeaban. El alto parlante
anunció el próximo vuelo en el que saldría Tomás. Sus sobrinos se abalanzaron sobre él para darle el beso de
despedida. Virginia lo tomó del brazo
acompañándolo hasta la puerta de acceso a la loza, con un dejo de tristeza besó a su hermano.
No olvides, Virginia le dijo Tomás.
Cualquier cosa, me tienes a tu
disposición, no lo olvides.
¡Gracias,
hermano! Respondió ella volviéndolo a besar, bajando los párpados para ocultar el dolor que le causaba la
despedida.
Acudió
junto a sus hijos y vio alejarse a Tomás,
al encuentro del avión que le llevaría a otras tierras. (otro País)
___________
Sorprendidos probaron la comida preparada ese día,
venían llegando del colegio. ¡Pero mamá!
Exclamaron. ¿Has cocinado tú? -¿Por qué?
Preguntó Marcia.
¿Qué
milagro es este? Manifestó Eduardo,
dando un salto de alegría, aplaudiendo alborozado. ¡La mamá ha cocinado para nosotros! Vociferaban a viva voz,
integrándose Carolina a la eufórica alegría de sus hermanos ¡La mamá ha cocinado!
Continuaron en un melódico coro.
Después de una pausa, respirando acelerados con sus
caras sonrosadas, Marcia preguntó.¿qué le pasó a la María?
Sin
atribuirle importancia corrieron a la
mesa, mientras paladeaban el postre,
Virginia sonreía por la alegría
de sus hijos. De pronto, Eduardo preguntó.
Mamá no nos dijiste qué pasó con
la María.
¿Se
fue? Exclamaron casi al mismo
tiempo los niños interrumpiendo su
jalea. Virginia tomó un tenedor en calidad de disculpa, aparentando un movimiento espontáneo para
continuar diciendo.
¡Es
que ya no hace falta! -Pero, mamá. ¿Y la
tienda? Tú no puedes atender la casa y la tienda.
Sí,
pero trataré de hacerlo.
¿Y
cómo? Si también despediste a los empleados, ¡no
entiendo! Exclamó Eduardo-. Mirando a su madre y a Marcia, su hermana mayor, que
terminaba el postre.
Esa mañana Virginia Lara se dirigió a la oficina
del corredor de propiedades para realizar la venta de las ochenta
hectáreas que le dejara su padre y le
cediera su hermano Tomás, lo suyo,
entregó la documentación al empleado
encargado, pasando luego a la oficina principal, el corredor la saludó cordialmente
ofreciéndole asiento y luego, un cigarro que Virginia no aceptó. En una
bocanada de humo, el hombre dijo: Tengo un comprador, Señora Virginia,
seguramente viene mañana.
El teléfono interrumpió la conversación, después de hacer algunas anotaciones colgó el
aparato, tomó el cigarro del
cenicero, aspiró el humo observando
sigilosamente la documentación que le entregara su secretario.
Parece
que todo está en regla, exclamó
adjuntando los papeles a una carpeta que guardó en uno de los cajones del
escritorio, mirando fijamente a Virginia
en ademán de despedida.
Vuelva
en la semana señora. Le dijo extendiéndole la mano, sonriéndole
autoritariamente.
Virginia
se retiró con la esperanza de poder vender la herencia de su padre que la
salvaría del caos que estaba viviendo,
pasando por la antesala, se despidió del secretario que le había recibido
anteriormente la documentación. Algunas personas esperaban allí pacientemente una entrevista con el corredor
de propiedades.
___________
Tomó
los condimentos más un poco de agua, agregándolos a la sopa que acababa de
preparar, cuando sonó el timbre,
levemente, como si lo hubieran
presionado con miedo. Ofuscada, balbuceó,”Limosna debe ser” secándose las manos
en un mantel tapó la marmicoc
dirigiéndose a la puerta de entrada,
encontrándose con un joven que jamás había visto, lo miró sorprendida, por el aspecto de
abandono que traía. Más bien vio en él
una imagen de vagancia que la sobresaltó, tímida e indecisa preguntó.
¿Qué
desea Usted? -La timidez del visitante
fue aún mayor, titubeando,
con palabras entrecortadas, a su
vez preguntó.
¿Es
usted Virginia Lara de Contreras?
-Sí,
yo soy. Respondió ella extrañada, ¿Por qué?
La
tristeza del hombre no le permitía enfocar el tema que lo traía a esa casa.
Pase usted, manifestó Virginia, confusa
e intrigada.
El
hombre se acomodó en el sofá,
jugueteando nerviosamente con un “yoki”
plomo que sostenía entre sus manos. Ella se sentó frente a frente
observándolo detenidamente.
¡Señora!
Empezó diciendo el visitante. Yo soy Lorenzo Lagos.
Virginia, aún
más extrañada frente a aquel desconocido, lo seguía mirando
sorprendida, sabiendo que jamás lo había
visto, percatándose que tenía algo
importante que decirle, pero que no se atrevía.
Sí,
dígame, insistió Virginia, con el rostro
contrariado por la incertidumbre que le producía el individuo. Dígame ¿qué
desea? Repitió ella.
Bueno,
empezó diciendo Lorenzo. Yo señora...
-Yo
. . . Repitió en voz muy baja en un tono de culpabilidad, fui amigo,
continuó diciendo. De Ismael Contreras.
Virginia
se llevó la mano a la boca para no gritar, abriendo los ojos
sorpresivamente, pero no dijo nada,
sintiendo un fuerte zapateo en su pecho, bajó la vista y luego lo miró fijamente, esperando que el hombre continuara.
Yo estuve con él en la Cordillera. . .
Siguió diciendo lo acompañe hasta el
último momento. . .Me pidió que viniera
donde usted para decirle lo mucho
que él la amó. Y también pedirle perdón.
Virginia
seguía sumida en un profundo silencio.
-También me pidió, dijo el joven. Que fuera a ver a la abuela y a su hija Carmen.
Virginia
suspiró profundo y luego dijo:
La
abuela, según supe, falleció hace algunos días, y Carmen se fue al extranjero.
El
hombre, después de dar su mensaje se fue por una calle
cualquiera dejando a Virginia sola en su dolor,
con una mano en el corazón como si le hubieran arrancado algo de sí
misma, los niños la encontraron en un rincón, abrazada a sus propios
recuerdos, ocultando la pena que llevó
dentro por tanto tiempo y que en ese instante, pese a todo, sentía como un
dolor que se desbordaba por todo su ser,
tratando de escaparse,
arrancándosele desde lo más profundo de sus entrañas. Contuvo las
lágrimas ocultando su pesar
frente a la alegría de sus hijos.
Habían pasado algunos días sin obtener ninguna respuesta de la oficina de venta de
propiedades. Virginia marcó el número del señor Rodríguez, el corredor de
propiedades teniendo al mismo tiempo una idea floreciente.
-Sí,
contestó, soy la señora Virginia. ¿No ha sido posible? Luego continuó diciendo,
creo señor Rodríguez que me gustaría vender el teléfono del departamento, Guardó
silencio, atenta a la respuesta que venía del otro extremo. Ya, el
número usted lo sabe- Hasta luego señor Rodríguez- Fue su última frase, colgando
el aparato, para sentarse en un puff que
adornaba el salón de sillones rojos.
________________
Los
niños regresaban corriendo desde el
colegio ¿Qué te pasa mamá? Le
preguntaron al verla en un rincón como un muñeco sin cuerda. ¿Estás cansada?
¡Te ayudamos! Dejaron sus bolsones para
arreglar la mesa y servir el almuerzo. ¡Lentejas! Exclamó Marcia
con tono de rechazo, mientras servía el primer plato. ¿Y el otro guiso?
- ¿No hay otra cosa? Preguntó Eduardo.
Virginia,
su madre lo miró. ¡No hay nada más! Respondió ésta.
-¿Nada
más? Exclamó el niño. ¡Yo no como eso!
Dijo enfáticamente Carolina haciendo el plato a un lado.
Pero
el reclamo no hizo eco en los demás y Virginia prefirió no darse por
aludida, después de terminar con las
exquisitas lentejas, la madre les dijo que no había tenido tiempo para ir de
compras esa mañana.
-Pero,
¿qué te pasa, mamá? Dijo Eduardo. ¿No
estarás enamorada? Papá hace años que se
fue y jamás hemos sabido de él. ¿Estarán
pensando que ya es tiempo de rehacer tu vida? -Terminó diciendo con una
sonrisa.
La
mujer miró a sus tres hijos, sin olvidar
la misteriosa visita que le había dado la noticia del fin de Ismael. Para sus
hijos él había muerto hacía mucho tiempo, y estimó que no era prudente aludir
el tema, ocultando su pena en el
silencio,
____________
Ese
viernes salió temprano del departamento para ir a la oficina de Propiedades, tenía la esperanza que vendería las ochenta
hectáreas o el teléfono. Optimista, tomó
asiento en la antesala junto a otras personas que también esperaban al señor
Rodríguez, el secretario salió de la oficina principal, percatándose de su presencia, saludándola cordialmente. Cuando le correspondió su turno, después de una larga
espera, todo su optimismo se fue al suelo.
-Seguimos
igual, le manifestó el Corredor después de saludarla. El posible comprador que tenía no se
interesó. Mire le dijo mostrándole una larga lista de
propiedades en oferta, ahora todos quieren vender, pero nadie desea
comprar recalcó el hombre.
Ella bajó la cabeza en ademán de desánimo, luego preguntó. ¿Y el teléfono?
Ah,
sí, el teléfono respondió él. Es posible que en eso hayan más posibilidades,
pero en este momento, ninguna.
Volveré
otro día, manifestó ella, levantándose de la silla, corriéndola hacia un lado
para despedirse, luego salir sin ninguna
esperanza.
___________
Con
nostalgia observó al hombre como pegaba el volante en la cortina metálica, se leía claramente en él “Cerrado por la
Sindicatura de Quiebra” El hombre siguió
allí con sus pegamentos y otros
artefactos que llevaba consigo, lo que carecía de total importancia para
Virginia.
Virginia Lara, con su abrigo en el brazo, aseguró su
cartera, caminando lentamente hasta su
departamento, al entrar sintió que un aire frío y mudo como la misma muerte la
envolvía, no tenía con quien conversar el derrumbe de su tienda, hubiera
querido gritar más, el silencio fue
sabio y se quedó junto a ella.
Abandonada de sí misma, en un rincón, junto al bar vacío, la voz de Eduardo la
sacó de su ausencia. Su hijo respirando
agitadamente, le dijo:
¡Mamá!
¿Qué pasó en la tienda, mamá dime ¿qué pasó? ¿Leíste el rótulo?
Sí,
respondió ella, mirándolo para luego mantenerse callada.
El
niño recién en ese instante, sólo en ese
momento se daba cuenta de lo que venía
sucediendo en su hogar, Marcia
entró junto a Carolina, su impresión no
le permitió hacer preguntas, sólo
suspiró profundo, se miró las uñas que las tenía sin esmalte, caminando en silencio hacia su cuarto.
La
pequeña Carolina corrió a un rincón para
jugar con una de sus pelotas que antes dejara allí mismo. Después de un instante, quizás esperando una reacción más sensata, Marcia
entró a la sala para preguntar.
¿Por
qué, mamá? La gente no pagó, respondió la madre.
¡Pero
tú tenías convenios con las Industrias, tenías todas la industrias, mamá.
Tienen
el mismo rótulo, y despidieron a sus trabajadores, respondió la madre.
______________
Un hombre cargó uno de los cuatro somieres para
colocarlos en la parte lateral del camión que yacía estacionado frente al
edificio del departamento de los Contreras, el hombre repitió la operación
y luego, continuaron sacando el resto de los muebles hasta dejar vacío
el departamento que los había cobijado
por tantos años. Al depositar una de las últimas cajas en el
centro del vehículo de mudanzas,
debieron dejar olvidadas algunas
cosas que no cupieron en el camión,
quedando atrás como si carecieran
de todo el valor que algún día tuvieron
cuando se exhibían en la vitrina de una elegante casa de ventas
Fría
por las noches y tibia por las mañanas, la nueva casa crujía al atardecer como
un quejido involuntario del dolor, vacío entre el vacío de la existencia en que
sólo queda el aire llenando el espacio de los armarios.
Virginia
regresaba de la oficina del señor Rodríguez, el corredor de propiedades con una leve esperanza, aunque el hombre interesado no había vuelto por las ochenta hectáreas,
pero podía haber una segunda persona que se interesara por el predio, pensaba en su desesperado silencio.
¿Y
el teléfono? Había preguntado la
desesperada mujer.
Sí, el teléfono, hay un comprador pero ofrece
sólo la mitad de lo que usted está
cobrando, terminó diciendo el hombre.
No
importa. No importa, debe ser por la nueva planta telefónica que se instala,
fue la respuesta de Virginia, véndalo por el precio que están ofreciendo,
ordenó ella, debo enviar a mis hijos al
extranjero con mi hermano. ¡No importa !
Eso me bastaría aunque sea la mitad del precio que yo cobro.
Es todo lo que la desesperada mujer había dicho en la oficina de corretajes.
_____________
Frente
a la oficina de transportes “Viajes al
Extranjero” Estaba estacionado el bus que llevaría a Marcia, Eduardo y Carolina
a un país lejano, cuando el auxiliar
abrió la puerta del pullman Bus, los pasajeros
que esperaban pacientemente, se
apresuraron a reconocer sus asientos. Virginia que junto a sus hijos esperaba
en uno de los ángulos de la sala, tomó una de las dos maletas para entregársela
al auxiliar, lo mismo hizo Eduardo con la otra recibiendo en cambio los boletos
de identificación. Carolina corrió junto a su madre diciéndole:
¡Mamá,
mamá ! ¡Cuida a mi gatita!- insistiendo
nuevamente Cuídala, mamá, que tanto se
parece al negro, ¡dile mamá, dile que
volveremos! Porque ¿Vamos a volver,
mamá?
Sí
interrumpió Marcia.
¡Claro
que volveremos! Dijo Eduardo abrazándose
a su madre, ¡A NUESTRA PATRIA
VOLVEREMOS MAMÁ. VOLVEREMOS. !
Fin.
Comentarios
Publicar un comentario