Dulce Vida

DULCE     VIDA


NOVELA   CORTA 

ERÓTICA Y ENTRETENIDA

 

LEMA


LOS LIBROS QUE ESCRIBO, SON COMO EL AIRE QUE RESPIRO

Categoría  obras inéditas
Dedico este libro a la Doctora Nadia Barría Sepúlveda.

Inscripción  derecho autor 271360

 

DULCE   VIDA


BUSCANDO  LA  NOTICIA


Los pacientes deambulaban de un lado a otro  en la galería del Centro  de medicina integral de enfermos mentales.                   
Considerando que no era un día  de visitas, yo había logrado entrar, gracias  a mi amigo,  estudiante de medicina que recién estaba haciendo su internado.
           Le pregunté a una auxiliar por Berta Jiménez Sandoval, al mencionarle el nombre  la funcionaria abrió  los ojos tapándose la boca instintivamente mirándome fijo, indicó hacia una sala, luego volvió  al lugar  de donde había  venido. Entré  a la sala que indicó la funcionaria,  sólo había tres enfermas en sus respectivas camas, me acerqué a una de las tres y  leí  la ficha en el espaldar del catre,  no era Berta, fui   donde la otra enferma que estaba a un costado de la pieza que  contaba con un total de diez camas más dos al centro colocadas provisoriamente por exceso de pacientes. Leí  la ficha de la segunda, tampoco era la que yo  buscaba, luego me fui a la tercera, seguro que esta sería Berta, pero tampoco era ella, me quedé  un instante pensativo, la enferma que se encontraba ahí me miró  preguntándome.
           -¿A quién busca?-
           -A Berta  Jiménez Sandoval, le contesté.
           -Ah, respondió, enseguida, dijo: Con una  voz vaga.
           Luego manifestó ¡La que intentó suicidarse! Salió recién para el baño, luego va a volver, espérela aquí  porque esa es su cama. Indicándome la cama del lado, después de unos segundos  la mujer con quién había entablado el dialogo manifestó vagamente.
           “Yo sé que mi hijo no es mi hijo” ¡a mí no me engañan! En un lenguaje no muy claro, seguramente por los medicamentos, luego volvió a repetir.  “Yo  estoy segura que mi hijo no es mi hijo” Al mirarla  estaba con  los ojos cerrados.
           En ese momento entró  Berta a ocupar su cama, venía en una bata de dormir blanca con el pelo enmarañado, me acerqué a ella. -Soy periodista - le dije. Del diario el Conquistador. La mujer  se sobresaltó respondiendo.
           -Yo no tengo nada que decir.
           -Pero señora ¿qué la llevó  a intentar contra su vida? Su esposo actualmente se encuentra desaparecido. ¿Tiene algo que ver Ud., con eso? ¡Por favor! Queremos información. La interrogada bajó la cabeza rompiendo en llanto.
           -Por favor  señor le ruego, déjeme tranquila, no le puedo decir nada, además usted es un periodista y ya he tenido bastante con  la policía.
           -Una  última pregunta, siendo usted. Una de las personas más acaudaladas de la región, ¿porqué está  aquí en un centro de psiquiatría integral y no en una clínica particular? -No recibí respuesta siguió llorando.
           -Ahora no puedo decirle nada manifestó, después de un rato.
           ¿Puedo volver otro día? Le pregunté, me miró suplicante pidiéndome un abogado.
            Estoy  muy sola, la verdad es que estoy demasiado sola, no tengo a nadie, nuestros, dos únicos hijos que teníamos fallecieron en ese accidente aéreo hacen ya tres años. Terminó diciendo doña Berta
  No se preocupe señora yo le traeré un abogado. Me despedí de prisa y salí de allí  casi corriendo, al retirarme la paciente que me había hablado nuevamente me gritó. “Mi hijo  no es mi hijo”
           Una  vez afuera de la galería donde quedaron todas las enfermas que caminaban de un lado a otro tras una consistente puerta con dos cerraduras de llave, la enfermera a cargo de la portería, me preguntó.
           -¿Pudo entrevistar a la Señora Berta?
           -Prácticamente no,  pero me pidió  un abogado.
           -Ah pobre señora. ¡Que vueltas tiene la vida! Aquí uno ve tantas cosas.
           -¿Y que hay con esa paciente que dice que su hijo no es su hijo? Le pregunté a la auxiliar.
           Esa no es la primera vez que una enferma dice que su hijo no es su hijo, hacen  muchos años cuando yo recién ingresé a este servicio de Psiquiatría, una paciente tenía los mismos síntomas de esta enferma, pero  esa pobre mujer un buen día  el hijo vino, se la llevó y nunca más  se supo nada  de ella, y cosa curiosa un compañero de trabajo en ese entonces me contó  que cuando el había ingresado al servicio también había visto un caso igual.
           -O sea  que esos pacientes son como un cometa aparecen muy a lo lejos, pero aparecen.
           Nos reímos con la enfermera retirándome hacia la oficina de mi amigo médico que estaba haciendo el internado en ese establecimiento.
           -¿Alguna novedad? Me preguntó.
           -No, absolutamente nada, le respondí. Quedé pensando sin saber que hacer no había  sacado nada en limpio para una publicación que valiera la pena, me senté frente a mi amigo.
           -A veces  los pacientes se niegan a hablar hasta con el médico, y  esta enferma más pasa llorando.
           -El  caso se ve bastante enredado porque el marido está  desaparecido.
           Ella ya no tiene la casa grande que poseía en la gran avenida del sector Lonco,  ahora estaba  radicada en un departamento de la calle Lientur con muy pocas cosas solo lo justo y necesario.
           -¿Y la empleada?
           -Buena pregunta,  voy a investigar, espero encontrarla, también quería preguntarte  por esa enferma que dice que su hijo no es su hijo.
           -Sí  esa es doña Juana Muñoz  es un caso bien raro yo clínicamente la encuentro bien, solo que dice y alega que su hijo no es su hijo, pero en cuanto a lo demás la encuentro normal.
           -¿Y quién la trajo?  -Carabineros-
           Bueno mi querido Fernando espero verte pronto, la próxima  vez vengo el día de visitas para no tener que molestarte.
           -No te preocupes te ayudaré  en todo lo que pueda.
           Nos despedimos y me encaminé por la calle principal, saliendo de allí pero que cuando entré,  tenía las ideas totalmente confusas, preferí pasar a un salón de té del centro, ausente  a todo lo que pasaba a mí alrededor,  pedí  un café cortado acomodándome en la silla,  la mesera vino enseguida con una mini falda que bien me dieron ganas de tocarle un muslo, y mordérselo,  aún  me sentí  más confuso, ahora me asaltaba un deseo sexual fuera del momento porque en realidad no era el lugar más adecuado para pensar en un acto pasional pero de buena gana le habría  agarrado el poto, en fin el macho es siempre macho me dije, pagué la cuenta dejé una propina considerable,  con una hipócrita sonrisa le dije. ¡Grasas señorita!
           -¿Nada más señor? Manifestó ella.
           -No, gracias, le respondí  pensando para mí. ¡Te haría cariño, linda!
 

 










EL    EMPRESARIO


           La secretaria anunció una visita.
           -De quién se trata le preguntó don Erasmo.
           -Dice que es una ex compañera suya del colegio.
           -¿cómo se llama?-
           -Bilma Bunster.
           -Ah si ya recuerdo, la Bilmita una mujer extraordinaria hermosa muy hermosa.
           La  secretaria lo miró con duda.
           ¿Qué  le pasa señorita Susana, que me mira así?
           -Me parece muy raro Don Erasmo  que ella haya sido compañera suya seguramente es la hija de su compañera porque yo creo que no tiene más  de veinte años.
           -¡En  serio! Entonces debe ser hija de la Bilmita, hazla pasar, que pase inmediatamente.
           -Está esperándolo un señor del Club de Pesca y Caza, viene por un asunto de una lancha.
           -Ya, dígale que me espere y que pase la Bilmita.
           Bilma una mujer despampanante, alta pelo largo y rubio, ojos de color, Don Erasmo la miró estupefacto.
           -Bilma eres igual a tu madre.
           -Cómo que a mi madre, soy yo, Bilma tu compañera ¿no te recuerdas? Soy yo  misma.
           -No puede ser como estás igual que cuando dejé de verte,  y de eso ya hacen más  de treinta años.
           -Sí, pero que tiene, de raro eso yo diría es positivo mantenerse joven.
           -Por favor dame el secreto y cuéntame de ti. ¿Qué haces, donde vives?
           -Bueno empecemos por parte, vine a verte porque  como eres un empresario, y dueño de una cantera, necesito varias camionadas de arena y piedras para construcción.
           ¿Y que estás construyendo?
            -Un Edificio-
           ¡Un edificio! Pero  que bien, te felicito.
           El anciano  se acarició los bigotes totalmente canosos, llamó a la secretaria desde su escritorio,  aún incrédulo de lo que estaba viendo, una mujer que no había  envejecido absolutamente nada, su cara parecía una muñeca de loza, bella bellísima.
           -¿Adonde, quieres que te enviemos el ripio y la arena?
           -No, no quiero que me lo envíes, lo retiraremos nosotros.
           -¿Tienes  camiones?
           -Sí tenemos camiones.
           -Por qué no me explicas eso tenemos  camiones ¿Eres una empresaria?
           -No, no soy empresaria, pero pertenezco a la Colonia Dulce Vida.
           -Ah  si, he oído hablar de esa Colonia Dulce Vida.  Pero  es una Colonia muy cerrada, nadie  sabe mucho de ella,  además el recinto es totalmente cerrado no entra nadie que no sea socio o resida en la Colonia.
           -Sí  tienes razón es una Colonia muy cerrada pero los que vivimos allí somos muy felices.
           -¿cómo me explicas esto de tu juventud? Es realmente extra ordinario yo un anciano de setenta años que los represento muy bien pero tu estás  aún  en los treinta demuestras treinta años o poco más  de veinte y como si fuera poco súper buena moza.
           Bilma se sonrío.
           -¿Quieres saber el secreto? Manifestó ella.
           -Me gustaría. El anciano se sonrió pensativo, La secretaria entró al despacho con unas guías de venta en la mano.
           -Hágale la orden de venta a la señorita Bilma le ordenó a la secretaria  pero sin entrega a domicilio,  la firma va a retirar el pedido.
           -¿Cuál firma? - Dulce vida.-
           -¡Dulce Vida! Respondió la secretaria mirando interesada a la señorita Bilma, sonriendo con malicia,  luego preguntó ¿Por qué cantidad?
           Unas tres toneladas o sea doce metros cúbicos  de arena y doce metros cúbicos de ripio. Eso es sólo para empezar.
           -Esta es la dirección de la cantera donde tienes que retirar el ripio y la arena.
           -Sí, ya  se donde están  ubicadas las canchas de entrega, las retiraremos mañana.
           -Pero  antes de irte me dirás cual es el secreto para detenerse en el tiempo.
           -¿En verdad estás interesado?
           -Sí, y muy interesado podría decirte que no tengo ninguna razón porque vivir. Hacen  tres años perdí a mis únicos dos hijos en un accidente aéreo, yo y mi mujer nos sentimos muy solos vivimos uno para el otro pero estamos viejos si consiguiéramos ese milagro volver a ser jóvenes  podríamos ver la vida desde otro ángulo  y salir, viajar por el mundo irradiando juventud y belleza como tú.
           -Entonces  voy a volver para que conversemos al respecto pero te advierto  que es un tratamiento muy caro.
           -No creo que tan caro como para quedarme en la ruina.
  Don Erasmo se sonríe, como igualmente la secretaria que había  confeccionado las notas de venta a Bilma.
           La señorita Bunster se despidió en medio de sonrisas,  cruzando la puerta con su figura estilizada su pelo como hilos de seda y su piel como una loza de las muñecas más caras.
           Susana Ceballos  la secretaria dijo: -Es muy raro  Don Erasmo  que una mujer de su misma edad se vea tan joven, yo la veo como si solo tuviera veinte años  y tan hermosa.
           -Siempre fue muy hermosa, y no le pregunté si estaba casad.
           -Don  Erasmo no olvide que Ud.  Tiene su esposa, a  la señora Berta no le gustaría lo que está pensando.
           -No mujer, no estoy pensando nada malo, pero creo que un tratamiento para rejuvenecer  me haría  bien, para olvidar la tragedia de mis hijos perdidos me ha dolido tanto esa perdida, más aún lo siento por Berta a  veces pienso que ella nunca se va a recuperar.
           Don Erasmo, ya no se aflija, tiene que aceptar y cambiar,  con la señorita Bilma usted fue otro, no se imagina cuanto cambió  mientras estuvo conversando con ella debe seguir así, superar la pena que en la vida todo pasa. Manifestó la secretaria Susana Ceballos
           -Ahora  haga pasar al representante del Club  de Pesca y Caza, ordenó.
           -Sí Don Erasmo, le digo   enseguida. La secretaria salió del despacho contorneando sus caderas en unos negros tacones para luego ver aparecer al nuevo cliente.
           -Distinguido señor Solís, manifestó don Erasmo levantándose de su asiento,  Extendiéndole la mano al recién llegado. El  visitante correspondió los saludos al anfitrión  luego después de sentarse en un cómodo sillón de cuero negro, manifestó.
           Deseo vender una lancha bimotor.
           -¿Por qué la vende?
           -Me acabo de comprar otra mucho más  potente, por lo tanto me sobra una con una sonrisa guardó silencio.
           -Días  atrás me parece haberlo divisado en el lago con su familia en una lancha roja  ¿es  esa la que vende?
           -Justamente esa es la que vendo, recién me llegó la otra desde el Brasil.
           - Lo  voy a conversar con mi esposa, ¿qué le parece si le doy la respuesta  dentro de una semana? Creo que sería bueno tener una lancha para salir de vez en cuando con Berta.
           El recién llegado se despidió y don Erasmo se quedó en su escritorio  arreglando documentos. Interrumpido por el constante sonar de los teléfonos atendidos por la señorita Susana Ceballos. La secretaria.

RECUERDOS

           Berta tropezó sin darse cuenta en un pliegue de la alfombra del salón principal, Sujétate mujer manifestó Don Erasmo  tomándola de un brazo, te he dicho tanto que tomes una empleada de servicio,  no está bien que tu tengas que hacer las cosas de esta enorme casa, ¿Porqué, no me haces caso?
           -Ya me he acostumbrado a permanecer sola, me gusta sentir el canto de los pocos pájaros que suelen habitar en el jardín, así me siento acompañada de mis hijos que tanto me han herido el alma. Por ese fatal accidente.
¿Crees que a mi no?  Pero ya estamos viejos y tenemos que aceptar  los designios del destino. Además te tengo una gran, pero gran sorpresa, quiero comprar una lancha que me ofrece un socio del club de pesca y caza. Es  esa lancha roja que vimos la semana pasada en el lago. ¿Recuerdas?
           -Sí, tienes razón daba vueltas y vueltas, ¿pero no crees que no estamos tan jóvenes  para andar en lancha?
           -Eso es lo que tu piensas,  la otra noticia que te tengo es que me encontré con Bilma Bunster, ¿La  recuerdas? Esa rubia bonita de la básica en el Colegio Alemán, generalmente andaba en patines por la avenida Pablo Neruda.
           -Ya  recuerdo ¿qué pasa con ella?
           - No me vas a creer mujer, está  como de veinte años un poco más  lo máximo que puede representar son unos treinta años, vive en la “Colonia Dulce Vida”
           ¡En la  Colonia, Dulce Vida!  ¡Que raro! primera vez que escucho de una persona que viva ahí, tantos misterios que se dicen de esa Colonia.
           -Cosas mujer yo estuve hablando con ella fue a comprar material de  construcción y pidió ser atendida por mi mismo pudo ir al salón de venta o hablar con  la secretaria pero pidió saludarme fue una gran sorpresa,
           -Te habrá parecido que está joven, eso no te lo creo, como se te ocurre tal cosa si tiene nuestra edad, es imposible.
           -Quedó de decirme cual es el tratamiento, dijo que era muy costoso, pero de todas formas se que tenemos como cancelarlo y nos someteríamos  los dos al tratamiento, una buena forma para olvidar nuestras penas,  cambiando de físico,  aunque el físico no cambia es el mismo pero treinta años menos, vernos nuevamente como con veinte años cuando recién nos casamos sería hermoso.
           -No me es fácil  poder creerte tanta fantasía,  si tú crees que eso nos haría bien, puedes hacerlo.
           -Primero compraré  la lancha y luego los tramites para el rejuvenecimiento.
           Esa noche don Erasmo  casi no durmió pensando en el lago en la lancha roja con treinta años menos,  dando vueltas y vueltas como un Lolo, su mujer al lado bella hermosa llena de juventud alegre besándola sintiendo el contacto de la carne joven su pelo brilloso un sueño bellísimo, estaba inquieto, no podía  creerlo que iba a lograr un sueño tan especial volver a ser joven junto con su esposa.
Esa semana fueron días de esperanza esperando con gran alegría la visita de Bilma Bunster.
           Susana  llevó los documentos de la compra de la lancha al abogado,  para que este los revisara y todo estuviera en regla.
           -No olvide  que hoy  debe ir a firmar a la Notaría  la compra de la Lancha,  manifestó la secretaria cuando Don Erasmo  ya se retiraba de la oficina al medio día.


SEGUNDO   ENCUENTRO

           -La señorita Bilma,  anunció la secretaria.
           -Hágala pasar le manifestó don Erasmo  eufórico, levantándose de su asiento para salir a su encuentro sobándose las manos, se acercó a ella con una sonrisa,  la abrazó prudentemente.
           -Que  bueno que hayas venido Bilmita, te estaba esperando vale decir estaba deseoso de hablar contigo quiero ser joven como tú  y no sólo  yo sino también mi mujer, Berta, ¿te acuerdas de ella?
           -Sí, Berta, la recuerdo perfectamente, ustedes ya pololeaban cuando estábamos en la básica del Colegio Alemán.
           -Exactamente, tu lo has dicho, nos quisimos desde niños además vivíamos tan cerca uno del otro, pasábamos columpiándonos o jugando a las damas, al dominó y varias veces teníamos que ir a comprar el pan cuando la empleada no podía  hacerlo.
           -¿Cómo está ella?
           -Más o menos, quedó muy resentida con esa maldita desgracia en que perdimos a nuestros hijos, por  eso quiero tener cambios, creo que así lograremos  olvidar en gran  parte toda esta tragedia. Es difícil  tomar esta decisión, volver a ser joven, no me lo imagino, no es fácil pero nosotros estamos decididos a sufrir un poco con tal de conseguir nuestra juventud, es como volver a nacer.
           -Primero tienes que arreglar todos tus bienes,  dejar todo en orden porque después pasas a ser otra persona,  este don Erasmo ya no va a existir.
           -De eso estoy totalmente seguro,  pero créeme  aún no me imagino volviendo a ser joven.
           -Por esa misma razón  la empresa exige un alto valor que lógicamente puedes cancelar, una vez, hecho el tratamiento pero aquí traigo los contratos, de la corporación en la cual tu sólo tienes que firmar en triplicado, y luego te avisamos la fecha y clínica donde serás  intervenido.
           -Estoy tan emocionado, como tú no te lo imaginas,  te firmaré todo.
           -No olvides que debes dejar todo muy  correcto incluso despedir a tu secretaria para que no tengas problemas  porque después serás otro, te pueden tomar por un impostor, la secretaria no te va a reconocer para evitar esos problemas debes dejar antes  todo muy bien arreglado.
           Don Erasmo firmó  una gran cantidad de papeles quedándose contento con la esperanza de volver a ser joven.
           En  esos días una vez que todos los asuntos de oficina los tenía al día,  con la eficiente ayuda de la señorita Susana. Don Erasmo le extendió un cheque por una cantidad superior a lo que le correspondería si la despidiera.
           -¿Por qué esto Don Erasmo? Preguntó la secretaria.
           -Perdóneme Susana, pero me voy de viaje, voy a cambiar de vida, y quiero retribuirle a usted con esa suma de dinero que le servirá para construirse un buen futuro.
           -¿Me está despidiendo Don Erasmo?
           -No te amargues mujer, yo estoy tan feliz porque voy a cambiar de vida y tú estás que lloras, no puede ser en vez de ayudarme, me estás  haciendo sentir muy mal, por esa misma razón te estoy retribuyendo con una buena cantidad de dinero.
           La secretaria manifestó ¿acaso mi despido tiene algo que ver con esos enfermeros que han estado viniendo? Le han sacado fotos, han tomado todas sus medidas, han llevado fotos de su juventud, incluso han gravado su voz.
           Don Erasmo, se sonrío  manifestando. No te preocupes mujer.
           La secretaria  arregló  todas sus pertenencias en una caja, y  juntando una por una las pequeñas figuras que adornaban su escritorio,  las ubicó también en la caja con lápices y papeles, una vez que tenía todo listo miró a su jefe diciéndole
           -Gracias Don Erasmo veré que hago, creo que me iré bien lejos, muy lejos. La mujer  se acercó al despacho del jefe con el pañuelo en una mano y el cheque en la otra.
           -Adiós  Don Erasmo dijo sollozando, no entendía que estaba pasando, en cambio su jefe estaba eufórico, volviendo a su escritorio guardó el cheque en su cartera pasando repetidas veces el pañuelo por sus ojos, se encaminó  hacia la puerta dando una última mirada al que había  sido su segundo hogar por tantos años. Cruzó el umbral y en silencio bajó las escaleras alfombradas perdiéndose en las calles de la ciudad con el ir y venir de la gente que pulula diligente entre vitrinas y portales.

MUERTE  DE  UN  MILLONARIO

           En la oficina del diario me senté frente al computador, para tomarme la cabeza  sin saber que hacer, uno de mis compañeros entró con un diario viejo dejándolo sobre el escritorio, la primera página  se destacaba  por los titulares, funerales de uno de los millonarios más grande de la época, lo hereda su hijo adoptivo Alberto  Muñoz Muñoz, no me había  informado mayormente de este millonario que había  fallecido recientemente, la historia se repite, decía el diario,
           Empecé  a leer, me interesé,  por el artículo sentí  una corazonada, y  descubrí que justamente el heredero era nada menos que el hijo de la paciente del hospital que decía y repetía  constantemente mi hijo no es mi hijo, un millonario que deja una gran parte de su fortuna a un elegido como hijo adoptivo dejando sólo parte del patrimonio a sus herederos legítimos,  llamé a mi compañero Alejandro, para consultarle acerca de ese reportaje, hace aproximadamente  cincuenta años un millonario legó  todos sus bienes a un joven que adoptó como hijo, y éste es el que falleció la semana pasada a dejado como heredero a Alberto Muñóz Muñoz hijo de Juana Muñoz, actualmente inubicable.
           -Pero si yo sé donde se encuentra en este momento. Le manifesté a mi colega Alejandro.
           Volví al Centro de  Medicina Integral departamento de Psiquiatría  a conversar con la auxiliar que me había  dado la información de esos pacientes que decían que su hijo no era su hijo, y luego conversaría  con la paciente Juana Muñoz.
           De  acuerdo con la información que me dio  la enfermera,  esto se había repetido cada cincuenta años más o menos.
           Fui  a las bodegas de los archivos del diario, los datos de la noticia del actual periódico sólo hablaban de dos casos pero antes también había  muerto un millonario y había dejado un heredero adoptivo,  de eso estaba  seguro de acuerdo con lo que me había dicho la funcionaria del hospital, dos días estuve buscando la noticia que necesitaba, cansado,  ya había  decidido darme por vencido, sin  obtener nada, después de revisar todos los diarios que pude,  regresé  a mi departamento, dormí  pensando en el caso de doña Berta  la esposa de un millonario y la humilde mujer que  constantemente repetía mi hijo no es mi hijo.
           Esa mañana me dirigí al Centro de Medicina Integral hablé con el médico amigo que me ayudaba,  permitiéndome entrevistar a doña Juana Muñoz  en su oficina,  ella se sentó frente a mi con los ojos llorosos, me dijo: Mi hijo  no es mi hijo es lo único que repetía  constantemente,  empecé  a interrogarla.
           -Cuénteme Señora Juanita  ¿Por qué  Ud. Dice que su hijo no es su hijo?, debe  tener una razón muy especial para decir esto, cuénteme desde el principio, ¿dónde  vivía usted?
           -Yo vivía con mi hijo y cuando el terminó su educación secundaria,  no pudo seguir estudiando porque yo no pude pagarle estudios superiores, entonces entró  a trabajar como júnior a la empresa Dulce Vida. Su jefe  era Don Martín Martínez Albornoz,  a las seis de la tarde terminaba su turno y desde esa hora se iba a un instituto donde terminó su carrera de contador auditor,
           El jefe don Martín se encariñó  con el y lo llevaba a su departamento compartiendo con el por largo tiempo,  después le designó un alto cargo en la Empresa hasta que lo nombró Gerente General, pero eso no le afectó  a mi hijo, como ganaba un buen sueldo me compró un departamento cómodo y me tenía de todo, a veces no llegaba porque se quedaba trabajando con Don Martín,  cuando eso ocurría de cualquier forma me llamaba o iba corriendo  a verme para saber como me encontraba, siempre venía con un engañito, no le faltaba un regalo aunque fuera algo pequeño, su  mirada era dulce, atento,  respetuoso,  pero cuando falleció Don Martín  antes había  estado una  semana  sin ir a verme,  también me había  dicho que si el jefe llegara a morir  el seria  su heredero,  a mí me extrañó  que dejaran a mi hijo de heredero si Don Martín tenía hijos y nietos, incluso una esposa,  de quién estaba separado, pero igual era su esposa.
           -¿Por qué usted dice que su hijo no es su hijo?
           -Porque estuvo un mes sin ir a verme, en esos días no me llamó, tampoco estuvo en la empresa, yo traté  de localizarlo nadie sabía nada, luego me informé por el diario que Don Martín,  había muerto, al mes después  de la muerte de Don Martín, llegó a mi departamento en el auto de Don Martín. Su mirada  era una mirada ausente,  para mi fue como estar frente a un hombre extraño.
           La mujer guardó  silencio, su emoción no le permitía seguir  hablando, con el pañuelo en la cara sollozaba y sollozaba. Le pedí  a una enfermera que le trajera un vaso de agua, ésta volvió al instante con un calmante y el agua, para la paciente.
           Está  muy agitada. Dijo la enfermera.
           No. Respondió ella, no se preocupe, estoy bien, balbuceo, negándose a tomar el calmante, miró a la enfermera y con una sonrisa de tristeza manifestó.
           ¡Estoy bien señorita gracias!
           Ésta insistió. Tómese  este calmante exclamó. Doña Juana tomó  la pastilla en sus manos temblorosas,  llevándosela a la boca,  con un sorbo de agua del vaso que recién le habían traído, luego continúo contándome.
           -Cuando estaba frente a mí en mi departamento yo lo miré asustada y le dije: ¡Que te hicieron! Tú no eres mi hijo y salí arrancando desesperada, gritando por la calle. ¡No es mi hijo! ¡No es mi hijo! No recuerdo  nada más  hasta que  desperté aquí, imagínese, si hasta su voz no era la misma tenía  una voz así como la de un anciano, parecida a la de él  pero diferente.
           -¿Y no ha venido su hijo a verla?
           -No, no ha venido y no deseo que sepa que estoy aquí, no señor. Me dijo llorando, que no sepa que estoy aquí repitió desesperada.
           La enfermera  se llevó a la paciente a la sala, yo me quedé allí, sin saber que pensar, me tomé la cabeza con las dos manos, estaba confuso, saqué un cigarro, llegó mi amigo Fernando el médico que estaba haciendo el internado,  cansado después de terminar su turno, le pregunté. ¿Cómo llegó doña Juana Muñoz  aquí?
           - La trajeron los carabineros,  la encontraron corriendo por las calles como loca sin documentos y gritando desesperada, por eso no hemos localizado a su familia y lo único  que dice es “Mi hijo no es mi hijo” Terminó diciendo mi amigo Fernando el médico.
           Cansado  regresé  a los archivos del diario. En un rincón había  un paquete de periódicos viejos,  amarillentos y muy deteriorados, los desenvolví y empecé a revisarlos uno por uno,  efectivamente allí  estaba la noticia donde un millonario nombraba como su heredero a un joven Martín  Martínez  Albornoz, decía  ser hijo de una madre viuda, anoté  el nombre  para investigarlo al día siguiente en el Centro de Medicina Integral,  de acuerdo con lo que me había  dicho la auxiliar.
           En la oficina de archivos encontré  los datos de la madre de Martín Martínez Albornoz. Rosa María  Albornoz de Martines viuda desde hacía diez años, un solo hijo con estudios de humanidades completos, había  empezado a trabajar en la Empresa Dulce Vida terminando como heredero de uno de los millonarios más grandes,  el nombre de este millonario era Ramón Moreno Mardones hijo de Rosa Eulalia Mardones. Aquí lo tengo me dije,  Entonces le pedí a la auxiliar  la ficha medica de Rosa Eulalia Mardones y Rosa maría Albornoz de Martínez.
           -Esas  son muy antiguas me respondió la funcionaria.
           -Por favor tenga paciencia, le ruego me las busque, entre una paciente y la otra habían  pasado cincuenta años aproximadamente por lo tanto las fichas de Doña Rosa Eulalia  Mardones  correspondían a cien años atrás. La enfermera me pidió  que volviera al día siguiente, para tratar de localizar la información, cuando tuviera tiempo más libre, o después  de terminado su turno.
            Estaba descubriendo un misterio que hasta ese momento no sabía de lo que se trataba, con todo este nuevo caso que estaba descubriendo me había olvidad de mi verdadero interés por Berta Jiménez,  estaba tan intrigado, que en vez de retomar el caso de Berta me fui a los archivos del diario y empecé a buscar información de cien años atrás, un gran título me llamó la atención, “En prisión Médico Carnicero” Seguían  los titulares referente al mismo médico, Leopoldo Speack, tendría que informarme más a cerca de ese médico, podría estar ahí,  no sabía si buscar en los diarios de más adelante o más atrás, después de ese titular en cinco años más  adelante otros titulares. Muere médico Carnicero dejando un heredero adoptivo, el nombre del heredero aquí lo tengo exclamé. El hijo de Rosa Eulalia Mardones, El Médico tenía una clínica privada donde hacía  experimentos con animales,  conejos, perros y  gatos. Temerosas las autoridades que estos experimentos se extendieran a seres humanos lo juzgaron incluso tomándolo detenido, pero como nada le pudieron comprobar salió en libertad,  Este médico también se dedicaba a otros negocios, fundando la Colonia Dulce Vida, había  sido casado con una dama de descendencia Europea con quién tuvo un hijo, falleciendo ella antes que él le dejó  una gran cantidad de bienes a su hijo.
           En  la actualidad debió investigar las empresas Dulce Vida, una Clínica, un Instituto al que sólo se aceptaban niños mayores de diez años,  como también  la colonia Dulce Vida, fuera de un sin número de Empresas que dependían  de Dulce Vida, una empresa portuaria, un  Avión privado, varias limosinas, una pesquera. Lo más  importante para mí, era la Clínica, y el instituto al que sólo podían ingresar niños muy seleccionados, y especialmente la Colonia Dulce Vida. Esta quedaba  a diez kilómetros de la ciudad colindando con el mar y tenía aproximadamente unas sesenta hectáreas.
           Esa mañana en vez de ir al Centro Médico integral para obtener  la información que me iba a entregar la enfermera,  tomé mi auto dirigiéndome  a la Colonia Dulce Vida,  ubicada entre árboles que rodeaban un cerro con un enorme portón electrónico, en ese momento  un guardia controlaba  a los que entraban y salían, algunos vehículos sólo marcaban una tarjeta y el portón se abría automáticamente, me llamó la atención una rubia joven  y muy hermosa, las personas que entraban y salían eran todas jóvenes, con cuerpos esbeltos y ágiles, sabía que sería imposible entrar allí, o contactarme con alguna persona de las que vivían en ese lugar.

EDIFICIO    DULCE   VIDA

           Regresé  al centro de la ciudad,  estacionándome frente al edificio Dulce Vida, una gran afluencia de público  entraba y salía del imponente  Edificio con grandes ventanales, luces, alfombras, y jardines colgantes, Nada  podía hacer, había un enigma que no podía entender, estaba por dejar el lugar cuando descendieron del Edificio cinco hombres, uno al medio con gafas oscuras rodeado de cuatro hombres más, todos con gafas y ternos oscuros, subieron a una limosina en la que  un chofer les estaba esperando, seguí al vehículo el que se dirigió hasta la clínica Dulce Vida.
           Me estacioné  como a diez metros de la limosina,  observando a las cinco personas que descendieron. No sabía como entrar,  pero me decidí hacer cualquier pregunta con el pretexto de entrar hasta allí.                          En la oficina del centro había  una señorita encargada de dar información,  le pregunté si se encontraba allí un nombre inventado en ese momento,  con el sólo hecho de entrar y observar lo que más  pudiera,  justamente las cinco personas que descendieron de la limosina ahora salían de una sala con delantales blancos.
           La  secretaria me respondió  que no había  nadie con ese  nombre,  le di las gracias y regresé  a mi auto, ahora estaba más confuso, por un momento sentí un gran pánico, estaba inmiscuyéndome en algo muy poderoso.
           Conclusión, los cinco señores que salían del Edificio eran médicos, sólo me estaba faltando ir al instituto que quedaba en la misma manzana, seguramente allí abría otro misterio.
           Eran las doce más  o menos, entré  a la ante sala del establecimiento de estudios, me  dirigí a una oficina para consultar por vacantes par un sobrino, la respuesta fue positiva, le manifesté a la secretaria que mi hermana vendría a conversar para inscribir  a su hijo. Ella me contestó que para ingresar a ese instituto el niño o la niña deben tener más de diez años de edad, más un examen de admisión, como también una entrevista con sus padres.
           Esta fue la información que me dio la secretaria.
            Inmediatamente  me dirigí  a casa de mi hermana,  quienes se encontraban  almorzando apresuradamente ya que tanto mi hermana como mi cuñado debían regresar a la oficina de cobranzas donde trabajaban. Les conté  cual era mi plan referente al Instituto Dulce Vida, me miraron sorprendidos.
           No deseamos cambiar de colegio a Andresito, en la escuela que estudia en éste momento está muy bien,  además, tengo  entendido que ese instituto es muy caro, manifestó mi cuñado. Y yo  como ingeniero Comercial,  me encuentro trabajando en una oficina de cobranzas porque no he encontrado otra cosa mejor.
           -De eso no se preocupen,  yo les cancelo la colegiatura a Andresito.
           - Y si este cambio le afecta al niño, primero tenemos que hablar con Él manifestó mi hermana.
           Debemos estudiar como hacerlo mejor, para no perjudicar al niño, ¿qué te parece si vamos los dos para indagarnos  más al respecto?  Y seguramente no tienen necesidad de retirarlo del colegio que está  en este momento.
           -Bueno, podemos juntarnos mañana a las doce o sea al medio día nos encontramos en el instituto Dulce Vida, queda  en calle Cacique Ñielol entre Huelén y Colón.  Me despedí  de mi hermana y mi cuñado dejándole saludos a mi sobrino Andresito que estaba en su colegio  en ese momento. La compañía  de ellos, me hizo bien, especialmente el almuerzo, unos ricos ñoquis con pollo cocinado. 
           Abatido por el exceso de diligencias que había  hecho, me dirigí al centro de Medicina integral,  estacionándome cerca del Edificio  idea mía  que la limosina de la  Clínica Dulce Vida estaba allí estacionada.
            Me quedé  observando que pasaría,  había  transcurrido media hora, y  todo seguía igual, de pronto salieron dos hombres de blanco con Doña Juana Muñoz. La mujer se resistía pero los corpulentos profesionales la traían casi en andas introduciéndola a la limosina,  emprendió la marcha al instante. Enseguida los seguí desde la distancia, no quería  que se dieran cuenta, ya era ésta la segunda vez que los estaba vigilando, los hombres vestidos de blanco acompañados por el mismo hombre joven de gafas que venía al medio de sus acompañantes en el Edificio Dulce Vida, el mismo que salió de la oficina con guardapolvo blanco y un estetoscopio en el cuello. ¿Quién era ese hombre?
La limosina se dirigió directo a la clínica Dulce Vida. No podría hablar más con Doña Juana Muñoz, regresé  nuevamente al centro de Medicina Integral sabiendo que todo contacto con Doña Juana sería  imposible,  pregunté  por la auxiliar a cargo de los archivos, me respondieron que había  salido ese día con licencia médica, y que regresaría  la próxima semana,  entonces pregunté  por  Berta, estaba más  tranquil. La  saludé preguntándole por su salud,  luego después que me respondió con cierta confianza, le consulté. ¿Qué le pasó? Cuénteme, ¿Quién es su esposo? Una hora estuve con Berta. Todo fue en vano, no me dio ninguna respuesta, tendría  que investigar por mi cuenta. Llamé a Fernando, el médico, por teléfono, para preguntarle que podríamos hacer si esta Sra. Se negaba a decir cual era su problema.
Indágate  por los Bancos, el marido de ésta paciente es Erasmo Gaete. El empresario anciano que hacen algunos años perdió sus dos hijos en un accidente aéreo.
-¿Y cómo llegó al hospital?
- Unos  vecinos la trajeron, no la conocían  mayormente porque hacía muy poco tiempo que había  llegado a vivir a ese departamento, y lo más raro, estaba viviendo sola. Fue el cartero que les dio el aviso  sintió  mucho olor a gas, y asustados quebraron un vidrio de una de las ventanas,  encontrándola en la cocina con las llaves del gas abiertas, llamaron la ambulancia y ahí  está, se salvó por milagro.
-Gracias amigo, lo tengo, con eso me basta. Lo primero que hice fue irme a las oficinas del Empresario  al otro extremo de la Ciudad,  donde estaba el Edificio Dulce Vida, subí  hasta el quinto piso las oficinas se encontraban cerradas, no  había  nada, se veía todo vacío,  sentí  un escalo frío. ¿Qué  habría  pasado? ¿A quién  podría  preguntarle? Consulté a algunas personas del piso inferior, nadie me respondió,  la secretaria me dije. ¿Como todo pudo desaparecer tan misteriosamente? Tendría  que dirigirme a la policía para hacer las investigaciones legalmente.
El  prefecto de investigaciones me manifestó que la denuncia debiera hacerla algún familiar. Le expliqué que la esposa estaba en el Centro de Medicina Integral y los únicos hijos que tenían habían muerto en un accidente aéreo, el representante de la ley quedó de avisarme cualquier novedad.
Después de haber tenido un día agitado como el anterior,  decidí irme a mi departamento a descansar, ya era demasiado tarde.



EN    EL    INTITUTO

           A las doce horas del día siguiente me estacioné frente al Instituto Dulce Vida a esperar a mi hermana y a mi cuñado,  no demoraron en aparecer, sus rostros estaban dudosos, pero una vez que nos entrevistamos  con la persona encargada, nos quedó todo muy claro,  los niños tenían  clases sólo una hora diaria sin dejar su colegio, y estas clases comprendían materias específica, como historia,  literatura,  idiomas, álgebra etc. El costo del colegio era bastante elevado, pero igual me comprometí.
            Mi hermana firmó los documentos por el resto del año, ahora lo difícil era hablar con Andrés, yo sería lo bastante inteligente para convencerlo que era un regalo de mi parte y el podía  elegir el ramo a tomar. Así fue, no hubo dificultad para convencer a Andrés  que le estábamos regalando un curso especial en el instituto Dulce Vida, la semana siguiente ya empezarían las entrevistas con los padres y después el examen    de admisión del niño.

FICHAS   IMPORTANTES

            Acudí  al Centro Médico nuevamente para pedir los datos  de las fichas que habían quedado de tenerme la auxiliar.
           ¡Don Marcos! Sentí  que alguien me llamaba,  justamente era la auxiliar que la semana anterior no había podido localizar las fichas  que le estaba solicitando.
           -Aquí le tengo todo, me dijo.
           Claro que está con la orden de entrega del doctor Fernando Vásquez, estas son copias.
           Recibí  el legajo de papeles, me  despedí de la auxiliar y regresé al departamento. Una vez que estuve cómodo, empecé a revisar los documentos uno a uno, no me podía convencer o mejor dicho no quería convencerme de lo que estaba descubriendo, lo difícil era como comprobar lo que yo estaba pensando, pero si escribiría mi primer artículo en el diario, muy sutil, como una mera coincidencia, de estos  herederos adoptivos o lo  que sucedía cada cincuenta años, más o menos.


BUEN   ARTÍCULO

           El teléfono me despertó  para oír la voz de mi hermana.
           -Acabo de leer tu artículo, lo encuentro  excelente,  pero es un rompe cabezas difícil de entender, espero que no te traiga problemas.
           No, de ninguna manera,  yo soy periodista que investiga una noticia nada más. ¿Cómo está Andresito?
           Hoy terminamos la entrevista,  el también  dio su examen de admisión, todo excelente, la próxima   semana ya empieza a asistir por una hora durante cinco días a la semana,  después  del Colegio se pasará  al instituto Dulce Vida, está muy entusiasmado, agradecido de su tío Marcos.
           Gracias  Marisol, es un placer escucharte,  hasta pronto, cariños a mi sobrino y nos estaremos viendo.
           Adiós hermano.  ¡Ah espera! Olvidaba decirte que el cheque que dejaste en garantía  puedes retirarlo para que hagas efectiva la matrícula y la colegiatura. ¿Recuerdas que dejaste un cheque en garantía porque si Andrés no era aceptado el documento  sería devuelto?
  Sí, te dejo a ti el efectivo y tú  retiras mi cheque. Adiós  querida.
  Adiós.
           Después de la ducha y un ligero desayuno,  decidí ir nuevamente al edificio donde estaban las oficinas de Don Erasmo.
           En la entrada me encontré con el conserje, le pregunté por el empresario  Don Erasmo Gaete Campusano y su secretaria, o si tenía más  empleados, éste no me  supo decir mucho, levantó los hombros y nada más.
           Subí  hasta el quinto piso caminando por los pasillos, como si tratara de descifrar algo. Un hombre joven salió  del ascensor   dirigiéndose   a las oficinas de la empresa Costa Grande de propiedad de Don Erasmo. Sacó  un llavero y abrió  la puerta de entrada, corrí  hasta él para preguntarle por el empresario, único dueño de esas empresas. El joven era  buen mozo, delicado, una piel que se veía  suave, como transparente, un pelo fino como si fueran  hilos de seda,  se sonrío muy seguro de sí y me respondió: Yo soy sobrino y heredero del tío Erasmo ¿Por qué me lo pregunta? ¿Quién es usted? -Soy Periodista le respondí, su rostro cambió al instante.
           -Perdóneme pero tengo muchas cosas que hacer, le ruego me disculpe.
           -¿Por qué su tía, la señora Berta trató de suicidarse?
           -¿cómo sabe que mi tía trató de suicidarse?, me preguntó sorprendido.
           -Porque soy periodista.
           -¿Acaso habló con ella?
           -Sí,  en el Centro de Medicina Integral.
           -Perdóneme, estoy muy ocupado y tengo mucho que hacer, terminó diciéndome ofuscado y muy nervioso.
           -Se apresuró a  salir hasta luego señor me dijo,  dirigiéndose al ascensor tenía mucha prisa, traté de seguirlo.
-Bajé  las escaleras corriendo, divisé un auto blanco que arrancaba a toda velocidad, fui hasta mi auto y partí tras él. Difícil  prácticamente lo había  perdido,  la luz roja del semáforo me favoreció y logré  alcanzarlo, iba tan preocupado que no se percató que lo estaba siguiendo, directo al Centro Médico Integral. Esperé afuera, después de media hora salió apresurado,  el joven que había estado siguiendo, subió a su auto y se fue. No supe que hacer ir a preguntar a la enfermera o seguirlo,  es mejor que lo siga, pensé,  trataré que no se dé cuenta que lo estoy siguiendo, me llevó justo a la Colonia Dulce Vida,  allá a orillas del mar, junto a un cerro,  marcó una tarjeta y el portón electrónico se abrió. Hasta allí  pude llegar. Volví  al Centro Médico, para preguntarle  a la enfermera por este nuevo personaje.
  Sí,  vino un señor a preguntar por la señora Berta Jiménez  de Gaete, dijo que era su sobrino.
           Respondió la enfermera. Pedí  hablar con la señora Berta, ¿Este  supuesto sobrino habló con la señora Berta? Prácticamente entró casi a la fuerza venía  muy agitado,  no quiso hacerme problemas y lo dejé  pasar,  quería llevársela inmediatamente pero sin la autorización del médico no puede salir ningún paciente.
           -¿Y yo puedo hablar con ella ahora?
           -Voy  a ver porque está muy mal, parece que la visita no le hizo bien, espéreme ya vuelvo.
No creo que  sea conveniente que la vea porque está realmente agitada,  pero cuando le dije que usted  estaba aquí me pidió verlo, terminó diciendo la enfermera. Fuimos juntos donde la paciente, cuando me vio se abrazó  a mí desesperada, llorando amargamente, ¿Por favor señora Berta dígame que le pasa?
           Lléveme,  de aquí, lléveme, si estoy tan desesperada,  por favor sáquenme  de aquí se lo imploro, ¿Cómo la llevo, señora Berta? Si me dice todo lo que le está pasando trataré  de ayudarla, no  pudo hablar más estaba muy mal,  totalmente agitada,  le pedí  el teléfono a la enfermera,  para llamar a Fernando, el médico, este vino al instante, la llevó a su oficina,  para conversar más detenidamente,¿qué razón tenía  para estar tan nerviosa? Una hora estuvo con la paciente,  después de esa larga conversación le dieron un calmante  y la llevaron a una pieza sola con llave, ¿Por qué? Le pregunté  a mi amigo el médico.
  Fernando levantó la cabeza me miró sonriente,  y dijo: tu protegida está más loca de lo que imaginas,  tú no conoces a estos locos, se rió  a carcajadas.
           ¿Por qué te ríes?
           Como no me voy a reír,  de todo lo que me contó dice que su marido ahora es un maniquí, te  imaginas que ande por ahí un maniquí ja, ja, ja.
           Fernando  subió a mi auto y nos fuimos a un café, yo estaba muy pensativo, pero mi amigo no podía dejar de reírse.
           ¡Pobre mujer! Está tan mal que intentó suicidarse, tendremos que someterla a un tratamiento más intensivo, manifestó el médico, aseguraba que doña Berta estaba totalmente enferma. A mí me entró la duda.

BERTA   CONFÍA  SU  TRAGEDIA

           Al  día siguiente fui  al Centro Médico a primera hora, en uno de los pasillos me encontré con Fernando.
           ¿En  que andas?  Me preguntó.
           Bueno, quiero hablar con doña Berta, movió la cabeza y luego ordenó  a una enfermera que me abriera la puerta de la pieza donde se encontraba Berta bajo llave.
           La  pobre mujer estaba llorando, al verme nuevamente me abrazó, manifestando  gracias por venir, la enfermera se retiró al instante dejándonos solos. Me senté a su lado,  pidiéndole que habláramos  con calma.
  No sé por donde empezar, manifestó Berta, jugueteando con su pañuelo que sostenía en sus manos. Estaba más calmada,  esa mañana no le habían dado tratamiento como el día anterior con los que durmió  toda la noche profundamente, aún  tenía pesada la lengua, por lo tanto le costaba un poco  hablar, lo que se hacía difícil entender lo que decía, entonces yo le pregunté    ¿quién la vino a ver ayer señora Berta, que la dejó tan nerviosa? (Lógicamente refiriéndome al joven que vi en el edificio Dulce Vida) en las empresas costa Grande de las que el dueño era el esposo de doña Berta Vale decir don Erasmo Gaete Campusano.
           Al  terminar de hacerle la pregunta, me miró con timidez, bajó la vista, y en forma enfática respondió.
           ¡Mi marido!  -¿Su marido? El dijo que era su sobrino, y  tengo entendido que su marido es un anciano ó sea un hombre de edad, algo así como de la edad suya un poco mayor.
           Nuevamente me miró, - sí era viejo.
           ¿Ese joven quién es?
           Mi marido, repitió enfáticamente. --¡No entiendo nada!
           Es simple,  respondió ella,  hace algún tiempo llegó  a casa con la idea de comprar una lancha roja y salir en ella siendo jóvenes los dos y viajar por el mundo para así olvidar  la tragedia de nuestros dos hijos que perdimos  en el accidente aéreo, hace algún tiempo. Tragedia  de la que aún no habíamos logrado recuperarnos, con todo esto también tenía la idea de  hacerse un tratamiento para rejuvenecer. Según  me dijo,  se había encontrado con una ex compañera, Vilma Bunster y estaba tan joven que no parecía tener más de veinte años, ella  lo iba a ayudar para hacerse el tratamiento y así volver a ser joven. Pagó por esa intervención para los dos, yo no  quise asistir, le manifesté que acudiera él primero, yo  iría  después.
           En ese momento rompió en llanto,  entonces le serví un vaso de agua de una botella que estaba en el velador, tomé la copa y se la alcancé,  probó  un sorbo.
           No  se altere le dije o tendré que ir por un calmante.
           No, me contestó agitada.
           -Los calmantes  sólo me hacen dormir y no me doy cuenta de nada, quiero contarle todo enfatizó, luego siguió contando. Erasmo  mi esposo, arregló sus cosas  en la oficina, estaba tan entusiasmado en volver a ser joven, que  hizo todo lo que le dijeron, traspasó sus bienes a una firma o empresa o cooperativa, algo así, luego despidió a la secretaria, pagándole lo que le correspondía  y algo más, enseguida se internó en una Clínica.
           ¿Qué Clínica?  --Dulce Vida.
           Ya voy entendiendo. Siga, siga señora Berta, siga que la estoy escuchando. Al ver mi entusiasmo doña Berta se reanimó.
           Fui a verlo a la Clínica,  manifestó. No estaba en cama tenía una pieza a todo lujo, con toda clase de comodidades,  las enfermeras estaban pendientes de atenderlo para que no le faltara nada. Los  jardines estaban muy bien cuidados, en la parte  de atrás  tenían un jardín  extraordinario.  Con  piletas de agua con juegos de luces,  figuras de yeso,  plantas hermosas, adornos con jarrones,  arbustos con diferentes formas y como tres árboles grandes  para la sombra etc. Las  comidas con servicio a la carta, incluso  podía  tener una persona  para que lo acompañara, la  pieza tenía una sala de recibo,  para que conversara con las visitas, teléfono  televisor y todo lo que el paciente pidiera.      Yo  no quise irme con él a la Clínica, preferí  quedarme en el nuevo departamento porque también vendió  la mansión que teníamos,  manifestando que para los dos no necesitábamos  una casa tan grande, nos iba a ser más  cómodo un departamento, después cuando lo llevaron al quirófano no pude pasar a verlo. La operación duró una semana o sea el periodo de su convalecencia, tampoco pude estar con el, esto duró casi más de un mes, porque debió aprender a andar de nuevo, dijeron las enfermeras,  tenía que empezar a coordinar sus movimientos porque la operación del cambio lo exigía así, hasta  que un día llegó al  departamento, ese joven que usted ya conoce y que dijo ser mi sobrino, eufórico, soy yo, manifestó.  Al verlo  joven, su misma voz, su estatura, sus  mismas ropas,  me alegré lo abracé grité de alegría,  estábamos felices,  estaba realmente joven, tomamos el té, conversamos haciendo planes y  recordando  los días de nuestra juventud y con el sueño de someterme yo también  al  tratamiento, me manifestó  que tendríamos que irnos a la Colonia Dulce Vida, que  estaba a la orilla del mar al pie de un cerro que era un lugar muy bonito. Allí la gente vivía  muy feliz y no necesitaban grandes cosas,  hacían obras ayudando a otras instituciones,  también  me dijo que la Colonia tenía otros lugares,  como la Clínica donde el se había  hecho el tratamiento,  un instituto y algunos edificios,  considerando el edificio donde mi marido Erasmo tenía sus oficinas,  tiempo atrás  se las había comprado a un corredor de propiedades,  antes el edificio completo había sido de los mismos dueños de la colonia Dulce Vida, por eso el edificio había  conservado el nombre Dulce Vida, bueno todo estaba muy bien, pero cuando llegó la noche, pude  comprobar que mi marido era una especie de maniquí.
           Al terminar de decir  esto guardó silencio, quedándose como desmayada, le costaba aceptar lo que estaba viviendo.
           A mí también me costó aceptar  lo que acababa de oír, había  visto gran parte de lo que me contó Doña Berta, ahora tenía que seguir investigando, ¿cómo  investigar este misterio?
No quería perder tiempo, pedí un calmante a la enfermera, se lo di a doña Berta, con una taza de té y unas galletas que trajo la auxiliar. Dejándola  en muy buenas manos salí a la calle corriendo, subí al auto dirigiéndome a la Colonia Dulce Vida, me acerqué  al enorme portón, allí  no había nadie, en ese  momento, todo era electrónico,  para entrar había que hacerlo con una tarjeta, que se introducía  en la cerradura y el portón se abría. Me quedé  pensando un momento, consideré  que por la playa podría ser  posible, el mar daba contra unas enormes rocas y en esa parte era muy pero muy bravo,  se sentía el ruido de las olas, como rompían con tanta fuerza,  mirarlas era hermoso, tratar de entrar a la Colonia por el mar, imposible, además como si fuera poco había un acantilado y abajo un montón de rocas, mas la bravura del mar.
Desanimado, di la vuelta y me quedé al medio del camino con el auto casi atravesado, como a las dos horas después, apareció un vehículo último modelo, manejado por una mujer joven y muy bonita, se detuvo, ¿qué  le pasó? Me preguntó, desganado le respondí.
  Es una falla mecánica, tengo que traer un técnico para arreglarlo, le dije.

MUJER   HERMOSA

           Yo  lo puedo llevar, me manifestó. Subí al vehículo de esta hermosa mujer y aún así, tan cansado y desganado como estaba, le empecé a hacer preguntas y más que nada a observar, su cuerpo era como el de una muñeca y su cabellera como hilos de seda, su voz parecía como un micrófono pero muy melódica.
           No puedo negar que era grato escucharla, sus piernas, hermosísimas;  unos ojos, que parecen atravesarlo a uno con la mirada. Yo  estaba atónito con lo que me había  confiado la señora Berta y con lo que yo también estaba descubriendo, tenía  que tener mucho tino para seguir en esto porque sino me iban a considerar también  loco como a la señora Berta. Agotado, muy agotado, me despedí  de la hermosa mujer que más parecía un maniquí, le di las gracias y me fui al departamento, sólo quería dormir, no quería olvidar lo que había vivido ese día, porque tendría que seguir adelante.
           Al día siguiente iría por mi auto que había dejado a medio camino, en ese momento solo quería  dormir, Tampoco pude dedicarle más tiempo a esa bella mujer, mi obstinada investigación no me permitió detenerme a pensar por un instante como macho, algún día volvería a verla.
           A pesar  de todo lo cansado que estaba no podía  conciliar el sueño,  pensaba en la señora Berta y  en la pobre mujer, doña  Juana Muñoz, que  se la habían llevado y bueno, también tendría  que ocuparme de ella,  pero eso lo tenía claro y como si fuera poco, yo había  llevado a mi sobrino Andresito al instituto de Dulce Vida.
            Me levanté en pijama, fui al baño y tomé un vaso de agua,  di vueltas en el departamento casi no podía  ordenar las ideas, aunque creí  tenerlas bien claras, no sabía  que hacer, no sabía que pensar, no sabía  como actuar, empecé a sentir pánico hasta que logré tener sueño, volviendo a la cama, perdiéndome en el mundo de Morfeo.
           Pese al cielo despejado, la mañana estaba fría. No sabía  que hacer, primero me impacienté por mi sobrino pero a esa hora no estaba en casa, solía  llegar después  de las seis de la tarde y mi  hermana llegaba como a las siete, mi cuñado como a las nueve. Eso lo dejaría  para el final del día.
           Me  dirigí al Centro Médico Integral  donde estaba la señora Berta. Si le conversaba a mi amigo Fernando, el Médico; lo que me había confiado Doña Berta, éste no me iba a creer toda esta historia, me sentía  como en un callejón sin salida, pedí ver nuevamente a la señora Berta, su estado era enternecedor,  tiritaba entera, después de saludarme, dijo: ¡Perdí a mi marido! Y de qué manera tan terrible, preferiría que estuviera muerto, pero así como está no es él y a la vez es él. ¿Será este un castigo  por no poder sobrellevar la pérdida de mis hijos? Creo  que esto es aún más terrible, ¿quién me va a creer?
           Yo le creo señora Berta, le respondí.
           ¿Por qué no me cuenta algo más de esa tal Vilma?
           Ah, sí, la Vilma fue compañera de nosotros en la primaria.
           Doña Berta se quedó  pensando un rato y luego levantó la vista mirándome fijo y manifestó:
           Ya recuerdo, hace tiempo, hubo un incendio en un edificio del centro, allí quedaron atrapados en las llamas dos personas, más la empleada y una niña. Las dos personas  padres de la niña fallecieron y la empleada también, la niña quedó muy grave, algo recuerdo. Sí, fue así. Eran los padres de Vilma, pensé que había muerto también y cuando Erasmo me la nombró no recordé nada de ese incidente porque hace ya mucho tiempo no puedo recordar cuanto  y ahora  aparece joven y bonita, sí, se salvó, tendría que haber quedado muy quemada,  desfigurada,  pero Erasmo dice que está joven y bonita, ella lo convenció  para hacerse el tratamiento.
           -Nuevamente empezó a llorar.
           -No  puede ser que mi marido sea un maniquí o algo así, un maniquí que piensa, un maniquí que se mueve, un maniquí vivo.
           Doña  Berta siguió llorando. La dejé en la cama con un calmante, traté de ubicar a Fernando pero estaba pasando visita a los pacientes.






EN    LA   CLÍNICA

           Sabía que a Doña Juana Muñoz  se la habían llevado a la Clínica Dulce Vida. Entonces  fui hasta allí, en la recepción pregunté por ella a la secretaria que estaba en el escritorio, no se si fue idea mía, pero al hacer la pregunta se sorprendió, no me respondió nada, me miró diciendo. 
           Tenga  la bondad de esperar, marcó el citófono comunicando.                            En la recepción preguntan por la señora Juana Muñoz manifestó por el aparato, después de escuchar la respuesta, colgó pidiéndome que la siguiera, me llevó a otra oficina, vale decir un salón, con muebles de color rojo en felpa  de muy buena calidad,  alfombras de gruesos tejidos y largas cortinas y figuras que resaltaban en el amplio salón,  involuntariamente mi corazón  me empezó a palpitar más  fuerte, tomé  asiento en uno de los sillones,  la secretaria se retiró dejándome allí solo.
Aquí  fue donde se operó o se transformó  Don Erasmo, pensé, sabía por doña Berta que tenía jardines y que las piezas de los pacientes  eran muy cómodas, habían  pasado algunos segundos  cuando apareció un médico, lo presentí porque venía con un delantal blanco y un estetoscopio al cuello, con  gafas oscuras. Era el mismo  que había  visto en el Edificio de Dulce Vida días atrás en compañía  de los otros hombres, el venía al medio. Un hombre relativamente joven, me saludó despectivamente. ¿Desea usted algo especial señor? Me interpeló.  
Evadiendo el saludo, me levanté de mi asiento para contestarle.
           Deseo ver a la señora Juana Muñoz.
  Autoritariamente, preguntó.  -¿Por qué pregunta por ella? (Titubeé) Quería verla, respondí.
           Pero  usted, no tiene  nada que ver con ella. Recalcó, le agradecería que no moleste, nada tiene que ver con ella. Dicho esto, dio  la vuelta y regresó a una pieza contigua al salón, sin  decirme nada  más ni siquiera despedirse.
           Salí de allí con pánico, había sido una tremenda imprudencia  haber ido a la Clínica, me había  metido en la boca del lobo, volvía a mi departamento tratando de dormir un poco para despejar mis ideas y  hacer hora para ir a la casa de mi hermana por la tarde.


PROGRESOS   DEL  SOBRINO

           Fui a buscarla al trabajo regresando con ella hasta su domicilio le conté todo lo que me estaba pasando y las cosas que estaba descubriendo, mi hermana estaba  horrorizada y Andresito está en el Instituto Dulce Vida.
           ¿Para que lo llevaste allí?
           Cálmate hermana, el Instituto debe  ser distinto, ¿cómo  le ha ido?  -Bien  está fascinado con el curso que tomó. -¿qué  curso tomó?
           -Ahora tomó el ramo de historia, está  tan entusiasmado que el otro día nos habló de la revolución Francesa, de Napoleón, de Hitler. Imagínate, si en cada clase pasa un capitulo completo y se lo aprende todo al instante, la clase es sólo de una hora.
           -Espérate un momento  y explícame ¿cómo es eso? Sólo lleva una semana con una hora de clase al día de lunes a viernes, no puede haber aprendido tanto.
           -Así es, sabe cualquier cantidad, también habló de los Hunos, Atila, etc.
           -¿Y a ti no te ha llamado la atención  ese aprendizaje exagerado?
           -No, todo lo contrario, estoy feliz porque ha adelantado, si en el ramo de historia del colegio ha obtenido la nota máxima y eso no es todo, dijo que esta semana ya terminaba con historia y empezaba con otro ramo y que había elegido idiomas. Dijo  clarito idiomas.
           Yo  estaba asombrado, mientras manejaba desde el trayecto de la oficina de mi hermana hasta su casa ella me confidenció todo esto acerca de mi sobrino.
           Cuando llegamos a casa, Andresito salió a recibirme con los brazos abiertos, gritando;  ¡El tío  Marcos! ¡El tío Marcos! Lo abracé y entramos, después  de dejar el auto estacionado a un costado de la casa. Empezamos a conversar y mi sobrino me contó de sus clases en el Instituto Dulce Vida, yo lo escuché fascinado, entonces le pregunté; ¿cómo  puedes aprender tanto en tan poco tiempo?  Andrés  me miró, se sonrío y  me dijo, eso nunca te lo diré por que  es un secreto, su personalidad  había cambiado muy seguro de si mismo y con un enorme conocimiento en historia que era el ramo que había  elegido  seguir, daba la impresión que sabía  toda la historia de todos los tiempos y de todo el mundo, ahora estaba aún más  perdido en mis pensamientos en el enigma que estaba y tratando de descifrar.
           Andrés me miró con mucho desplante, yo diría  casi autoritario, luego dijo un tanto emocionado; Tío, quiero agradecerte en forma muy especial el que me hayas regalado esos cursos en el Instituto Dulce Vida,  es lo mejor que he tenido en toda mi vida y que tendré  por toda mi existencia. He aprendido tanto y en tan poco tiempo porque estoy obteniendo un aprendizaje computacional,  un aprendizaje  de una nueva era,  no ese aprendizaje  tan primitivo como el que ha tenido siempre la humanidad, por eso no tengo palabras para  agradecerte esto que has hecho por mí.
           Yo  sentí  que mi sangre subía hasta el último pelo de mi cabeza mientras escuchaba a mi sobrino, me quedé  atónito, después de un breve silencio pude reaccionar, sonreír y decirle; Bueno Andrés, yo estoy muy pero muy complacido que te haya  gustado el curso que te regalé.
  Sí respondió, luego termino historia y entro a idiomas. Idiomas enfatizó. Sí tío, varios idiomas.
           -¿Me puedes decir  como es ese aprendizaje tan especial y que quieres decir con un aprendizaje primitivo?
           Mira tío, te agradezco mucho este obsequio de tu parte, pero esto no te da derecho para que me interrogues referente a los sistemas de aprendizaje con que contamos en el Instituto. Es un  aprendizaje muy moderno y muy fácil, por eso te digo, yo dejé atrás esa forma primitiva donde los pobres niños se partían la cabeza tratando de aprender las materias en largas jornadas de estudios logrando retener en su mente sólo  la décima parte, ¿no?
           Entre más observaba a mi sobrino más atónito quedaba.
           ¿Por qué no puedes decirme del sistema de aprendizaje?
           -Primero porque  no es conveniente. Las cosas importantes deben  permanecer resguardadas casi más por respeto, no es quesea un secreto, deja de serlo para los que nos  integramos al sistema, pero los que no están en este sistema no tienen  porque saberlo.
           -Yo soy tu tío.
           -Sí, eso lo tengo muy claro y  te estoy muy agradecido, como ya te lo he dicho reiteradas veces.
           Me sonreí nuevamente cómo no me vas a decir ¿nada, nada?
           Sí tío, primero te puedo contar por ahora de la recepción  que  me dieron cuando llegué al Instituto. Los alumnos de historia,  que era mi ramo, me recibieron presentándome uno por uno y diciéndome cualquier cosa,  importante se supone,  de lo que era el Instituto,  de su familia, de lo que le gustaba,   son sólo diez mis compañeros  y conmigo somos once,  dicen que pueden ser quince, aún quedan cuatro vacantes, después  de eso tuvimos un mini cóctel, fue  muy grato este recibimiento porque los conocí  a todos y no me sentí como un pollo en corral ajeno como dicen ustedes  vulgarmente.
           ¿Y después?
           Bueno después  pasamos a la sala de ceremonia, donde fui algo así como bautizado por el honor de integrarme a Dulce Vida. Fue  una ceremonia muy especial,  como también especial era la sala una especie de templo en miniatura, terminado este acto que fue muy  emocionante junto a mis nuevos compañeros, tanto de mi ramo como también  de otros ramos, pasamos  a los laboratorios,  que son  las salas de estudios,  en la ceremonia olvidaba decirte,  también   se hace un juramento, yo juré, amar, respetar, progresar,  defender la ciencia, la moral,  cuidar y proteger siempre Dulce Vida. No niego  que antes se me preguntó si yo aceptaba o no y yo acepté.
           ¿Y no crees tú que en una decisión así tendrían que estar al tanto tus padres?
           -No tío, debes saber que desde el  momento que una persona  tiene  la facultad de pensar,  porque cuenta con algunos conocimientos también puede razonar por si mismo, y tomar sus propias determinaciones o decisiones, puede decidir su vida,  nuestros padres tienen la obligación de sustentarnos, porque aún no estamos preparados para hacerlo por nuestros propios medios, pero yo razono por mi mismo y decido cual es el camino que debo seguir.
           En ese momento mi hermana nos  llamó  para compartir un guiso de pollo, felizmente ella no se percató de nuestra conversación, porque la reacción de mi sobrino era extraordinaria, había cambiado tanto en tan pocos días. Cada día me sentía como en un pozo enredado en diferentes cadenas, sintiendo que quemaban mi cuerpo y mi alma y mi mente, quería gritar, tuve miedo de enfermar o que ya estuviera enfermo y que a todo esto no era más que una terrible pesadilla o sólo una invención mía  o que mi mente disparatada las había  inventado. Estábamos compartiendo el rico guiso cuando llegó mi cuñado, cansado, manifestando después de saludarnos y darle el beso a mi hermana. “voy a comer algo  y me voy a la cama”.  Yo no estoy cansado, pero también me voy a la cama manifestó
           Andresito, aunque ya no tenía nada de lo que él era, había  madurado tanto que en adelante sólo tendríamos  que llamarlo Andrés,  mi hermana y mi cuñado parecían no percatarse del cambio que había  provocado en el curso que yo le regalara a mi sobrino, me sentía  culpable, no  podía definir si esto sería bueno o sería  malo, si estaba bien o mal,  capaz  que mi sobrino tuviera razón y yo pertenecía a una cultura primitiva, en fin,  me despedí  de mi hermana con mucho afecto,  porque un tremendo cargo de conciencia me estaba embargando, de mi cuñado y mi sobrino ya lo había hecho antes. Salí, saqué  el auto,  al tomar la curva vi que las luces de la planta baja de la casa se apagaron, tomé  la avenida, con poca afluencia vehicular por la hora, no transitaban gran cantidad de autos, desorientado como estaba en vez  de regresar a mi departamento me fui a orillas del mar pero tomé  la ruta que me llevaba a la colonia Dulce Vida, quedaba a las afuera de la  ciudad, el camino era hermoso,  por una parte orillando  el mar,  divisé  las barcazas, barcos y lanchas  iluminadas, que a la vez se reflejaban en el agua, en una parte más ancha del camino me detuve a un costado,  contemplando el mar,  contemplando el cielo que cobijaba un sin número de  estrellas, había luna, a cien metros  más o menos, estaba la colonia, el gran enigma, pero  nadie decía nada todo era legal,  tenían todo muy bien hecho, ¿qué habría adentro?
           Entrar era imposible  y si lograra entrar no podría salir. En la clínica ya me había  hecho presente sin ninguna solución,  pensando esto me entró  un pánico terrible, miré por el espejo de mi auto y  me pareció divisar un auto a cierta distancia,  debe ser una pareja de enamorados me dije para conformarme a mi mismo, pero  tenía la duda,  encendí  el motor, aceleré  dando la vuelta,  tomé el camino de regreso,  efectivamente había  un vehículo, arrimado a unos matorrales, como la noche estaba clara,  miré  al interior sólo estaba el chofer, ¡mierda! ¿Que  estará  pasando?  Tendré  que tener más cuidado. Aceleré el vehículo me siguió a la distancia. Sin darme cuenta en los días siguientes empecé a fumar, entonces trabajé en mi computador con todos los datos que tenía, me faltaba constatar la información que me había  dado la señora Berta referente a Bilma.


INVESTIGACIÓN  SE  GRABA

             Una vez que grabé el máximo de las informaciones que había  investigado me fui al diario, Durante toda la mañana busqué  la noticia del incendio en uno de los edificios del centro,  donde habían  muerto los padres de Vilma y  ella había  quedado grabe,  como estaba tan nervioso me era más difícil buscar la noticia,  le pedí  a un colega me ayudara. El  la encontró sin problemas trayéndomelas al instante.
Leí  el artículo, en primera página,  “Matrimonio acaudalado encontró  la muerte junto con su empleada  en voraz  incendio”  queda  su hijita de dieciocho  años  grave. La noticia  salió  un par de veces dando la gravedad de Vilma, después nada, pero un detalle importante, la enferma en este caso Vilma había  sido  llevada a la clínica Dulce  Vida.
La clínica  quedaba en un lugar céntrico de la ciudad, no tan al centro pero sector urbanizado, por su extensión casi una manzana de terreno, me sería  más fácil encontrar  una entrada,  tendría  que entrar, de alguna forma, allí encontraría  todos los secretos. En la misma manzana estaba el Instituto, posiblemente por ese medio me podría  ser más fácil. Inmediatamente fui a conversar con un amigo Arquitecto, Mario Castillo. Jefe de planificación Arquitectónica de la Ciudad. Necesito los planos de la manzana que queda  en calle Cacique Ñielol huelen y colon  le dije.
           ¿A qué te estás dedicando? Me preguntó.
           -No te preocupes que estoy  en una investigación muy importante, llamó a una secretaria  le anotó en un papel pidiéndole,  trajera esos planos con los  datos que había  anotado. La funcionaria  al instante  se presentó con un rollo de papeles.
           Haber no sé para que quieres estos planos, no está permitido entregarlos a particulares, por esta gran amistad, me estás haciendo faltar a mi trabajo, en todo caso no es delito, ver los planos, por eso puedes verlos.
           -Prefiero sacarles copia.
  Bueno, señorita saque copia a estos planos y le da la copia al señor. Ordenó el Arquitecto.
           -Perdóname, debo  salir a terreno, ya estoy atrasado.
           -No te preocupes te voy  a agradecer mucho esto, que me hayas dado las copias de los planos.
           -Después me cuentas,  en que andas, siempre tienes cosas interesantes. Está bien adiós.
           Adiós  que te vaya bien. Así lo espero.
  La secretaria  me entregó las copias de los planos, fui al departamento para estudiarlos detenidamente, allí  estudié minuciosamente cada rincón de la Clínica, como también del instituto que venía a quedar a la vuelta en la misma manzana, después  de revisar por varias horas los planos llegué a la conclusión que podría entrar por un costado del Instituto o por el mismo Instituto  este daba al jardín de la Clínica, ya tenía  todo  planificado.

EN    PELIGRO

           El periodista Marcos Yáñez  Leal  sabía que estaba siendo vigilado, sintiéndose embargado por el pánico, tuvo la precaución de grabar toda la información que tenía en su computador sin omitir nada tomando en cuenta hasta el último detalle con nombres,  fechas, direcciones y fuera de eso sus propias versiones,  luego sacó tres copias,  una la guardó  en su propio departamento otra se la entregó  a su hermana pidiéndole que lo guardara celosamente y la otra se la dio a un colega también periodista.
Una vez entregados los tres disquete. Y bien  recomendados,  decidió tratar de entrar a la clínica  Dulce Vida para localizar a la señora Juana Muñoz y  saber como estaba o que había  sido de ella,  tenía  que despistar a la persona que lo estaba vigilando de eso estaba muy seguro. Entonces    decidió ir a una Discoteca,  dejó su auto a tres cuadras  del lugar encaminándose a pié, a la fiesta, entró pidió un trago, vio unas niñas solas se dirigió  a ellas, entrando en conversación luego invitó a bailar a una de ellas, la más viejona, dio unos saltos lo que no era lo más grato para él,  consideró estar saltando como un necio volvió al grupo, luego manifestó, voy al baño.-No  se vayan  espérenme que voy a bailar toda la noche, les dijo.
           En vez de dirigirse al baño buscó una salida por la cocina,  casi gateando llegó a una puerta que daba al patio trasero y corrió  hasta su auto, le  pareció que su vehículo no estaba custodiado, encendió  el motor, luego las luces, antes se preocupó del cinturón alineando los espejos, mirando a todos lados. Aceleró  y a toda marcha se dirigió a la clínica Dulce Vida, nuevamente  se estacionó a tres cuadras de la clínica, Dirigiéndose  a esta saltó  un muro que estaba más  bajo que el resto pasó por los jardines, chocando con un cupido de yeso, hasta llegar a la puerta trasera de la Clínica, manipuló  la cerradura, entrando hasta la galería, siguió avanzando, buscando  las salas,  leyó  en una de las puertas una plancha que decía laboratorio, en otra decía bodega.  Siguió buscando, hasta llegar  a un pasillo donde le pareció estaban las salas de los  pacientes,  entró a una de esta en puntillas,  leyó  la ficha del respaldar del catre, no, no era el de la señora Juana Muñoz , su corazón  palpitaba fuertemente,  con miedo que algún enfermo o enferma se despertara, con la luz de la linterna, que usó para leer los nombres, llegó a la cuarta paciente de un cuarto departamento, hasta que encontró a la que buscaba la que decía mi hijo no es mi hijo y que había  sido retirada por su hijo del Centro de Medicina Integral, doña Juana Muñoz Muñoz.
  Sigilosamente se acercó tapándole la boca para que no gritara, soy yo el Periodista, le manifestó. La mujer se sorprendió sentándose en la cama, empezó a hablar. Que  bueno que vino, aquí me tienen estoy bien pero se que nunca voy a salir de aquí, me desplazo por todas partes,  los jardines los comedores esta sala es como un departamento  pequeño, tiene de todo, me  tratan bien, en realidad soy una prisionera, lo más terrible es que mi hijo no es mi hijo, claro que a las zonas prohibidas no puedo entrar, además  hay  enfermeras y enfermeros por todas partes,
           Sí, siga contándome.
           Lo más terrible, muy terrible es que mi hijo es el médico.
           ¿Cómo? ¡Su hijo es el médico!  ¿Y no era contador auditor su hijo?
           Sí, eso era, pero ahora  hay otro contador, usted sabe que el quedó como heredero absoluto del Millonario Martín Martínez  Albornoz  y ejerce como médico si hasta anda con delantal blanco y esa cosa en el cuello. No viene a verme, mi hijo era tan cariñoso y atento, ahora no es él, tiene el mismo físico la misma voz, aunque no tan igual, la voz es como la de un viejo, ¡hay señor! Que terrible mi hijo no es mi hijo.
           Con esta confesión el periodista Marco Yáñez leal tenía todo su enigma solucionado le parecía  monstruoso.
           ¿Qué cree usted  doña Juana de todo esto?
                   La mujer  con un gesto humilde  y  sencillo dijo: sí es muy simple.
 Ese médico se metió en el cuerpo de mi hijo eso yo lo supe desde un principio. ¿Dónde está mi hijo? Este dolor  no me lo saca nadie ni nada. ¿Cómo ese millonario  pudo hacer esa monstruosidad?
             Gracias doña Juana, su información es excelente, se despidió y decidió seguir buscando pruebas de lo que estaba pensando, llegó  hasta una sala que decía ingeniería, trató de entrar estaba totalmente cerrada.


LA   ALARMA  LO  DELATA

           Al  empujar la puerta empezó a sonar una alarma, al instante se prendieron las luces, corrió hasta otra sala, que también estaba cerrada, sintió  pasos, carreras de personas, efectivamente venían dos  guardias, que  con toda seguridad  antes estarían tomando café por eso no tuvo dificultad para llegar hasta la señora Juana Muñoz se deslizó por la galería  hasta la puerta que daba al  jardín  fue ahí donde lo alcanzaron siendo llevado al interior de las habitaciones, un enfermero vino con una jeringa inyectándolo  en un brazo,  poco a poco sintió que se iba alejando del mundo, perdiendo toda noción del tiempo, desde ese momento no se supo nada más del periodista, Marcos Yáñez Leal.

EL    PERIODISTA    DESAPARECE

           Había transcurrido una semana, Andresito le preguntó a su mamá  por su tío Marcos el periodista que no había sabido nada de él.
           Es normal generalmente te ausenta por un  buen tiempo, le respondió  la madre. Esta pregunta  la hizo preocuparse considerando la entrega de ese disquete tan misterioso,  recomendándole que si le pasaba algo lo viera, llamó a su departamento el teléfono no contestó, llamó al diario, tampoco estaba, se  desesperó ya era casi de noche, igualmente  invitó  a su hijo y a su esposo para ir al departamento  de su hermano,  el Periodista Marcos Yáñez Leal. Ella  buscó la llave del Depto. Que  guardaba desde algún  tiempo, una vez allí descubrieron que el lugar estaba todo revuelto y no había nada ni una nota, nada, lo primero que hicieron, fue ver el disquete, Andrés fue testigo de toda la confesión de su tío, una de las recomendaciones que hacía en sus grabaciones era  que no se supiera que Andrés era su sobrino y que estaba relacionado con él tanto el niño como su hermana, por ser hermanos solo por parte  de madre los apellidos no coincidían, debían guardar silencio por cualquier eventualidad, para así  proteger a  Andrés, porque si algo le pasaba a él esto sería peligroso también para su sobrino que era lo que más quería, ya que el no se había casado y  no tenía hijos.
  Andrés Apablaza pese a su corta edad, era un joven muy maduro, por  la enseñanza extraordinaria que había  recibido en el instituto Dulce Vida.
           La familia estaba consternada, por la ausencia de su hermano cuñado y tío. Pese a todo decidieron no dar cuenta a la policía por la confesión que habían tenido por medio del disquete, estaban asustados, pero si decidieron pasar  el caso a un abogado, para que este en forma anónima investigara.
           El abogado empezó las diligencias, llegando a la conclusión que el Periodista había desaparecido en la Discoteca, que quedaba en las afueras de la Ciudad, desde ahí perdía toda clase de pistas, a petición del profesional sin inmiscuir a la familia, la policía buscó en lagunas, cerros, lugares dudosos, en algunas cuevas cubriendo enormes extensiones de terrenos, hicieron revisiones en algunos subterráneos, pero  en ningún caso se les ocurrió dirigirse a la Clínica Dulce Vida, que  en realidad fue el último destino del Periodista. Pasaron dos años buscando, al amigo colega y querido Periodista pero no encontraron ni rastro de él. Así  hasta que nuestro desaparecido pasó al olvido.

DESPUÉS   DE  DIEZ    AÑOS

           Habían transcurrido diez años, Andrés ya era un destacado estudiante de medicina en  La Universidad,  además en el Instituto, había hecho todos los cursos, y  se estaba especializando en medicina especial, dentro del Instituto, donde pasaba más tiempo que en su propia casa.
           No había  olvidado ni por un momento el desaparecimiento  de su tío. El intuía  que la colonia,  la clínica, o el Instituto algo  tenían que ver con este suceso que había  afectado al Periodista. El día que la Universidad le entregó su titulo de médico, fue una gran satisfacción tanto para sus padres como también para el mismo, estaba consciente que como médico sabía mucho más que sus compañeros por la  ayuda que había  recibido en el Instituto  como también varios idiomas,  con el sistema de enseñanza que no quiso confiar a su tío, se aprendía rápido y una gran cantidad en tan poco tiempo, además era fácil y cómodo, sentía nostalgia no poder compartir con su tío este día tan especial, sus padres lo acompañaron en la ceremonia, su felicidad no era completa, después de la ceremonia entrega  de diplomas regalos y el cóctel, descansó toda la tarde,  y al día siguiente,  se dirigió a la Clínica a Dulce Vida, donde también fue agasajado con honores y felicitaciones, además el jefe Alberto Muñoz le hizo entrega de un nuevo cargo dentro de la Clínica, había  sido destacado en la carrera, por lo tanto se merecía  uno de los cargos ,más  altos dentro de esta Clínica,
En  los días siguientes cuando le hicieron entrega de las llaves del laboratorio, de la bodega y del subterráneo secreto. Inició  la investigación, primero revisó  nuevamente el disquete que le dejara su tío.    Con estos datos, empezó  a asistir a la señora Juana Muñoz que estaba viejita pero muy bien dentro de la Clínica, siempre se paseaba por todos lados, caminando de un lado a otro.
  Tendría  que tener mucho tino si deseaba preguntarle algo,  primero se dejó  ver por ella todos los días, pero cuando le empezó a hacer preguntas esta se negó a responder,  comprendió que el miedo que la embargaba no le permitía hablar, en cierto modo tenía razón. ¿Por qué  tendría  que tener confianza en él? Si  el era un miembro más de la clínica Dulce Vida y  además  el médico más destacado brazo derecho del jefe máximo su propio hijo Alberto Muñoz  Muñoz.
           En el laboratorio  empezó a trabajar con los ingenieros en cuerpos tan perfectos que parecían de verdad y fuera  de eso hechos con tanto arte, que  quedaban hermosísimos,  en esos mismos días le avisaron que harían  un trasplante a un señor extranjero y le estaban confeccionando  su nuevo cuerpo, ortopédico, el ya había estudiado todos estos procesos, aunque no estaba de acuerdo con este sistema estaba obligado a llevarlo a acabo caso contrario nunca  sabría  que había  sido de su tío el Periodista, aunque  tardara cien años dijo tendría  que descubrirlo.
           La  ingeniería de los  cuerpos era realmente perfecta, vio  las fotos del nuevo paciente que estaban en la pared  tomada de distintos ángulos,  con todas sus medidas exactas, color de pelo, se había  estudiado cada detalle del paciente hasta unos lunares que poseía, el trabajo era extraordinario, admirable, una maravilla espectacular, ¿cuándo llega el paciente extranjero  de la transformación? Preguntó a la enfermera jefa.
           En dos días, ya todo está listo, respondió.
           Como  Jefe de esta sección le pidió a los ingenieros le confeccionaran un cuerpo de hombre excepcional, los ingenieros  al verlo tan maravillado con su trabajo se empeñaron trabajando un cuerpo especial. ¡Un adonis!  Les dijo Andrés sonriendo.
           El día  de la operación  se llevó a cabo una semana más tarde, primero se preparó al paciente y una vez que habían superado todos los detalles, trabajaron en el quirófano, con la supervisión  del médico jefe nada menos que  el hijo de doña Juana Muñoz. En la clínica le llamaban con el nombre de Leo. “El Gran Leo” El Gran Leo supervisó  todo el trabajo de Andrés felicitándolo por lo exacto, seguro y serenidad con que usó el bisturí,  todo este trabajo duró una semana porque una vez que extirparon el cerebro fue depositado en químicos e ingredientes especiales para darle una mayor vitalidad a este cerebro del anciano que estaban renovando, el cuerpo del anciano fue llevado  a un horno crematorio  que poseían en la colonia  Dulce Vida. Una vez que el Cerebro estuvo en condiciones de trasplantarlo al nuevo cuerpo ortopédico, Andrés  y la enfermera jefa ayudaron al paciente a su readaptación  con ejercicios,  y conversación especial. Como al mes   pudo  ver al nuevo ser, joven lleno de sueños y con la convicción de irse a vivir a la Colonia Dulce Vida.
           Los ingenieros habían terminado el Adonis  que les había pedido Andrés, lo llevó a su oficina dejándolo allí como un monumento sin querer lo relacionaba con su tío. Una noche estando de turno bajó  al subterráneo, entró a una oficina, encontrando documentos de doscientos años atrás, fotos y artículos del doctor carnicero, lo mismo que estaba en el disquete que le dejara su tío.
Con todos los datos del  desaparecido periodista más la experiencia de los estudios que había obtenido en todos estos años, sabía exactamente  que el médico carnicero era su propio jefe, Alberto Muñoz o sea el hijo de la señora Juana  Muñoz el heredero del Millonario que había fallecido cuando su tío encontró a esta señora gritando como loca. “Mi hijo no es mi hijo”. En el centro de medicina integral del hospital de psiquiatría.
 Titulares en grandes letras que se referían al médico Leopoldo Speack  que hacía  experimentos con animales e incluso lo habían detenido, considerando las prácticas ilegales, Andrés pensó. Este hombre debe tener  doscientos años, se trasplanta en cuerpos jóvenes, sudaba, tenía miedo que le pasara lo mismo que a  su tío, ya sabía todo, pero tendría que seguir arriesgándose, hasta encontrar el enigma de este familiar tan querido Marcos Yáñez  Leal, debía  ser muy prudente porque todo el personal era fiel al Gran  Leo.
           La pobre mujer que declararon demente tenía razón, su hijo no era su hijo, ella lo sabía,  le habían robado su cuerpo, ahora tendría que buscar el cerebro del hijo de doña Juana Muñoz, en algún lugar debía de estar.
           Pasando visita a algunos pacientes por cirugía  plástica e incluso a doña Juana Muñoz,  cuando  sintió la sirena de una ambulancia y el alta voz lo llamó  al quirófano, corrió con su equipo encontrándose con un joven accidentado casi no tenía pulso, el gran Leo le ordenó extraerle  el cerebro porque el cuerpo necesitaba muchas operaciones, pero el cerebro debían protegerlo para eso le fue extraído  y depositado en químicos igual como lo habían hecho en la operación anterior, las enfermeras prepararon todo para la operación, Andrés  tomó  el bisturí y empezó  a trabajar,  pidieron a la sala de ingeniería un cuerpo nuevo, salvarían al joven no sabían quien era, pero ya  se indagarían,   la operación  demoró  varias horas.
            Una vez con el cerebro en un recipiente especial el Gran Leo invitó  a Andrés Apablaza, al subterráneo a una pieza especial herméticamente cerrada a la vez con estantes también con llave, sorprendido vio varios recipientes de vidrio con cerebros  en su interior pero disimuló  su sorpresa, sonriéndose le dijo a su jefe, que trofeos  tiene aquí Gran Leo, el también se sonrió, algún día los puedo necesitar, pero Andrés vio que tenían  el nombre. El  cuerpo del accidentado estaba bastante mutilado sólo  su rostro quedó   casi intacto el cráneo fue saturado así no se notaba que el cerebro le había sido extraído. Andrés tuvo la osadía de preguntarle  al Gran Leo.
           ¿Para qué guardar estos cerebros?
         Es muy simple, ¿No  te has fijado en los talleres de la Colonia?
 Deberás  que nunca has ido a la colonia, allí  hay  obreros con cuerpos, ortopédicos postizos,  pero sus  cerebros son normales, con un leve tratamiento los limitamos en parte y sirven muy bien para trabajar como obreros.
           Esa  noche llegaron los familiares del enfermo atropellado, se extendió el certificado de defunción todo correcto se entregó  el cadáver a sus dolientes sin problemas, el cuerpo del pobre joven estaba totalmente hecho pedazos. Una vez entregado el difunto con sus respectivos certificados, cuando la mayor parte de las enfermeras se habían  ausentado. Andrés  se quedó un  tiempo más  en la clínica. Fue  donde el médico de turno a decirle que iba a estar en la oficina haciendo algunos trabajos completando unas historias de algunos pacientes, este  se alegró pidiéndole ir por un momento a ver a su esposa,  que no estaba muy bien por tener más de ocho meses de embarazo, No te preocupes le respondió Andrés, Demórate dos horas que es el tiempo que estaré aquí trabajando, avisaron a portería para que cualquier cosa se dirigieran a él en su oficina.
           Una vez que se fue su colega, bajó al subterráneo  directo a la sala de los cerebros, empezó a leer los nombres, su corazón palpitaba, leía  uno y otro hasta que emocionado encontró el de su tío, sabía que algo había pasado el lo sabía, sus ojos se llenaron de lagrimas,  regresó a su oficina y lloró allí solo en sus pensamientos, lloró con su corazón apretado. Recordando todo lo que había vivido con ese ser tan querido y que ahora sólo estaba su cerebro, no  podría contarle, esto a sus padres, pero  aún tenía una esperanza, porque con el cerebro allí traería a la vida a ese ser tan especial para él. 
           Esa  mañana acudió a la oficina del Gran Leo que se encontraba con cuatro médicos más. Estaban preparándose para ir al aeropuerto a esperar un médico que atendía  una Clínica en Los Ángeles. Andrés  entró a la sala total era un colega más, saludó  con optimismo,  les conversó del difunto de la noche anterior, luego preguntó.
           ¿Le va a dar cuerpo  al cerebro que adquirimos anoche? El Gran Leo se quedó pensando, antes de dar una respuesta, Andrés  manifestó.
  Yo tengo un cuerpo muy especial que parece un Adonis, es perfecto me gustaría poder activarlo,
           -Tienes razón, estamos necesitando un júnior para que haga los trámites de menos importancia, como los depósitos bancarios y la correspondencia, sí sería bueno.
           Yo había pedido a los ingenieros hicieran un cuerpo para ese cerebro, aunque también  podemos disponer de mi Adonis.¿cuándo puedo empezar? Cuando tú lo estimes conveniente, ahora vamos al aeropuerto. 
           Los médicos se fueron al aeropuerto en una de las limosinas, con su chofer y Andrés haría la operación  pero no usaría el cerebro del joven accidentado, entonces bajó inmediatamente al subterráneo  y cambió el nombre de los recipientes, el nombre del joven se lo colocó al recipiente del cerebro de su tío,  el Periodista Marcos Yáñez Leal y el nombre del cerebro de su tío se lo colocó al recipiente  del joven accidentado.  Hizo  los preparativos citó al equipo de enfermeras, para efectuar esa misma noche la operación, el médico recién llegado  quiso supervisar la operación junto con el Gran Leo, cuando  el Profesional recién llegado entró al quirófano Andrés se sorprendió,  con la mascarilla y el gorro solo se le veían los ojos, pero sorpresivamente Andrés los encontró  iguales a los de su tío, luego trató de calmarse considerando que eso era producto de su emoción, de todas maneras estaba nervioso, los dos médicos al notarlo nervioso, el Gran Leo manifestó.
           Esta es su segunda operación sin considerar la del joven difunto, pero ya ha demostrado que es un excelente médico cirujano, “nuestro futuro médico de cirugía especial” dijo el Jefe, El Gran  Leo.
           Todavía  falta mucho para volvernos a trasplantar, ja ja  ja ja.
  Esta conversación  lo estaba colocando  más nervioso, trató de calmarse,  ya tenía el Adonis listo en la camilla fue por el cerebro prefirió  hacerlo el mismo para asegurarse que no le cambiaran el órgano,  lo extrajo del recipiente, cambiándolo a otro inmediatamente con líquidos frescos, derramando el líquido anterior,  los profesionales conversaban a un costado de la sala, vertió bastante líquido para que no se dieran cuenta del cambio. Con  el cerebro en sus manos enguantadas empezó su trabajo, silencio y concentración, trabajó toda la noche, con los dos médicos supervisando su labor, sigilosamente trabajaba sin cesar, sabía que de él, sólo de él dependía el regreso de su tío a la vida.
           ¿No te dije, que este joven será un buen especialista en cirugía de trasplantes?
           Ya me di cuenta respondió el visitante, cuando faltaba poco para terminar la operación se retiraron de la sala.
           Andrés  cansado siguió adelante en compañía de una enfermera, las otras ya se habían retirado. Puede retirarse le manifestó a la que estaba acompañándolo.
           Una vez  que se quedó solo, tocó  el rostro del Adonis,  aún  helado,  le empezó  a hablar tío te volveré a la vida, aunque sea sin tu cuerpo pero vivirás, sus ojos llenos de lágrimas, emocionado sentía que había hecho un milagro, ahora necesitaba una semana para reactivar al nuevo ser, pero antes tenía  que indagarse del difunto para saber más  de él, tenía  una semana para hacerlo, los funerales serían al día siguiente, el estaría ahí. Llamó  a la enfermera de turno para pedirle  cuidara del nuevo paciente, el se fue a dormir a una sala donde dormían algunas veces los médicos de turno.
           Doctor usted se está matando, dos operaciones tan seguidas una tras otra, le manifestó la enfermera cariñosamente, vaya  a dormir vaya, que se ve muy cansado, pero  mire si tiene hasta los ojos llorosos.
           -Sí,  tiene razón  estoy muy cansado. Con esperanzas en su tío se durmió.
Durmió  profundamente  hasta las once de la mañana, del otro día,  se duchó  con rapidez, le pidió un desayuno a la auxiliar y enseguida acudió a la sala del paciente, la enfermera manifestó que estaba reaccionando bien. Observó que todo iba perfecto y se encaminó a la capilla donde le habían dicho que  sería el velatorio del joven muerto en accidente carretero. Cuando llegó a la capilla ya había empezado la misa, terminado el responso  los familiares sacaron el ataúd con el difunto llevando hasta la carroza  Andrés  siguió el cortejo en su auto, una vez en el cementerio localizó  a sus padres, dándoles el pésame y luego presentándose con la familia como el médico que trató  de salvarle la vida, lo que no fue posible, por la gravedad en que llegó a la clínica. -Yo  lamenté mucho  no poder hacer nada más, les manifestó.
           La familia  recibió al médico con cariño, ya que fue la última persona que había  estado con su hijo, lo invitaron a su casa y sin saber le dieron todos los datos del joven, era como un desahogo, contaron todo lo que le gustaba, conoció a la novia,  con quién trató  de hacer amistad para así  saber mucho más de Juan Carlos Labbé tenía  todos los datos que lógicamente los sacaría  en un computador para que no se le escapara ningún detalle, pero todo esto no le producía  ninguna satisfacción sino un tremendo cargo de conciencia, sabiendo que el joven se podía  volver  a la vida, por su tío estaba en esto pero por salvar a su tío le parecía  que actuaba mal peor  sería dejar al joven como júnior de la colonia o  la clínica, eso sería más terrible, en  cambio  tratándose de su tío  el vería como salvarlo, de las garras del Gran Leo.
           La recuperación del Periodista fue lenta pero muy efectiva conectado a las máquinas correspondientes, que lo harían reaccionar, ya tenía  pulso, su cuerpo había adquirido temperatura,  a los cuatro días abrió  los ojos, la   maquina marcaba excelente reacción, esos días Andrés no se movió del lado del paciente.
           Está tan entusiasmado con su Adonis ya no lo deja sólo ni para ir a comer. Decían las enfermeras riéndose. El periodista abría  los ojos por momentos, Andrés estaba ahí observándolo cada instante,  al sexto día  empezó a hablarle tío soy yo  tu sobrino Andrés, o Andresito como tu me decías, ¿recuerdas? Esto se lo repetía  una y otra vez, el paciente sólo abría los ojos pero el séptimo día trató de hablar, trató de decir ¿dónde estoy?  Entonces  Andrés le dijo en la clínica Dulce Vida, pero no debes  decir nada, sólo puedes hablar cuando estés conmigo  y nadie más, entiende bien, yo leí todos los mensajes que me dejaste, lo sé todo tío, no debes decir quién eres, mañana te diré más ahora debes descansar pero tienes que  aprenderte un nombre, no lo olvides, Juan Carlos Labbé aún  con la lengua entorpecida respondió.-Sí,  Juan Carlos Labbé.
           No era tonto había entendido, considerando que lo último que recordaba era cuando lo tomaron en la clínica Dulce Vida, lo llevaron a una cama y lo inyectaron, en ese instante perdió toda  noción y ahora estaba volviendo en sí un poco confuso por el cambio de su sobrino,  pero  aún  se sentía ido, sin poder razonar,  sólo había entendido que debía decir un nombre Juan Carlos Labbé.
           El médico  que había venido de Los Ángeles,  regresó a su clínica al día siguiente de la operación,  sin tener la oportunidad de conocerlo más, le había  impresionado su mirada, tanto la estatura  como calculando el peso coincidían con la de su tío no quería  pensar tanta monstruosidad,  los días siguientes cuando desconectó  al paciente de la máquina debió hacerle los ejercicios para que pudiera coordinar los movimientos, aún  no se había dado cuenta que tenía un  cuerpo totalmente artificial, tenía  que prepararlo para que no sufriera un choock, el jefe el Gran Leo  vino a constatar el éxito,  felicitó a Andrés pero antes de retirarse le preguntó al paciente ¿cómo te llamas?
           Juan Carlos Labbé, respondió  el Periodista, mirando al Gran Leo de fijo, éste se sonrió sarcásticamente retirándose de la sala.
           El tiempo pasó rápido y el Periodista se había  recuperado, Andrés  tuvo la paciencia de irle explicando paso a paso, todo el proceso, cuando quedaban solos en la sala de recuperación  el le manifestó que los disquete que le había dejado le habían servido mucho para seguir en el  Instituto de Dulce Vida  y estando adentro poder investigar todas las incógnitas que el no había podido descifrar. El Periodista  Marcos Yáñez Leal interrumpió.
           ¿Y cómo es el proceso de enseñanza que aprendías todo tan rápido  y al mismo tiempo tanto?
           Andrés se sonrió, - Sí ya recuerdo,  no quise decírtelo, había hecho un juramento, pero es muy sencillo,  nos conectaban  directamente a un computador con un sistema que va a tu cerebro y este recibe toda la información directa que se encuentra almacenada en los disquete, imagina es igual que hacer una grabación pero en este caso es directamente en el cerebro, así  aprendes todo en muy poco tiempo, sin el riesgo de olvidarte, yo creo que es lo único bueno que tiene el Instituto.
           Depende, de lo que consideres tú, bueno, porque para mí este sistema es bueno, gracias a estos cuerpos y el guardar cerebros  yo he podido volverte a la vida y estar contigo, una vez recuperado podré ver a mi hermana.
           No tengo inconvenientes que te veas con mis padres pero ellos no saben nada de esto y no me gustaría complicarles la vida, pero igual podrás  compartir con ellos, dando otro nombre, además tu físico ya no existe.
           Sí, así es ¿Quién me va a reconocer con este nuevo cuerpo?
           El jefe, El Gran Leo  dijo que te harías  cargo de la correspondencia y  trámites  bancarios, por  ahora es mejor que le hagas caso para que no nos sorprenda,  más  adelante veremos que haremos, mañana le pediré  me permita enseñarte el correo y  los bancos, como también enseñarte a manejar,  no olvides que lo único que recuerdas es el nombre de Juan Carlos Labbé. El jefe  debe creer que te conecté a una máquina que te hace olvidar todo tu pasado, cuando estés con el hazte el idiota no lo olvides.
           No Andrés  no lo olvidaré, estoy emocionado de verte un médico excepcional me haz vuelto a la vida.
           El Periodista aceptó la idea de hacer el papel  de júnior, en ese momento no tenía otra salida, poco a poco tendrían que pensar que hacer, Andrés  llevó a su tío al banco y a la oficina de correos, aprovechando la oportunidad para invitarlo a su casa y así viera a su hermana y su cuñado, los padres de Andrés, para el Periodista fue emocionante volver a verlos, su sobrino lo había puesto al corriente  de todo incluyendo los años que había  pasado en un recipiente sumergido en químicos para su conservación, que Andrés estaba al tanto que el Gran Leo se trasplantaba cada  cuarenta o cincuenta años en cuerpos jóvenes, por  lo tanto este hombre había vivido como ciento cincuenta años, que era un sabio en la medicina, no nos cabe ninguna duda, pero esto. ¿Era  bueno  o era malo? El  mismo periodista ahora  no sabía que pensar, sin este sistema el no habría vuelto a la vida, la vida que los mismos integrantes de la clínica Dulce Vida le habían  privado.


ENCUENTRO  DE   FAMILIA

           Los padres de Andrés  en ningún momento sospecharon que la visita era nada menos que su propio hermano,  al contrario del Periodista, estaba emocionado sintiendo el deseo de abrazarlos y decirles yo soy Marcos Yáñez Leal. El haber compartido con su familia fue muy grato y emocionante.
           De regreso  en la clínica se presentó  a la secretaria para que dispusiera  de sus servicios en el papel de júnior, fuera de eso pidió hacerse cargo de la oficina del doctor Andrés solicitud que le fue concedida, así tendrían tiempo de planificar lo que harían a futuro.
           Me gustaría conocer la colonia manifestó un día Marcos a Andrés.
  A veces se envían documentos a la colonia,  pero con calma, busca en el escritorio algunos documentos destinados a la Colonia y dile a la secretaria que más debes hacer. Mañana  te llevaré a practicar en mi auto si te acuerdas de manejar.
           Estoy  seguro que sigo siendo un perfecto chofer, practicaron toda la tarde,  seguros que podrían tomar el volante en cualquier momento el mismo médico le pidió a la secretaria que estaba en condiciones de manejar además que le diera una tarjeta para la entrada de la Colonia por si necesitaba ir a dejar algún documento...   El trámite para conseguir la licencia fue un tanto engorroso por los papeles que tenían que tener, no era posible seguir con los nombres que les correspondía, pero sólo le cambiaron algunas letras, y todo quedó bien.
           En  los días siguientes el Gran Leo viajó fuera del País por sus negocios, fue esta la ocasión  para que Andrés  quedando  a cargo de la Clínica le pidiera a los ingenieros otro cuerpo, lo empezó  a preparar,  la idea  era volver al joven accidentado a la vida, o sea el verdadero Juan Carlos Labbé.
           El médico o sea Andrés  empezó a trabajar solo en las noches con la ayuda de su tío que lo acompañaba en todo, solo necesitaba una semana para poder sacar adelante a este joven, trabajando intensamente. Una vez que los ingenieros le entregaron el cuerpo extrajo el cerebro del recipiente, el que por su propia manipulación tenía el nombre de su tío Marcos. Empezó a efectuar  la operación dedicándole toda la noche, al llegar el día suspendió su tarea dejando el laboratorio con llave, esperando  que la operación  haya sido un éxito, no tenía ninguna duda porque ya contaba con experiencia,  su trabajo era arduo  hasta sacarlo adelante.
           El periodista le ayudaba, cuando el paciente estuvo en condiciones de aprender a andar. El jefe se había ausentado por diez días,  habían transcurrido nueve, recién su paciente empezaba a dar los primeros pasos,   en una pieza donde permanecía  con llave para que el resto del personal no  se percatara de lo que estaba haciendo.     Con la ayuda del Periodista  lo sacaron a media noche llevándolo a un departamento que alquiló, allí  pudo dedicarle parte de su tiempo, hasta que ya empezó a hablar, una vez recuperado le explicó lo que había  pasado,  le pidió que tenía que comprender que para sus padres el había muerto pero igual tendría la oportunidad de verlos e incluso compartir con ellos sin decirles el secreto.
           El joven Juan Carlos Labbé  comprendió  todo lo que le confesó  el médico, de todas formas fue muy feliz por haber  vuelto a la vida con un cuerpo tan perfecto y bello, estaba agradecido.
  Una vez que el Periodista empezó a vivir su propia  vida, se le hizo difícil por estar más  de diez años  ausente, habían  cambiado muchas cosas, lo primero que hizo fue hablar con doña  Juana Muñoz, se extrañó  al verla tan anciana y ya resignada que su hijo no fuera su hijo, también  pensó en la Sra. Berta. Para saber de ella tendría que indagarse al respecto.
           Se estaba acostumbrando a vivir en la Clínica  constantemente divisaba a la señora Juana Muñoz como se desplazaba por los pasillos su pelo totalmente canoso, pero siempre  muy nostálgica, a veces en el jardín sentada a solas leyendo alguna revista o contemplando una flor.
           Entonces el periodista pensó algo, corrió hasta Andrés que estaba en su oficina, llegó  casi cansado, Andrés ¿crees tú que el cerebro del hijo de la señora Juana Muñoz lo tengan abajo en el subterráneo?
           ¿Por qué?  -Porque ella jamás  se ha conformado por la perdida de su hijo, sería  tan feliz si se lo pudieras devolver a la vida, tiene el nombre del gran Jefe o sea el Gran Leo tomó su nombre y su cuerpo.
           Sí, tío eso lo sé, el Gran Leo se transplantó  en el cuerpo del hijo de la señora Juana Muñoz  y el Gran Leo es nada menos el Doctor Leopoldo Speack el médico carnicero. ¡Está clarísimo! Se miraron y se rieron. ¿Vamos al subterráneo? Una vez allí  empezaron a leer los recipientes uno por uno hasta  encontrar lo que buscaban, si aquí está, o sea que tendríamos que hacer otra operación, ya no alcanzamos,  mañana llega el Gran Leo.  En ese momento no podrían hacer nada pero en la primera oportunidad le  devolverían la vida al hijo de la señora Juana Muñoz.

EN   EL   AEROPUERO

           Se prepararon  para ir al aeropuerto a esperar al Jefe, la limosina la manejaba Juan Carlos, o sea el Periodista Marcos Yáñez Leal. Esperaron  largo rato hasta que en un momento algunas personas corrían de un lado a otro, entonces Andrés preguntó  en informaciones, porque el avión no llegaba si debiera de haber llegado ya, la  secretaria de informaciones lo miró  respondiendo
           ¡Se perdió  todo contacto con el avión! Regresaron a la limosina en silencio, no sabían que decir, después de un largo rato, sin tener noticias del avión, decidió  abandonar el aeropuerto.  Para regresar  a la clínica, donde se quedó el Periodista  y Andrés  volvió al departamento para ayudar a Juan Carlos Labbé que se estaba reponiendo de su operación, ya entendía  todo, caminaba estaba casi en perfectas condiciones,  con todas la operaciones que había hecho Andrés consideraba que este sistema era bueno, le daba la oportunidad de vivir por más tiempo sin perjudicar a nadie.
           Al día siguiente los diarios publicaron la noticia, y todos los medios de comunicación comentaban el accidente del avión  desaparecido, dando  además la lista de los pasajeros, entre estos los nombres de los cuatro médicos y el de Alberto Muñoz Muñoz, hijo de Juana Muñoz, para Andrés el gran Leo. Para ser más exacto Leopoldo Speack, sin olvidar que Alberto Muñoz ante la ley era el hijo adoptivo de Martín Martínez  Albornoz.
           Andrés  se reunió con el colega que se había  quedado en la Clínica tan joven como él, había sacado la carrera de medicina dos años antes habiéndolo conocido en la Escuela de medicina.
  No sabía  que pensaba de todo este sistema tenía miedo de tocar el tema, al  mostrarle el diario se rió a carcajadas, se trasplantó no sé cuántas veces y muere en un accidente aéreo y mueren los otros también ja ja ja ja.
           Quedamos  nosotros dos le respondió, Andrés.
           Nosotros no haremos trasplantes robando cuerpos jóvenes, contestó el médico.
           No, lógico que no, tenemos que hacer los funerales,  aunque sea un funeral simbólico sin los cuerpos.
           Total no eran de ellos, sino robados a personas jóvenes engañando a la humanidad.
           Pero aún no era seguro el avión sólo estaba desaparecido, podría haber hecho un aterrizaje de emergencia. Los medios de comunicación siguieron dando la noticia del avión desaparecido pese a todos los esfuerzos por encontrarlo 
           Comunicaron  a las enfermeras y a todo el personal, Juan  Carlos el Periodista o mejor dicho Marcos Yáñez Leal, fue en una de las limosinas a la Colonia Dulce Vida  para avisar a toda la población de la muerte del Gran Leo.  Al día siguiente los diarios comunicaron en primera página  la muerte del millonario heredero adoptivo también hacían mención   de su madre que vivía  en La Clínica por ser una persona con perturbación mental. Con estas noticias ya no había nada que hacer, era un hecho el Gran Leo había muerto.
           Al funeral  acudió toda la población de la Colonia Dulce Vida. Empleados de distintas empresa, Andrés y el Periodista Marcos Yáñez Leal observaban a la gran cantidad  de personas con cuerpos hermosos, que  parecían maniquí, no lloraban, sólo caminaban en el cortejo, a  Andrés le correspondió organizar el funeral con la ayuda del médico y la enfermera jefa.
           El periodista contempló el paso de todas las personas, que acudían a sus vehículos, para seguir el cortejo simbólico  porque los cuerpos no aparecían, cuando llegaron al cementerio pudo ver al esposo de la señora Berta, en compañía  de una joven y hermosa mujer, no le cabía  ninguna duda que era don Erasmo ese joven que vio en el edificio de Dulce Vida y se hizo pasar por sobrino de doña Berta. Después de muchos discursos en el campo santo regresó con Andrés comentándole que había visto a don Erasmo uno de los personajes que había investigado tiempo atrás, lo que le llamó más la atención fue su compañera.
           Sí, es su esposa no quería la transformación pero la retiraron del hospital donde se había refugiado, la inyectaron y la transformaron en una joven hermosa, igual que a su esposo  con la diferencia que el lo hizo por su propia voluntad, es lo que me comentó la enfermera jefa hace algún tiempo atrás. Él, don Erasmo  es muy feliz con su cuerpo joven, un miembro más  de la colonia Dulce Vida. Eso es lo que comentan todos los que llevan más tiempo aquí, llegaron mucho antes que yo, especialmente la enfermera jefa.
         -Sí,  es también muy bonita la enfermera jefe ¿Es mayor que tú?
           -El que sea mayor que yo no tiene ninguna importancia, no puedo negar que me gusta, la admiro mucho.
           Ya me había  dado cuenta respondió marcos, guardando silencio, él no podía pensar en una mujer, no era de carne y hueso.
           Yo sé que estás pensando, dicen que en la Colonia son muy felices se aman sólo  con el pensamiento, te buscaré una compañera tío.
           Siempre  que no se te ocurra ponerle un cerebro de gata. Ambos se rieron.
           Después del funeral, el Doctor Andrés  Apablaza Núñez se reunió en su oficina con su colega el otro médico Joaquín  Pérez y además   con el periodista Marcos Yáñez Leal, quién  respondía al nombre de Juan Carlos Labbé el  accidentado, pero como Andrés  Cambió los cerebros el que volvió a la vida en ese cuerpo de Adonis era nada menos que su tío Marcos, aunque  también  había  vuelto a la vida en otro cuerpo ortopédico  al  verdadero Juan Carlos Labbé en ese momento lo tenía en su departamento recuperándose después de la operación.
           Confesó a su colega la verdadera identidad de Juan Carlos Labbé o sea de Marcos el Periodista, consciente que el tampoco estaba de acuerdo en muchas cosas que se hacían en la Clínica, tenían  que tomar decisiones que harían ahora, si el avión donde viajaba el Gran Leo había desaparecido seguramente el cerebro de Alberto Muñoz Muñoz  estaba  en el subterráneo en un recipiente de vidrio con químicos para su conservación.
           El Gran Leo,  no se había casado por lo tanto no había dejado herederos con su último trasplante ¿Quién lo va a heredar?
   Marcos el Periodista en su cuerpo ortopédico manifestó.
  Ante  la ley el es hijo de la señora Juana Muñoz y ella está aquí en la Clínica.
           Los dos médicos  relacionaron el parentesco directo, ¡eso es verdad!  Los tres se abrazaron con alegría. Andrés decidió  buscar el cerebro del verdadero Alberto Muñoz, para traerlo a la vida y después hablarían  con la señora Juana Muñoz.
           El médico jefe fue hasta el subterráneo y Marcos  a visitar a la señora Juana, tratando de explicarle los experimentos que se hacían en la Clínica y ella pudiera comprender, como también poder decirle que el era un amigo y que el impostor refiriéndose al Gran Leo había desaparecido en un accidente aéreo.
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           Después  de hurgar en el subterráneo frasco por frasco, logró  encontrar uno con  su etiqueta A. M. M.  Sólo  tenía  tres letras,  tendría que arriesgarse,  no había  ningún  otro que pudiera considerar  además su presencia se veía  limpio y fresco,  diferente a los restantes que estaban sucios y arruinados,
           Andrés los  observó detenidamente preguntándose de quién serán todos estos cerebros movió la cabeza en un dejo de tristeza.
           Tomó  el frasco  con las tres iniciales sacándolo cuidadosamente de la vieja estantería  al dar la vuelta tropezó  con un paquete de diarios viejos que yacían en el piso aferrando su tesoro contra su pecho logró  estabilizarse sin caer y poner en peligro  el futuro ser,  una vez en su oficina dejando en un lugar seguro el frasco. Les pidió  a los ingenieros que le confeccionaran un cuerpo, aunque siempre tenían de reserva algunos para casos urgentes. Una  vez que recibieron el cuerpo ortopédico, empezaron a operar en la misma noche.
           La experiencia  de Andrés le dio seguridad y serenidad en llevar a cabo la operación.
           Andrés, Joaquín y Marcos, estaban almorzando en uno de los comedores de la Clínica, cuando Andrés se sorprendió al ver entrar a una persona idéntica a su tío, cuando el era un niño y había desaparecido,  pero la sorpresa fue aún mayor para Marcos, al verse  así  mismo que venía entrando al comedor, después  de observarlo Andrés se dio cuenta que era el médico que estaba a cargo de la clínica  de Los Ángeles, el mismo que estuvo presente en una de sus operaciones y que le sorprendió  la mirada, pero por la mascarilla no pudo  verlo, como regresó inmediatamente a Los Ángeles  no se percató  del parecido con el cuerpo de su tío, disimulando su sorpresa, lo saludaron invitándolo a compartir la mesa,  y lamentando la desaparición del Gran Leo.
           La visita del médico los intranquilizó, pero disimularon, cada uno de ellos pensó  que hacer con este personaje, que  era tan amigo del Gran Leo y que se transplantaba en cuerpos jóvenes al igual que el desaparecido.
           El recién llegado hizo varias  preguntas, que respondieron inteligentemente, Andrés  se preocupó  por la señora Juana Muñoz ya que en ese momento la heredera legal de todo era ella.
           Después de designarle la habitación al visitante, tomó las precauciones para que todo estuviera bien, incluso el paciente que tenían en el quirófano que se trababa de Alberto Muñoz Muñoz el verdadero,  aunque el cuerpo había desaparecido en el vuelo.




UN  ACESINO

Al venir el día cuando aún todos dormían  una sombra se deslizó por los pasillos dirigiéndose a la habitación  del médico visitante, con un cuchillo en la mano que anteriormente había  extraído de la cocina  en un descuido de la cocinera, se abalanzó sobre el cuerpo del Profesional.       
 Este gritó y el agresor salió  rápidamente  perdiéndose por los pasillos. La enfermera de turno corrió  hasta la habitación de donde venía el grito, la alarma de urgencia fue escuchada en toda  La Clínica.
 La victima  fue llevada al quirófano en un charco de sangre. Andrés y su colega Joaquín operaron con urgencia la herida que casi le costó la vida al visitante.        No tardaron en descubrir que una paciente con diagnostico  de esquizofrenia había atacado al médico, siendo esta mujer trasladada  a una pieza especial para estos casos, con rejas metálicas y cerrada con llave.
           El Periodista cuando supo lo del accidente,  se impacientó porque no deseaba que ese hombre que vivía en su cuerpo muriera, eso habría sido como si una parte de el también muriera pese a la sorpresa de ver su cuerpo en otro ser le agradaba verse así mismo. No quería  que ese hombre se muriera, el paciente  poco a poco se fue recuperando y cuando ya estuvo fuera de peligro Marcos, Andrés y Joaquín trataron seriamente el tema con el médico jefe de la Clínica de Los ángeles, que había sido agredido por una enferma  esquizofrenia, la temática tratada fue el fin a los transplantes, con otros seres, solamente los casos urgentes siempre que fueran ortopédicos. El médico  agredido aceptó lo que habían acordado sus colegas, además impresionado por la muerte de sus iguales especialmente del gran Leo, no tenía otra alternativa que aceptar lo acordado. Una vez recuperado regreso al lugar de origen. 







LA   OPERACIÓN

           Preocupados por no estar seguros  que se trataba  de Alberto Muñoz hijo de la Sra. Juana, sólo tenía las iniciales, arriesgándose a una equivocación  trabajaron intensamente hasta que el pacient4e logró  hablar,  lo primero que repreguntaron  en sus primeras comunicaciones  fue el nombre, en  palabras cortadas respondió  Alberto,  Andrés dio un grito de júbilo fue tanta su alegría que le besó la frente.
           Después  de un mes la operación de Alberto Muñoz  había  salido excelente,  estaba caminando, con la ayuda de Marcos que le comunicó todos los acontecimientos ocurridos.
           Cuando definitivamente volvió a la vida estando totalmente consciente, sus  primeros pensamientos con el máximo de cordura fue recordar a su madre, preguntó.
            ¡Marcos, Por favor dime! ¿Qué ha sido de mi madre, Juana Muñoz?
           Maracos se sonrió, respondiéndole al instante. -Tranquilo, tranquilo, Ella  está  bien en la Clínica, muy bien atendida y resignada de haberte perdido jamás aceptó al Gran Leo como su hijo, Ella siempre lo supo tenía todo lo físico tuyo pero no eras tú.
           Deseaba tanto correr hasta Ella y abrazarla  besarla, decirle mamá, con el corazón, con ese amor de hijo que sólo el conocía, pero  debió esperar.
Totalmente recuperado en todo sentido su voz, sus movimientos sus pensamientos ordenados, le trajeron ropa adecuada, frente al espejo se miró extrañado viéndose totalmente diferente más hermoso y sus facciones perfectas. Marcos que en realidad era un Adonis se colocó  a su lado y en un suspiro exclamó.  ¡Somos hermosos!  Bajaron  del departamento en donde había guardado reposo para su restablecimiento. Al encontrarse en la calle, Alberto  vio todo diferente no habían  pasado en vano los diez años que se mantuvo en un frasco, subieron a la limosina, para dirigirse a la Clínica, Alberto estaba nervioso muy inquieto entró  a uno de los salones en compañía  de Marcos,  al instante vino Andrés a recibirlos, una de las enfermeras fue a  preparar a su madre para recibir a su verdadero hijo,  ya en conversaciones se sabía  que pasaría por un amigo de Alberto Muñoz, no podían decirle q la anciana que se trababa de su único descendiente en un cuerpo ortopédico.
           Cuando la enfermera volvió del cuarto de la anciana Andrés acompañó   a Alberto hasta su madre. Este  se detuvo en la puerta de la sala observando minuciosamente todo el cuarto y al medio en una cómoda cama recostada esa gran mujer, con su pelo  totalmente blanco y una mirada triste,  no pudo contenerse avanzó hasta ella abrazándola con cariño y mucha emoción, entonces la anciana preguntó.
  ¿Por qué me abraza?
           Yo soy un amigo de su hijo, le respondió, el recién llegado.
           Doña Juana se emocionó con la visita del amigo de su hijo, que en realidad era su propio hijo. Posteriormente llevaron a la Sra. Juana Muñoz a la Notaría para hacerse cargo de la herencia legalmente, allí firmó papeles, y más papeles, ya que la herencia era extraordinariamente inmensa, una vez que toda la documentación estuvo en regla, le aconsejaron que adoptara al amigo de su hijo, diciéndole que este joven no tenía familia, además ese fuerte lazo de amistad y cariño que los unía favorecía  mucho una diligencia de adopción.
           La anciana  era muy feliz con este hijo adoptivo sin saber que en realidad era su propio hijo en un cuerpo ortopédico, no se lo podían decir porque ella no iba a comprender nada,  como igualmente el verdadero Juan Carlos, o sea el accidentado, se hizo amigo de sus padres e iba  a visitarlos frecuentemente en compañía del médico Andrés Apablaza,  o también con el periodista, o a veces iba solo.
  Marcos Yáñez el Periodista, siguió  viviendo en la clínica como también  Juan Carlos y Alberto Muñoz con mayor razón este último ya que legalmente era el heredero de la Sra. Juana Muñoz.
           Con Juan Carlos  a  la cabeza de la administración  de la Clínica cambió todo el sistema y no se volvieron hacer transplantes de cuerpos completos. La señora Berta y Don Erasmo siguieron en la Colonia y fueron muy felices. Marcos en compañía  de Juan Carlos iba de vez en cuando   a verlos a la Colonia  compartían con ellos y también con el resto de las personas  que habitaban allí Juan Carlos  ya había hecho muy buenas amistades con algunas damas que amaban la poesía.
           Marcos no olvidó a su amigo médico Fernando  que lo había ayudado en un principio para entrevistar a doña Berta como también a doña Juana, decidió buscarlo, se dirigió al hospital donde estaba haciendo la practica, pero allí no sabían nada de el. Como su fuerte era la investigación, se indagó hasta que logró encontrarlo convertido en un médico famoso, no sabía si ir a su encuentro y contarle todo lo sucedido, sintió nostalgia, pero prefirió quedarse en el anonimato, y recordar a ese gran amigo. Aún así se encaminó hasta su consulta. Tuvo la dicha de observarlo desde lejos, convertido en un hombre de éxito, con su pelo canoso, subió a su auto  y se perdió por las calles del centro de la ciudad. Marcos regresó a su mundo lleno de esperanzas.

FUEGO     DE    AMOR

La  mañana era hermosa, los jardines de la clínica Dulce Vida parecían renacer  con la brisa tibia y pura con olor a néctar y polen maduro, Andrés decidió  tomar su desayuno en la terraza contemplando las plantas floridas y el cantar de algún  pajarillo, solo sumido en sus meditaciones se sobresaltó cuando la enfermera Jefa  llegó hasta el lugar, Andrés se sonrío pidiéndole  lo acompañara, Zulema traía un vestido primaveral escotado, un suave  perfume que invadió el ambiente, El médico se había acostumbrado a verla con mascarillas en el quirófano y los atavíos  correspondientes, tenía  frente a El una mujer la miró sorprendido bajando la vista hasta ese prov9ocado escote. Entones  el joven profesional se levantó  de su asiento para ofrecerle la silla a su colega enfermera, recién reparó en su cintura y un moldeado trasero.
 Ella se sentó para disfrutar el té de la mañana que le sirvió  una empleada este encuentro casual para Andrés fue sorprendente aumentando su optimismo, sin pensar mayormente muy espontáneo exclamo.
           ¡Te invito a salir!
           Zulema  que en ese momento tenía una galleta en la mano y la tasa de té en la otra, se quedó  atónita.
           ¿Adónde?  Preguntó.
           A cualquier parte.
           -Estoy  de turno-
           Que te reemplacen, yo doy la orden, no olvides que soy el médico jefe de la Clínica, ambos se sonrieron.
           Zulema miró a Andrés detenidamente había trabajado tantas veces con el en tantas operaciones sabía que era un médico excepcional siempre le dio más  importancia  a su profesionalismo. Observó sus ojos pardos, una sonrisa dulce y franca su pelo castaño y  sus manos blancas y livianas, especial para la cirugía, siempre lo vio como un profesional, lo sentía como un niño recién  recibido y ella años trabajando con el Gran Leo su vida entera dedicada a la Clínica y a los pacientes. No, jamás pensó en ella misma, la medicina la llenaba, la hacía  soñar, era su razón de existir pero ahora allí frente al médico más destacado.
           Llamaron a una enfermera para que se hiciera cargo del turno de Zulema.
           Subieron  a la limosina antes Andrés le abrió  la puerta ayudándola   a acomodarse en el asiento,  aceleró para detenerse frente a un Quiosco de revistas,  compró una revista de modas,  se fue a otro quiosco adquiriendo un ramo de rosas entregándoselo  a Zulema.
           Me  falta el chocolate, le dijo.
           Zulema estaba emocionada, sí  muy emocionada.
           Se detuvo nuevamente  ahora en una bombonería comprando una caja de bombones muy grande.
           Doctor, Ud. Me confunde exclamó Zulema.
           La limosina se deslizaba por un camino de tierra en las afueras de la ciudad.     ¿Adonde, vamos?
           A  la  Colonia, supongo  que conoces la Colonia.
           No, nunca vine a la Colonia.
         Ahora  la conocerás,  es hermosa pero lo más  hermoso de la Colonia para mí es la playa, bajo el acantilado.
           El portón se abrió con el control remoto,  un portero les hizo una diplomática venia y la limosina se perdió por un camino de granicillo rodeado  de jardines y figuras de yeso. Bajaron del vehículo y empezaron a descender por el angosto y difícil camino del acantilado. Andrés  tomaba a Zulema ya sea de la mano o de la cintura quedando sus cuerpos muy juntos, una vez en la playa caminaron descalzos escuchado el ruido de las olas, contemplando el fuerte  oleaje, sin darse cuenta llegaron hasta unas cuevas con olor a fresco roseadas  con agua de mar, allí  solos Andrés la tomó por la cintura acercándose a ella,  Zulema  lo abrazó, sus cuerpos  tan juntos respiraban profundo poco a poco fueron cayendo para quedar uno sobre el otro sin dejar de besarse vértigo de amo de locura. Zulema  estaba desesperada, lo abrazaba lo mordía  acariciaba su pelo, nuca había vivido un momento así no le importaba que fuera veinte años menos que ella, todo su fuego retenido por años quería entregarse a ese hombre que habiendo trabajado tanto tiempo junto a ella recién  venía a descubrir a la mujer esa mujer que por su profesión se había olvidado que era mujer se sentía  como un volcán en erupción, no, no podía  detenerse tocó a Andrés  con una de sus manos por debajo del pantalón  se desabrochó el cinturón que poco a poco Zulema lo fue corriendo junto con el slepe a la vez Andrés recorría  los muslos de Ella, bajándole los coralé muslos de cuarenta y tanto, de fuego que quema, fuego que embriaga, fuego que te abraza, en una llama de amor de deseo de locura, bésame amor mío besase me oía en un susurro, sus cuerpos oscilando uno sobre el otro. Bastó  un instante solo un instante para darse cuenta que estaban, en una hoguera y no la habían encendido allí envueltos en esa llama de amor sintiéndose uno junto al otro en uno sólo.
           El doctor Andrés muy enamorado de la enfermera Jefa  con quién contrajo matrimonio, pero antes debió, o mejor dicho ya había comprobado que realmente era de carne y hueso y por cierto que lo era, de eso estaba muy seguro.
           Todo normal, el médico que se fue a Los Ángeles el colega de Andrés o sea Joaquín se hizo cargo de la Clínica de Los Ángeles dejando como sub jefe Al transplantado. Les envió una tarjeta contándoles que había sido papá de una linda niña.
           Doña Juana volvió a ser feliz con el que ella suponía era su hijo adoptivo, Andrés  y marcos que hicieron los trámites la aconsejaron que le diera el mismo nombre o sea Alberto esto la hacía aún más feliz, ella se decía que milagros, tiene la vida si cuando veo a este hijo adoptivo me parece estar viendo a mi hijo. Su felicidad era inmensa.

EL    INCENDIO

           Una noche  sonó  la alarma de incendio todos corrieron rápidamente llegaron los bomberos Andrés y  marcos tomaron el protector de incendios bajaron hasta el subterráneo de donde venía  el humo todo estaba ardiendo con tres grandes chorros de agua pudieron opacar las llamas un corto circuito había  el siniestro, Andrés, Marcos, Alberto y Juan Carlos que en su vida anterior estudiaba ingeniería en administración en una Universidad, encargado de la Administración de la Clínica. Constataron los daños provocados, los muros quedaron deteriorados  y vidrios quebrados  por todas partes, el aire era maloliente con los químicos las llamas se habían propagado con más fuerzas.
            Los bomberos se miraron, sintiendo el olor a muerte los diarios, los cerebros, apuntes secretos piezas de cuerpos ortopédicos  y materiales de lo mismo y todo lo que se guardaba allí en el subterráneo había sucumbido.
           Días después una cuadrilla de maestros hicieron las reparaciones dejando espacios para bodegas con excelente presentación, de lo anterior no quedó nada.


ALGUNOS   RESTOS

         Habían pasado seis meses  los diarios dieron la noticia de una avión cuyos restos habían sido encontrados en una Isla con cuerpos calcinados nuevamente debieron hacerse cargo y  darles sepultura, la investigación siguió  buscando cinco cuerpos que habían faltado,  pero igualmente  encontraron restos dispersos que corresponderían a los cinco cuerpos que no aparecieron en su totalidad,  difícil  fue identificarlos todos estaban calcinados.



AMOR    MATERNAL

           Después del engorroso trámite los amigos, compartiendo en la clínica y en la Colonia Dulce Vida.  Marcos mantuvo una hermosa amistad con Vilma Bunster,  se amaron mucho sólo con el pensamiento no podemos decir con el corazón pero ellos se amaron y fueron felices Alberto fue muy feliz a cargo de la contabilidad de todos los bienes de Dulce Vida,  como contador Auditor y gran conocedor de todas las empresas que antes ya había  administrado y conocía cada rincón de Dulce Vida, además el cuidar de su madre  era lo más hermoso que podía tener.
                     Que feliz me siento de estar a tu lado madre mía, se decía en silencio, cada vez que estaba a su lado. No sólo la amaba el la idolatraba, su felicidad era inmensa haber vuelto a la vida, y compartirla con ese ser tan especial, su madre. Desde niño había guardado unos versos que siempre los mantuvo en su mente.

                     MADRE

Madre, que llevas ese hijo en tus entrañas
Hijo del pecado y del amor
No te avergüences de ese hijo
Que más tarde te alentará en tu dolor
Ni le odies ni le mates
Dadle el amor que a ti tu madre dio.
No hagas caso a la envidia de la gente
Por lo divino que en ti se engendró

           La anciana  llenó el vació que le provocaron los sufrimientos por la ausencia de su hijo.
           Te siento como mi verdadero hijo manifestaba a cada instante la anciana, se abrazaron con ternura madre e hijo.

   






CONTEMPLANDO   UN   PARAISO

           Cuando todo estaba en calma habiendo superado  los problemas,  Marcos resignado y totalmente adaptado a su hermoso cuerpo ortopédico se dirigió a la Colonia, caminando entre jardines pidió a un guardia ver a Bilma, Ella salió al instante a recibirlo.
           Que bueno, que hayas venido, manifestó demostrando  una gran alegría.
           Mirándome a los ojos, me dijo:
           Quiero mostrarte este paraíso de la Dulce Vida.
           Al instante sentí como si hubiera recibido un rayo de luz, o una gran energía que estremeció mi cuerpo, llenando todo mi ser de algo maravilloso, instintivamente la tomé de la mano, Ella levantó el otro brazo  y con su mano indicó, hacia allá manifestó.
           Caminamos en dirección  al mar, dejando atrás extensos jardines con una gran variedad de hermosas flores, fuentes de aguas y figuras talladas en cobre, como también caprichosas figuras en yeso.
           Las olas azotaban en las rocas haciendo un ruido constante. Bilma me llevó  por una bajada del acantilado difícil  de transitar, siendo un camino muy angosto, llegamos junto a unas rocas muy cerca de la playa. Ella se veía feliz contemplando el mar.
           Mira, me decía mira, uno se puede imaginar tantas cosas en ese constante jugueteo de las olas que podríamos estar aquí eternamente sin cansarnos de contemplar esta belleza.
  La voz de Bilma me fue sumergiendo poco a poco en una gran dicha,  tanto es así que sentí mi cuerpo completo, sentí su calor, ese calor que agitaba mi alma, sentí que realmente yo existía  y no estaba solo, junto a mí, una mujer, una mujer hermosa, sus  sentimientos tan especiales, su mirada emanaba, pureza sinceridad, y  un profundo amor,  allí estábamos  formando parte de la naturaleza, contemplando el cielo tan celeste como el brillo de su mirada.
           Una  que otra nube viajando por el firmamento y  la luna apenas visible como si se hubiera escapado de la noche.
  Nos quedamos hasta que aparecieron las primeras estrellas,  Entonces Bilma me contó  su tragedia cuando perdió a sus padres. Luego me dijo.
           Jamás  pensé que sería tan feliz viviendo aquí en la Colonia, una vida sana sin odios, ni envidia, todos tenemos solo amor,  y compartimos todos nuestros bienes, yo le agradezco al Gran Leo el  haberme permitido seguir viviendo, me siento tan feliz de poder contemplar todo lo que me rodea, esta hermosa naturaleza.
           Las confesiones de Bilma me llevaron a un estado de éxtasis la miré a esos ojos azules como el firmamento, o como el fondo del mar y en ese momento en ese enlace de nuestras miradas, sentí  un orgasmo infinito, cerré los ojos, quedándome junto a Bilma muy junto a ella, con esa mirada tan especial fue como si algo de esa mujer única, hubiera penetrado en mí, al abrir mis ojos sumergiéndome nuevamente en los de mi compañera en forma espontánea exclamé ¡Te amo! ¡Bilma te amo! Y su voz rebotó  en mis oídos como una canción de ángel.
 ¡Yo también te amo! Miramos el mar ese inmenso mar, que incansablemente azotaba las rocas, furia de amor insatisfecho, como la sádica huasca tratando de penetrar en esa dura roca inquebrantable,  tan fría como un témpano y tan dura como ella misma y  ese mar mugiendo sobre ella sin poder poseerla, aguas frías o calientes condenadas solo a deslizarse sobre las rocas, sin poder penetrar hasta el fondo de su existencia.
 Una gaviota, se posó en unas raíces que colgaban del acantilado testigo mudo de nuestro amor.
           Y entonces allá muy lejos en el firmamento una estrella apareció, era  la primera al irse la tarde,  se va un día  junto con su tarde pero llegas tú con toda esta belleza que nos rodea.
           Como  el Gran Leo  ya no existe algún día tendremos que morir,  cuando ese día llegue, nosotros lo aceptaremos porque  hemos conocido el amor, este amor que sólo tú y yo nos hemos dedicado.
           Marcos y Bilma,  caminaron muchas veces por los jardines de Dulce Vida, contemplando el mar, el cielo, sintiéndose uno prendado del otro, besándose a cada instante con la mirada con el pensamiento,  queriéndose así como sólo ellos lo saben, amándose  aún después de su propia muerte, el destino les había permitido volver a la vida y poder contemplar todas las cosas bellas que los rodeaban y  sentir también todas las sensaciones que les producía este gran amor.
           Los parlantes de la Colonia en ese momento estaban interpretando la Opera Carmen, por medio de los jardines corrieron jugando riendo amándose, con ese hermoso fondo de música.
           Desde una de las galerías Berta y Don Erasmo  contemplaban a la pareja del periodista y Bilma, jugueteando por  los inmensos patios y jardines, llenos de guirnaldas de luces, Erasmo miró  a Berta,  diciéndole  nosotros también somos jóvenes, vamos Berta, vamos, se escuchó la voz de Erasmo entre las sonrisas de los enamorados que corrían de un lado a otro. La  población de la Colonia se sintió  feliz por el nuevo amor que había nacido,  de Marcos y Bilma.
            Todos se regocijaron de ese panorama tan hermoso, el amor flotando en cada rincón de la Colonia,  como un manto tejido por el aire que los cobija en el ceno de su existencia.


FIN.

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